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sábado, 10 de febrero de 2018

Invierno

Poco a poco, su conciencia comienza a abandonar la nebulosa del sueño y sus ojos entrecerrados empiezan a percibir la habitación en penumbra que le rodea. No hay un sólo ruido que rompa la paz que se respira, sólo los intermitentes crujidos de las paredes de madera al contraerse por el frío exterior. Su cálido refugio bajo las mantas muestra un contraste radical con el entorno que le espera fuera de ellas, y nadie quiere salir a ese gélido infierno cuando la cama se muestra más benevolente y mantenerse ahí dentro hace que cualquier tribulación no parezca (tan) real.
Las brasas de la chimenea que calentaban el pequeño habitáculo se apagaron hace varias horas, pasando de ser refulgentes bloques de madera incandescente que emanaban energía, a negras rocas, frías e inertes. Se atreve, por un segundo, a sacar su pie de la protección que le proporcionan las sabanas, pero lo devuelve a aquel cálido interior, después de que el aire gélido ataque cada centímetro de su piel con pequeños puñales de hielo, proporcionándole la excusa perfecta para remolonear un poco más. "5 minutos más"
Haciendo un esfuerzo que le parece sobrehumano, consigue incorporarse y sentarse en el lateral de la cama, al tiempo que se frota sus ojos, de un imperceptible verde en aquella oscuridad. Le pesa el cuerpo, el alma y el corazón, pero ya no queda más opción que ser valiente, que mirar al presente directamente a lo ojos y sonreír con desafío. Con esa sonrisa, sus pasos se dirigen a la ventana más cercana, donde abre los postigos y deja que la luz por fin se haga dueña y señora de la pequeña cabaña de madera y le regale una preciosa postal del bosque cubierto de nieve. 
Un escalofrío le recorre la espalda, recordándole que aún está en pijama y que la chimenea sigue apagada, así que rápidamente se dirige al armario y se viste con un pantalón viejo y un jersey de lana raído que ha utilizado más veces de las que consigue recordar. Con el frío que hace, decide ponérselos encima del pijama, lo cual le revuelve ligeramente el pelo. Bracea y se sopla las manos con fruición para ganar algo de temperatura, tras lo que se decide a encender la chimenea, que mira impertérrita desde la esquina de la escueta habitación. Si "la práctica hace al maestro", en lo referente a encender aquella chimenea, no le queda nada más que aprender. Al primer intento, la llama generada es vivaz y suficientemente intensa como para crecer y ser capaz de calentar aquella habitación y el alma de la persona afortunada que pueda gozar de su cálida caricia.
Con la satisfacción del trabajo bien hecho y notando como todo a su alrededor se va calentando, se dirige a la pequeña cocina donde con relajada parsimonia va preparando unos huevos revueltos, los cuales acompaña con un café que baña con su bendito olor todos los rincones de la cabaña y transporta su memoria en una décima de segundo a su niñez. Lo único que se le pasa por la cabeza cuando aspira ese cálido olor es "Estoy en casa".
La leña ya chisporrotea con alegría a su espalda, sus ojos se pierden a través de la ventana y disfrutan de la visión de los copos de nieve en su lento descenso, su paladar hace lo propio con los huevos que con maestría ha cocinado, sus extremidades se calientan al abrazo del fuego de la chimenea con ese calor del que sólo gozan los amantes que se encuentran y su nariz se deleita con el aroma que expele la taza que sujeta en sus manos. Sus cinco sentidos se ven recompensados en aquella fría mañana, y su corazón grita en un susurro que aquel momento no acabe nunca, que sea eterno. Lejos de preocupaciones, de deberes, de necesidades, de problemas, de insatisfacciones y de falsa y diluida felicidad que no es comparable a la que ahora puede percibir. Paz, paz a pesar de todo, paz para esperar con paciencia la llegada de la primavera.
Cierra los ojos e inspira profundamente, permitiéndose por un segundo ser consciente de su propia existencia, algo tremendamente complicado en la vorágine del día a día. Sólo un ligero sonido del exterior hace que abandone aquel estado de introspección. La nieve en el exterior cruje con delicadeza, apelmazándose bajo las negras pezuñas de un solitario zorro que rebusca con su hocico en los restos de comida que se han caído del barril donde el compost se descompone lentamente, preparándose para la próxima estación. El zorro roe con determinación los restos de medio membrillo mientras la puerta de la cabaña se abre en silencio. Desde el marco de la puerta y con la taza de café aún en sus manos, se dedica a observar al rojizo animal con la misma curiosidad con la que lo hubiese hecho en su infancia, al fin y al cabo, sólo la inocencia se marchó para no volver. 
La paz que envuelve todo es sobrecogedora y hace imposible evitar una sincera sonrisa, una de las que viste el alma. El zorro por fin se da por aludido y mira con precaución a la criatura que le observa desde la entrada de la cabaña. Es un espectáculo de la naturaleza. El pelaje del animal brilla rojo en contraste con la nieve a su alrededor, casi parece que esté en llamas, como si fuese una brasa de la chimenea que calienta el hogar. 
Da un último sorbo al café mientras goza de la visión que le proporciona aquel peculiar compañero y se maravilla al pensar que sólo les distancia un porcentaje mínimo de su ADN. "Tú y yo, estamos hechos de polvo de estrellas". El zorro, como si hubiese entendido este último pensamiento y visiblemente más relajado, hace un ligero movimiento de cabeza, coge lo que queda de un muslo de pollo y comienza a alejarse por el blanco escenario, como una alegre llama en retirada. Finalmente, una vez llega a la linde del bosque, se detiene, mira hacia atrás exhibiendo su ígneo pelaje y casi se le puede escuchar decir "Estás en casa".

Música:




lunes, 29 de agosto de 2016

A tu lado

Nos acercamos a hurtadillas con un pie en la puerta por si hay que huir. Evitamos cruzar nuestras miradas por temor al dulce veneno que emiten y dejamos que nuestras palabras se reencuentren. Sufrimos de una sobredosis de sonrisas que amenazan con hacernos estallar y nuestras fragancias confabulan para decirle a nuestro olfato que no hay mas hogar que los veinticinco metros cuadrados que nos rodean.
Ya no hay vuelta atrás, hemos cometido el error de perdernos cada uno en la pupila del otro y ya el veneno nos asalta y embriaga. 
El aliento se vuelve la única distancia tolerable en este pequeño mundo que hemos construido y el gemido la única música que queremos escuchar. Tu pecho es la patria a la que pertenezco y mi espalda es tu asidero en mitad de esta voragine. Nos acariciamos a mordiscos, con incontenida pasión, con incontrolable deseo. Arañamos nuestra vieja piel desvelando una nueva y mejor, una con la que estamos más cómodos, una que necesita del contacto con la del otro, una que se estremece cuando nos volvemos uno y nos suplica que no volvamos a ser la mitad de dos.
Nos alimentamos cada uno de la esencia del otro y por ello nos comemos a besos. Ese ciclo infinito nos va a matar de placer o de deshidratación, pero bendito sea ese ciclo.
Tus manos me arden en el alma y tus palabras me ligan a tu cuerpo. Mi sonrisa te detiene en el tiempo y mis ojos te seducen para mirar más alla de la felicidad soportable. 
No podemos negar que nos dejamos engañar, que por un lapso de tiempo nos hemos convertido en reyes del universo y ahora, yaciendo excitados y cansados, nos preguntamos como podremos vivir fuera de esta cama, más lejos que a tu lado.

domingo, 25 de enero de 2015

Destinos Amotinados

La entrada a la estación se adivina abarrotada, nada sorprendente siendo un domingo por la tarde y sabiendo que todo ese bullicio es porque miles de personas se disponen a coger el tren con destino a sus hogares después de un reconfortante fin de semana de asueto. Para mi no lo ha sido tanto, los últimos días han sido precipitados, estresantes y en cierta medida asfixiantes por la expectación y angustia que me provocaba esta tarde en la que voy caminando a tu lado de camino a la entrada de la estación.
Como se podía esperar, la hora y media previa, en la que nos hemos acurrucado al calor de una buena conversación, una cerveza y con nuestras miradas encontrándose a medio camino de nuestros pensamientos, ha transcurrido afable y ha derretido los carámbanos que se habían aposentado en el hilo que conectaba nuestro teléfono hecho con dos vasos de plástico. Pero ahora nuestros pasos se encaminan hacía a un andén en el que nos diremos adiós sin saber si nos volveremos a ver, donde sentiremos que nos hacemos sangre de tanto mordernos el labio.
Te miro de reojo y veo que el reflejo era recíproco, con lo que se me escapa una media sonrisa, a la que tus labios responden con una entera, como si intentasen enseñarme como se hace. "Estás preciosa" es lo que aparece en mi mente con una fuente demasiado grande, en negrita y subrayado, como para que yo pueda pensar en otra cosa, provocando que mi corazón se vengue contrayéndose y pateando mi estómago. Con todo perdido es cuando aparecen siempre las prisas y la valentía (¡¡¡vaya valentía de mierda!!!)  se persona en el lugar. Así, poco a poco, mi boca va dibujando palabras que el universo se encarga de difundir a tus oídos.
-Pues aunque no te lo creas, te voy a echar mucho de menos.
-Yo también te echaré mucho de menos -respondes y como si te dieses cuenta en ese mismo momento de lo pesadas que son tus palabras, te apresuras a añadir- ya sabes, siempre viene bien tener una casa por aquí cuando lo necesitas.
Ambos reimos, pero sabemos que ese comentario no ha servido para quitarle hierro al asunto.
-No, en serio, te voy a echar mucho de menos, porque no sé como, pero te has vuelto una persona tremendamente importante para mi -me dices, con tus ojos pidiéndome que les crea y que te comprenda.
-No, te mentiría si te dijese que el sentimiento es mutuo -contesto intentando no dejarme llevar por la situación.
-Es que todo el tiempo que pasamos cuando estamos juntos es muy... demasiado intenso -la frase me sorprende con la guardia baja y se refleja en mi cara, definitivamente no estaba loco cuando miles de ideas sobre nosotros se agolpaban en mi cabeza- Entiéndeme, siempre todo es tan genial cuando estamos juntos que claro que he pensado en nosotros, pero tengo novio y no quiero arriesgar eso por algo que no sé si es solo un impulso o es algo más.
Intento recuperar la estabilidad, ese último comentario ha sido como un directo a la nariz que me ha dejado aturdido, casi puedo escuchar al arbitro encima del ring contando hasta diez.
-¿Qué te voy a contar que no sepas? Por supuesto que tú despiertas lo mismo en mi, y mil veces me he muerto de las ganas de dar un paso adelante y olvidarme de las consecuencias, pero como ya te dije una vez, tengo una regla, una estúpida regla que es "nunca tirarle los trastos a una chica con novio", y esa puta regla ahora mismo me está matando. -respondo casi en un tono visceral, para mostrarte que el dolor es casi físico.
-Lo sé, y eso me jode aún más. Porque si fueses un capullo que intentó ligar conmigo a pesar de todo, pues te hubiese mandado a la mierda y me habría olvidado de ti. Pero no, siempre has sido ese chico majo que intenta hacerme reír, que me escucha y respeta mi espacio, y eso, al final hace todo más difícil.-comentas con pasión y con tus ojos encendidos en llamas, esos ojos, esa mirada dulce y pasional que tanto añoraré.
-Lo dices, como si te jodiese que me comportase como un buen tío -te respondo con cierta sorna, intentando relajar la situación. pero tu no sonríes.
-No, te lo digo, para que entiendas, que aunque supongo que para ti no es fácil, tampoco lo es para mi. Que muchas veces me he planteado que hubiese ocurrido si la situación fuese distinta, si nos hubiésemos conocido en otro momento. Que no digo que hubiésemos acabado juntos, pero si te hubieses mudado a mi ciudad tengo claro que mi relación no hubiese aguantado contigo cerca. Porque si hubieses intentado algo teniendo yo pareja, por descontado te hubiese dicho que no, pero no sé por cuanto tiempo.
En ese momento noto como tus palabras forman un puño que me acierta un gancho debajo del mentón, es indiscutible, ha sido victoria por KO y yo sigo tendido en la lona viendo destellos y sin posibilidad de moverme.
-No me digas eso..., no...no es justo, porque... porque eso me acaba de destrozar por dentro -y no miento, noto como mis órganos internos se licuan y me convierto en un cascarón vacío- porque todo esto es muy difícil para mi, porque me duele.
Hago una pausa, no sé si para recuperar el aliento o para evitar que mi alma se me escape por la boca. Te miro y veo que tu no estás mejor que yo, veo que tus ojos se han enrojecido ligeramente, lo mismo que supongo que sucede con los míos.
-¿Sabes? Hace unos años tuve un compañero de piso que me dijo sobre esa regla mía que era jodidamente estúpida, porque llegaría un momento en que conocería a una persona espectacular, una persona con la que conectara a un nivel realmente profundo, una persona que de verdad me llenase, pero que esa persona estaría en una relación, y por culpa de esa puta regla -y casi mastico las palabras mientras lo digo- yo no haría nada. -veo la sorpresa en tu rostro y admito que también distingo tus ojos implorando que no continúe, que no diga lo que estoy a punto de decir, pero los muros del dique se han destruido y ya no puedo contener el agua- Esa persona eres tú.
El silencio entre tanto bullicio nos envuelve y nuestros ojos se clavan el uno en el otro a menos de un metro de distancia. El andén está lleno de gente, pero para nosotros está vacío, no hay nada más que nosotros y el muro invisible que nos separa. Ese es nuestro universo, un universo aterrador que demuestra su amor por el suspense cuando hace aparecer en el andén el tren que nos separará para siempre. Los segundos se nos escapan de las manos y aprovecharnos los últimos que nos quedan para abrazarnos con rabiosa fuerza.
Percibo tu fragancia por última vez cuando desentierro mi cabeza de tu cabello y nos separamos. Nuestras manos se sueltan y tú te encaminas decidida al tren, decisión que solo flaquea cuando te vuelves al subir el último escalón y me despides con la mano. "Estás preciosa".
Cómo si mis pies pesasen tres toneladas cada uno, voy dirigiéndome lentamente y con el corazón cerrado por derribo hacía las escaleras que me alejarán del andén y donde mis ojos se humedecerán mientras mi boca pronuncia "suficiente".
Nuestros destinos, el tuyo y el mío, se separan sin que nunca llegasen a cruzarse. Corrieron tanto en paralelo que olvidamos que siempre hubo una mampara entre nosotros, y ahora el tuyo se escapa en tren de alta velocidad y el mío se dedicará a pasear por la fría ciudad siempre en dirección opuesta.

sábado, 22 de noviembre de 2014

El jugo de la vida


No vivas ni un minuto de tu vida con incertidumbre, porque no servirá de nada. Disfruta cada momento, saboreando tanto los aciertos como las equivocaciones, te harán crecer y pasado el tiempo recordarás ambos con renovada ternura. Sólo espero poder verte vivir la vida con valentía y con una cierta inocencia, con ganas de conocer el mundo que te rodea y portando la curiosidad como la bandera del barco pirata con el que navegas por tus sueños. Que tus ojos vean más allá que los ojos de los demás, pero no por ello abraces la soberbia, porque los seres humanos que hacen de la humildad una cualidad, son los que realmente se acaban ganando el respeto de los demás. También quiero que sepas que la sonrisa puede ser un arma muy poderosa, no para utilizar contra aquellos que quieran arrodillarte, si no para arrodillar a tus propios demonios, amaestrándolos y poniéndolos a tu servicio cuando sientas que necesitas algo más de energía. Vive con valentía, ningún error que puedas cometer será peor que tener un "...y si..." alojado en tu espíritu durante semanas, meses o quizás toda tu vida. Ten respeto, nunca miedo, porque el miedo solo paraliza y te hará ser irracional; el respeto en cambio, te mostrará el siguiente paso para comprender que es aquello que te amenazaba y el entendimiento de lo que hay a tu alrededor puede convertir sombras chinescas de dragones, en pequeños ratones aterrados escondidos a la luz de una bombilla.
Oteo el horizonte desde un risco en mis sueños y tú estás a mi lado viendo lo mismo que yo, tu cabello danza con el viento un alocado baile que ni el más esquizoide de todos los músicos podría reflejar en una partitura. Tus ojos retan al sol a ver quien de los dos puede brillar más y el sol como respuesta huye avergonzado y enrojecido unos minutos antes del ocaso. Veo entonces que sonríes y un destello familiar viene a mi cabeza, esa media sonrisa es demasiado entera y demasiado particular como para que yo pueda evitar sonreír al mismo tiempo. Te hice una promesa hace algún tiempo y no pienso incumplirla mientras me queden fuerzas, ya descubrirás lo cabezota que puedo llegar a ser, te lo advierto, es una cosa de familia y hay veces que no se puede luchar contra los genes. Me gustaría que llegues a comprender que la tenacidad bien entendida es una gran cualidad, y que apretar los dientes contra viento y marea para al final conseguir tus objetivos puede ser adictivo, tanto, que puedes llegar a convertirte en una amante de las causas perdidas.
Aún pasará un tiempo para que comprendas todo lo que he querido decirte en estas lineas, pero no te preocupes, intentaré ir mostrándotelo cada vez que tenga oportunidad, ya te he dicho que puedo ser muy cabezota. Y a pesar de que cada vez que pienso en ti la nostalgia y el amor me atraviesen por cada lado, como si de dos estoques se tratasen, será la primera vez que no tomaré represalia alguna a ese ataque indiscriminado, todo lo contrario, jugaré al mismo juego fraticida que tú, sin siquiera saberlo, has perfeccionado. Buscaré cubrirte de sonrisas, compartir grandes experiencias y transmitirte mis consejos algo devaluados, para que así cuando yo me aleje, sufras ese ataque sorpresivo y notes que el amor y la añoranza te han atravesado. Pero recuerda, tienes que seguir siendo fuerte, tienes que seguir aferrándote a la vida como hasta ahora lo has hecho, con manos, boca y dientes, porque exprimirla es la única forma de sacarle todo el jugo, toda la simiente.

domingo, 4 de mayo de 2014

Tributo a la fortaleza

Lo que no te mata te hace más fuerte y como un mantra lo repetirán mientras comprueban que es mas cierto de lo que a nadie en su sano juicio le gustaría reconocer. Los terremotos vendrán, esos que harán temblar el mundo pero todos los objetos de las estanterías permanecerán inmutables, debacles se presentarán en las puertas de sus casas, pero nadie más parecerá percibirlas, donde las corazas harán aflorar sus debilidades a través de pequeñas aberturas por donde la tragedia se colará sin ninguna indulgencia y hambre asesina para devorar todo a salvajes dentelladas.
Pero todo aquello les hará mas fuertes, y a través de los años recordarán esos terremotos para volver a levantarse, para ponerse en pie una y otra vez y añorar lo que aquel suceso natural hubiese cambiado. Donde la piel saboreará el abrasador recuerdo que a tinta indeleble ha quedado marcado en su interior y las cicatrices del tiempo serán homenajes a los pasos dados y a las batallas disputadas, no a las ganadas, porque no hay ganadores en ninguna batalla.
Y cada Mayo la primavera les volverá a abrazar, las flores a sonreírles y el sol a calentarles, para recordar que la vida continua y es imparable, y que por supuesto, tiene más fuerza que cualquier cosa que puedan imaginarse. Solo entonces, al filo de un risco, observando como se pone el sol en el horizonte tintando el cielo de rojo, se atreverán a pronunciar unas palabras de añoranza. Será en ese momento, cuanto extrañen aquello que se ha ido, cuando de hecho estarán más cerca de lo extraviado.

Pero serán más fuertes, tanto que duela; aún a pesar de que un hombre haya crecido desde entonces. El niño se secará las lagrimas y gritará al cielo con voz adulta para que sus ojos inocentes desaparezcan y a partir de ahí escrute el mundo con mirada de hombre, decidida a demostrar que no ha muerto, que se ha hecho más fuerte. 



viernes, 2 de mayo de 2014

Entre bebidas y acordes

Me encuentro ahora mismo en mi habitación disfrutando de lo poco que resta de un ron con cola y de la música que ciertamente podía encajar mejor en este momento. He estado leyendo durante un rato, navegando por aquellos mundos que el autor había diseñado para mi, disfrutándolos. Pero al rato he tenido que parar, no porque no me gustase lo que leía, ni porque no estuviese enganchado a la historia en si, todo respondía más al hecho de que he comenzado a leer porque algo dentro de mí me decía que necesitaba leer, perderme en negro sobre blanco, andar caminos dibujados y definidos por las palabras, apartarme un poco de mi yo físico y jugar algo más con mi yo intangible.
Lo que ha ocurrido es que cuando llevaba ya un rato leyendo notaba como ese sentimiento, esa necesidad de abstraerme no había desaparecido, seguía viva en mi estómago y por muchas páginas que pasaba no se iba a ir a ningún lado.
Es cuando he comprendido que lo que necesitaba era escribir, era vaciarme, purgarme de pensamientos, sensaciones y cavilaciones, de limpiar los rincones oscuros de mi interior. Que la música me ayudase a expulsar todo aquello que hace tiempo debía haberse marchado por el desagüe, que me llevase en volandas por parajes que no conozco, por aquellos que alguna vez he visitado y por todos aquellos que conozco como la palma de mi mano, que al fin, y ahora si, pudiese perderme en negro sobre blanco. 
Y eso es lo que he hecho, me he puesto delante del monitor y he comenzado a teclear como si de un ejercicio de escritura automática se tratara y que comienza al principio de todo este aporte "Me encuentro ahora mismo..."
Si me preguntaras de que quiero hablar te diría que no lo se, y es totalmente cierto, no hay nada que este en particular en primera plana, quizás solo un popurrí de pequeñas cosas que han pasado en los últimos tiempos, que están ocurriendo ahora o que pasarán de aquí a poco. No sé, supongo que el comienzo de Mayo siempre me hace estar nostálgico y no creo que sea algo contra lo que luchar de todas maneras, pero evidentemente vuelve esa sensación de que un terremoto está ocurriendo en este justo momento.
Uno de esos terremotos que ocurren pero ningún objeto de la estantería parece darse por aludido y permanecen estoicos e inmutables, de esos en que intentas recobrar la verticalidad y te frotas los ojos con insistencia, solo para intentar darle estabilidad al mundo que te rodea, para poder tener un cierto enfoque. Uno de esos terremotos que te hacen recordar aquella frase de tu abuela que dice "Le cae un jazmín y lo aporrea" y puedes visualizar claramente la escena de unos pétalos cayendo sobre tu espalda y tumbándote sin remisión.
Quizá la descripción de un terremoto no es nada mala por el simple hecho de que no puedes confiar en tu propio equilibrio, de que no sabes si puedes andar normalmente. Tal vez entonces la cuerda floja sea también una buena analogía. Puedes notar como te balanceas de lado a lado aguantando en la escueta superficie de apoyo hasta que ya no puedas bailar más al son que dicta la cuerda e irremediablemente tengas que caer.
Pero caer no es malo, puedes aprender mucho de una caída, la cuestión, y aquí está la parte importante de este texto y su catarsis, es, ¿qué vas a hacer una vez te has caído?
Yo por ahora le voy a dar el último trago a mi bebida, cerraré los ojos y dejaré que la música me lleve en volandas una vez liberado todo el peso que ataba mi cuerpo al suelo y atenazaba a mi corazón.


domingo, 13 de abril de 2014

Palabras eclipsadas

El viento hace balancearse a la hierba que crece en el parque. La brisa, inmutable en su camino e intransigente en sus decisiones, se agradece en este soleado día a principios de Mayo. Las flores empiezan a mostrar sus bellos colores en todo su esplendor y el Sol ofrece su cálido abrazo a todo el que lo quiere recibir.
En uno de los bancos, un joven con gorra otea el horizonte con mirada ansiosa e impaciente. Cruza una pierna sobre la otra y se plantea que quizá debería haber elegido unos pantalones cortos y una camiseta clara, y no los vaqueros y la camiseta negra descolorida a base de tantos lavados que lleva puestos en estos momentos, pues el sol está comenzando a tostarle, cosa que empeoraría si no fuese por aquella brisa matutina.
Y es con una de las ráfagas de aquella brisa primaveral con la que aparece el interlocutor que el joven estaba esperando y que se anuncia con un simple "Ey". El joven de la gorra entorna los ojos para divisar la figura de su amigo que a contraluz es difícilmente definible. El otro hombre es quizá ligeramente más mayor que el joven de la gorra y luce una descuidada barba a través de la que se puede vislumbrar una tímida sonrisa, quizá algo avergonzada por haber hecho esperar a su amigo.
-Disculpa, pero ya sabes como va esto, con que haya un pequeño atasco de camino luego ya no lo puedes recuperar.
-Si bueno, y tu que siempre vienes con la hora pegada al culo -Responde el joven de la gorra en tono jocoso.
-Buah!, ¿qué más quisiera yo que poder venir más a menudo? Pero sabes que al final solo tengo oportunidad de venir por aquí una o dos veces al año -Espeta el joven de la barba mientras mesa su cabello rubio.
-Ya, ya lo se -Dice con cierto tono apesadumbrado mientras en sus labios se dibuja su clásica sonrisa de medio lado al tiempo que mira la camiseta de su interlocutor y continua- ¿Una camiseta del disco Americana de OffSpring? A ver, entiéndeme, como gusto es irreprochable, pero tiene ya unos cuantos años, ¿lo sabes, verdad?
-Si, si, pero como tú has dicho es un disco genial y además siempre puedo decir que es que soy retro.
Ambos ríen como no han podido hacerlo en años y por un instante sienten esa conexión que siempre tuvieron, ese calor que hace años les arrebataron de dentro, y que se puede ver en las miradas sinceras de cada uno de los dos, tras lo cual se sientan en el banco a disfrutar de ese día de reencuentro.
-Toma, te he traído una cervecita especial de las que a ti te gustan, que estoy seguro que hace mucho que no has podido catar ninguna -Dice el joven de la gorra mientras le ofrece el brebaje a su compañero.
-Oh dios, esto si que te alegra el día y no verte el careto a ti jajaja. Bueno, cuéntame, ¿qué tal todo por aquí? ¿Cómo te trata la vida?
-Bien, bien, no me quejo, tirando para adelante y construyéndome la vida, que es lo más gratificante al fin y al cabo. Ya sabes, cuando empiezas a verte autosuficiente es una sensación genial. ¿Y tu qué tal? ¿Como va todo por allí? ¿Te sigues matando a currar?
-Hombre, pues si, si no fuese por todas esas horas extras no podría estar ahora mismo aquí. Pero bueno, lo cierto es que es durillo, se echa mucho de menos a la familia, no te tengo por allí para echarnos unas birras y unas risas de vez en cuando y me gustaría poder pasar más tiempo con mi hermana, que hace bastante que no la veo.
-No te preocupes, está bastante bien, un poco atontada y atolondrada, pero ya la conoces. De todas formas no te preocupes, le irá bien, si hay una cosa que se le da bien es hincar codos -Responde el joven de la gorra gesticulando de forma cómica, pero se serena al ver la mirada ausente de su amigo y agrega- Siempre te pudo ese sentimiento de hermano mayor jejeje.
-Si, pero casi te lo delegué a ti.
-Bah, pero no te rayes, tu te tuviste que ir y yo no tenía problema en echarle un ojo de vez en cuando -A lo que el joven de la barba asiente y sonríe, recordando porque echa de menos tanto ese tipo de amistades que no son tan fáciles de encontrar y que en algunos casos como este, solo se entienden desde la convivencia mutua desde que ambos tienen memoria.
Prosigue el día y prosiguen los chascarrillos y anécdotas entre uno y otro. Van compartiendo todo aquello que tenían que contarse y que en el largo plazo que han estado sin verse no han podido hacer. Se ríen bien a gusto mientras pasean por la ciudad, comen en un restaurante y apuran un café en la terraza de un bar. Las risas se hacen tan sonoras que ninguno de los dos puede evitar que se le salten las lágrimas en mas de una ocasión, pero como el día, que se va despidiendo mientras el sol se va escondiendo, aquel encuentro también va llegando a su fin cuando los dos amigos vuelven al parque para despedirse.
-Bueno, ¿cuándo voy a volver a verte? -Pregunta el joven de la gorra.
-Pues espero que el año que viene por estas mismas fechas. ¿Te viene bien?
-Sabes que yo encantado, casi me lo tomo como un regalo de cumpleaños adelantado jejeje.-Con lo que vuelven a reir y tras lo cual se hace un silencio que acaban llenando con un abrazo- Se te va a echar de menos tío.
-A ti también -Responde el joven de la barba mientras palmea la espalda de ese gran amigo al que no podrá ver en algún tiempo- Por cierto, sigue así, te lo estás currando y todo esto no te sienta nada mal. Ya sabes, aprovéchalo de todas las formas que puedas y tomate unas cuantas a mi salud.
-Descuida que lo haré, sabes que siempre sigo tus buenos consejos -La risa se vuelve a desatar y se separan finalmente para dirigirse cada uno en una dirección contraria, pero el joven de la gorra se vuelve al instante y no puede evitar preguntar.
-Por cierto, ¿quieres que les diga algo a tu hermana o a tus padres?
-No, no te preocupes, ya iré yo a visitarlos pronto.
El joven de la gorra asiente y se despiden con la mano una vez más, se dan la vuelta y comienzan a caminar con esa sonrisa en la cara, ese calor que proporciona la verdadera amistad en el interior y esas palabras en la punta de la lengua que dicen "Hasta el año que viene" y que se han quedado eclipsadas.


domingo, 16 de febrero de 2014

Las segundas oportunidades son para las películas

   -¡¿Qué quieres que te diga?! ¿Qué esperabas que ocurriese?
Ella escuchaba estoica el rapapolvo. La tormenta se cernía sobre ella y no conseguía si quiera encararla, y lo peor de todo es que había sido ella quien la había provocado.
  -Fuiste tú quien cambió las reglas, fuiste tú la que un buen día dijiste que necesitabas tu espacio, encontrarte de nuevo y no se que más palabrería, y yo lo acepté, y me lo tragué ¿Sabes por qué? Porque estaba loco por ti y pensaba que eras una persona especial, alguien genuino que valía la pena. Así que no hice preguntas, hice lo que me pediste, te di tu espacio, no te presione y continué con mi vida como si nada hubiese pasado a pesar de que lo primero en lo que pensaba cada mañana era en ti, y eso me mataba.
Con la cabeza gacha, ella notaba como las lagrimas resbalaban por sus mejillas y se precipitaban al suelo estallando en mil pedazos; algo parecido a lo que estaba ocurriendo en su interior en ese justo instante. Se maldecía a si misma, por tomar aquella decisión tiempo atrás y por todo el dolor que le había provocado a él, la única persona con la que quería estar. ¿Cómo había sido tan tonta? ¿Qué le llevó a tomar esa maldita decisión?
    -...y ahora que yo estoy bien, que he pasado página, me vienes a decir que me necesitas, que todo puede volver a ser como antes. ¿Crees acaso que no me tengo ningún respeto? -El silencio que vino tras la pregunta la atravesó de lado a lado, pero no era capaz de articular palabra, solo quería que fuera como fuera él matase ese silencio, aunque fuese para que las palabras la golpeasen de nuevo. Aún así sería mejor que tener que enfrentarse a tener que articular unas palabras que en ese momento se adivinaban inalcanzables.
Él se paso la mano por la cabeza como si quisiese aliviar la presión interior creando surcos con sus dedos a lo largo de su cráneo, pero al ver que era imposible resopló, no solo echando el aire, si no todo lo que había mantenido en su interior en los últimos meses y las lágrimas se escapaban. Malditas lágrimas que le traicionaban justo ahora
  -Desapareciste casi sin dar una puñetera explicación y ni siquiera tuviste la valentía de darme la oportunidad de decirte todo lo que tenía que decirte, de tragarte lo que habías provocado.
Ella intentaba replicar, pero no había oportunidad, su voz estaba aterida y su corazón acorralado ante la genuina rabia que irradiaban las palabras que él pronunciaba. Buscaba con todo su alma un atisbo de fuerza para sobreponerse, un resquicio en el discurso de él, un punto donde no tuviese razón, un lugar donde replicar. Pero ella sabía que no lo iba a encontrar, que en aquel caso él tenía razón y quizá ahora era demasiado tarde para decirle lo que ella sentía. Necesitaba gritar a los cuatro vientos que se había equivocado, que quería volver atrás en el tiempo y que nada de eso hubiese pasado, que le había querido con rabiosa intensidad y que lo seguía haciendo, que sentía todo aquello pero que se había dado cuenta de que no iba a encontrar nadie como él, porque lo había intentado y tras ver lo que el mundo le ofrecía había comprendido su error. Por lo que más quisiera tenía que escuchar, tenía que comprender que todo el mundo se equivocaba, pero ella se había dado cuenta de su error y quería subsanarlo, no quería perderle.
   -...me dices que quieres volver a lo que teníamos antes, ¿y cómo puedo yo confiar en eso? ¿Quién me dice que dentro de un tiempo no volverá a ocurrir lo mismo? -Sus furiosas lágrimas ya corrían sin control por sus mejillas- Te fuiste tan rápido que pareció que no supuso ningún esfuerzo para ti, como si no hubiesen sido verdad todas aquellas veces que me dijiste que te importaba.
    -Si que eran verdad, me importabas mucho...me importas mucho, de verdad créeme.
    -La cuestión es que ya no sé si puedo creerte...Dices que quieres estar conmigo. Hoy, ¿y mañana? Te lo dije el día que me dejaste, yo no quiero estar con nadie que no este al cien por cien seguro de que quiere estar conmigo.
La culpa, la tristeza y el dolor la mataban. ¿Qué tenía que hacer para que él le diese una oportunidad, para que el recordase lo felices que habían sido juntos? Haría lo que fuese, pediría perdón, se humillaría, aceptaría su culpa, lucharía por él, lo gritaría a los cuatro vientos si fuese necesario. Pero su boca no se abría para pedir perdón, no se humillaba, no aceptaba la culpa, pero sobretodo no estaba luchando por él y eso apuñalaba a cada segundo su corazón. ¿Cómo iba él a escucharla si no conseguía transmitirle que él y solo él era la única persona en este mundo capaz de hacerla feliz como nadie mas lo haría? Poco a poco y comprendiendo todo lo que podía perder sus labios se fueron abriendo degustando el sabor salado de sus lágrimas.
   -Lo siento, lo siento de verdad. Estaba equivocada y ahora me maldigo cada mañana porque no estás a mi lado. Lo siento tantísimo, no se como convencerte de cuanto lo lamento, pero es verdad. Solo te pido que me des una segunda oportunidad para arreglarlo, para demostrarte que lo que digo es verdad.
Los ojos de ambos, arrasados por el llanto, se encontraron durante un medio segundo que les pareció una eternidad, tras lo cual, él solo pudo decir con aire derrotado.
   -Lo que ocurre es que después de todo este tiempo no se si las segundas oportunidades son solo para las películas...

Y como siempre la inspiración aquí:


domingo, 24 de noviembre de 2013

Por la burbuja de la que me imbuyo

Hay veces en que la escritura sale totalmente natural, que lo que quieres o necesitar expresar se plasma en negro sobre blanco con tal facilidad que hasta te sorprende, que cuando has terminado de procesarlo notas como tu cuerpo se vuelve ligero y tu mente se ha liberado de una carga como si de fruta madura al caer del árbol se tratase.
En muchas ocasiones eso resulta totalmente sencillo porque estás totalmente imbuido de ese sentimiento que querías transmitir, porque cada poro de tu piel destilaba la esencia del mana de lo que sentías en tu propio contexto personal.
Está claro que hay maneras de inundarte, de dejarte rodear aún más de todo aquello. Puede ser por medio del recuerdo de algo o alguien, de leer algo que incida en ese sentimiento o, como a mi me ocurre en la mayoría de los casos, que una canción consiga hacerte bucear en ese mar de sensaciones, en esos anhelos. Durante ese periodo de tiempo consigue devolverte la paz para cualquier otra variedad de emoción que pueda recorrer cada centímetro de tu cuerpo y multiplicar por mil la intensidad de aquello que te embarga.
Porque en un suspiro, si lo que te embarga es La Culpa, esta no solo ahoga tu garganta, es que asfixia a tu corazón y te mira desde el fondo de cada reflejo, decepcionada y habiendo perdido toda esperanza en lo que podrías haber sido. Porque de repente El Amor no es que consiga acelerar tu ritmo cardíaco, es que te ilumina por dentro notando como su calor recorre tus extremidades obligándote a sonreír porque si no podrías explotar por ese exceso de sonrisas. Porque La Rabia no es que haga que te enfades y maldigas a todos los santos del santoral, es que te devora por dentro, hace que notes tu piel ardiendo y derritiéndose en torno a tus huesos y que la única salida para todo ello sea gritar a pulmón vivo porque no puedes soportar ese sentimiento en tu interior. Porque en ese momento La Confianza no hace que te sientas orgulloso de lo que has hecho, es que te coloca al timón del barco de todas las aventuras que tendrás en el futuro con viento en popa en un mar bravío y mirando desafiante y sin pizca de temor alguno a los terrenos donde Poseidón establece su ley. Porque en un instante La Tristeza no solo hace que las lágrimas recorran tus mejillas cayendo al suelo como cada esperanza rota que tuviste una vez, es que te hinca de rodillas en el suelo, cabizbajo, causándote tanto dolor que ni siquiera te puedes plantear combatirlo para elevar la mirada. Porque La Alegría no es que te haga sonreír por la calle, es que tienes la convicción en cada molécula de tu cuerpo de que si compartes esas sonrisas puedes hacer que cualquier persona de este mundo note como se recomponen todas las esperanzas que se rompieron como sus lágrimas al caer desde sus mejillas al suelo.
Por todo ello adoro esa burbuja en la que a veces nado, en la que a veces vivo, para escribir desde mis entrañas, desde mi corazón, para poder hacerlo de forma sincera, la única que conozco para que el lector conecte conmigo y se ponga en la piel que he diseñado para él.
Así a veces, y sólo a veces, consigues ese premio que supone que te digan "has conseguido meterme de lleno en la historia" y tu te respondas para tus adentros "No, es tu historia la que ha venido para abrazarse a mi".     

domingo, 3 de febrero de 2013

El lado positivo

El día es soleado y solo algunas nubes que parecen estar hechas de algodón motean la monotonía azul del cielo. Aunque el Sol calienta con cierta agresividad, la brisa que recorre la ciudad ayuda a que la temperatura sea sumamente agradable y que la decisión de pasear por el parque sea posiblemente la más acertada en ese día.
Esa ha sido la decisión que ellos tomaron esa mañana, ya no solo porque sea un día que invita a salir de casa sino porque es un día que no es como ninguno de los anteriores y seguramente no será como ninguno de los siguientes. La pareja va caminando por un camino de arena entre los árboles al costado del río, mientras charlan animadamente, se regalan pequeñas muestras de cariño y aderezan cada momento con bromas cómplices que solo entienden ellos y quizá por eso son tan importantes.
A cada paso por el parque una nueva anécdota emerge de sus memorias para golpearles el corazón y darse cuenta de todos los grandes momentos que han tenido la suerte de compartir, como la de veces que se cruzaron siendo simples conocidos en ese mismo parque cuando ella salía a correr y él jugaba a fútbol con amigos, o como se besaron por primera vez tirados en el césped a la mañana siguiente de una fiesta en casa de amigos, o como aquella vez que una tremenda tormenta los dejó calados un día que paseaban por el parque al igual que hoy y que acabaron compartiendo ducha y sábanas para quitarse el frío y arriesgarse a decirse te quiero mutuamente.
Por todas esas cosas ese parque tenía algo especial para ellos, quizá por eso ambos tenían que despedirse de él también como si de un amigo se tratase, el futuro se cernía sobre ellos y no tenían ni idea de como afrontarlo, y menos sabiendo que seguramente tendrían que hacerlo el uno sin el otro. Era lo más sensato, lo más lógico, los dos lo sabían, cualquier otra idea era una locura, pero, ¿por qué demonios no podían volverse locos? Si conectaban a un nivel tan profundo, que hasta ellos, que solían ser tremendamente escépticos con esas supuestas "conexiones", tenían que reconocerlo. Sería a la vez tan fácil y tan difícil. Romper con todo porque era lo que les pedía el corazón en ese momento y vivir más de la ilusión que de la realidad. Desde luego, para un animal como el ser humano que vive en parte de sus sueños y esperanzas era una suculenta opción, pero con un riesgo muy alto en el que nadie en su situación querría pensar, ¿que pasaría si un día su corazón dejaba de pedirles aquello?
No, era la opción más acertada, y por mucho que les doliera ellos también lo sabían. Por esta vez había ganado la distancia entre ellos sobre la profundidad de su conexión, y por mucho que supiesen que era lo correcto, no quería decir que no les doliese. Por ello, y aunque habían prometido no hablar del tema, después de reírse de la última broma de él, ella se quedó más seria de lo normal.
-Es real, ¿verdad? Se acaba.
Ella clavaba sus grandes ojos castaños en los de él, esos ojos cálidos que le seguían sobrecogiendo cada vez que le miraban como en ese justo momento, como si pudiese leer la verdad dentro de él. Los amaba con rabiosa determinación, porque se sentía querido cuando podía verse reflejado en ellos. Se revolvió el pelo al tiempo que suspiraba, un gesto tan clásico en él que ella lo tenía grabado en sus retinas, lo conocía tan bien que sabía que a continuación levantaría la cabeza, sonreiría y le diría la dolorosa verdad, tal y como hizo.
-Si, se acaba. Por mucho que odie pensarlo, se acaba. 
Tras lo que él se giró hacia ella, y acarició la cara de su amada con dulzura, pasando a mesar su negro cabello una vez más, quizás la última, justo cuando dos grandes lágrimas descendían por el rostro de la joven.
-Y pensar que al principio pensé que me odiabas porque te derrame una cerveza encima sin querer cuando llevabas aquel vestido que tanto te gustaba.
Comentó él al tiempo que se reía.
-Y te odié mucho tiempo por ello, y ahora, en cambio, daría lo que fuera porque la semana que viene estuvieras cerca para que volvieses a ser tan torpe.
Ella ahogo un sollozo en ese momento mientras bajaba la cabeza para reprimir las lágrimas. Con delicadeza él posó un dedo en la barbilla de ella haciendo que levantase la mirada con sus ojos arrasados en lágrimas. Él la miró a esos ojos que tanto amaba y poco a poco una sonrisa se fue dibujando en el rostro del joven.
-Pero no te rías ¿Sabes lo que me duele verte sonriendo mientras yo estoy aquí llorando? Y no es ahora, es toda la semana, que parece que a ti no te duele. Dices que te duele, pero no lo parece. Casi parece que te alegras.
Él soltó una sonora carcajada ante el momentáneo berrinche de ella, lo cual más animó su ira.
-¿Lo ves? ¿Cómo puedes decir que te duele, cuando estás siempre sonriendo?
-Claro que me duele, más de lo que te puedas imaginar, pero es que es bueno que me duela.
-¿Cómo va a ser bueno pasarlo mal?
-Porque si no significaría que no es tan importante, que no ha significado tanto. Tú lo miras desde el punto de vista de que será muy difícil que volvamos a vernos. Yo lo veo desde el punto de vista de lo genial que ha sido que hemos tenido la oportunidad de estar juntos, que podía no haber ocurrido, que podíamos no habernos cruzado nunca, pero sin embargo lo hemos hecho y ha sido lo mejor que ha pasado en mi vida. 
Ella lo escuchaba perpleja mientras él seguía sonriendo aunque ahora sus ojos estaban vidriosos.
-Por eso tengo dos opciones, llorar y pasarlo mal sabiendo que no estás cerca, cosa que no hará que te tenga más cerca mío. O puedo sonreír sabiendo que te tuve cerca, que fue real, que marcaste mi vida y que aunque eso tampoco hará que te tenga más cerca mío, sí que hará que el último recuerdo que tengas mío sea a mí sonriendo por haber tenido la suerte de compartir todos estos momentos que para mi han sido increíbles contigo. Por eso creo que tengo que mirar el lado positivo de todo esto, el lado en el que tú me haces tan feliz.
Ella se quedó en silencio un segundo para a continuación decir.
-Buen discurso, pero, ¿vas a darme un beso o no tontorrón? Aunque eso no quita que me siga fastidiando que te rías.
Tras lo que él se río viendo como ella también sonreía y la atrajo hacia él, para besarla una vez más, quizá la última.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Falta de Claridad

El Sol va haciendo su lento pero inevitable descenso por el oeste. Sus rayos aún le iluminan, aún le proporcionan algo de calor, aún le muestran por donde sigue la senda. 
El sudor empapa su frente y desciende por su nariz para precipitarse al suelo a cada nueva zancada en su carrera. En su cabeza suena "Till Kingdom Come" de Coldplay y es su voluntad y la guitarra los que van moviendo sus piernas. Está cansado, no intenta ni pretende ocultarlo, ya ha pasado muchas cosas como para preocuparse de eso, sus múltiples máscaras las guarda para otras ocasiones en las que sean más necesarias. 
Su trote no es tan ligero y continuo como lo era hace unos años, se da cuenta de que se va notando la inactividad y se maldice un poco por ello, pero está decidido a recuperar esa fuerza. Su respiración al menos sigue siendo acompasada, algo que agradece, nunca ha llegado a confiar en demasía en sus pulmones, pero por ahora parece que responden y que le permiten continuar hacia delante en el camino.
Al Sol le resta muy poco que recorrer en su particular carrera diaria para cuando él alcanza el risco al que pretendía llegar. Es un momento particularmente crucial, sus muslos están ardiendo por el esfuerzo, su corazón bombea con violencia y sus ojos ya no ven con la misma claridad, "me falta oxigeno" piensa, pero en parte sabe que no es solo eso, sabe que quizá ya no mira con la misma fijación las cosas, que ahora su mirada solo se clava en ciertos detalles, como la panorámica que está disfrutando.
Observa el paisaje y le atacan el anhelo y la morriña, un par de lágrimas se atreven a asomarse a hurtadillas por sus ojos, brillando cuando atrapan los pocos rayos de luz solar que aún quedan. Inspira, cierra los ojos y expira el aire larga y acompasadamente. Una ligera sonrisa de medio lado se va abriendo paso en su rostro y sus ojos vuelven a abrirse para observar de nuevo el paisaje que se encuentra a sus pies. Ahora está en paz con todo aquello, ahora puede despedirse del risco y volver por el sendero.
Da la espalda al risco e inicia su carrera una vez más, el sendero va serpenteando introduciéndose en el bosque, donde los rayos del Sol ya casi se han desvanecido, donde el frío se había introducido en sus huesos a la ida, tal y como ocurrirá a la vuelta, donde esa falta de luz agudiza esa falta de claridad, esa poca observación en los detalles, pero tiene que recorrerlo, es el camino a casa.
Solo se oye su respiración y sus pasos pisando grava, hojas y pequeñas ramas. Está en una burbuja en la que únicamente ve el sendero que empieza a empinarse hasta que vuelve a llanear en la salida del bosque. Un poco más y estará fuera, un poco más y habrá salido de aquel paraje húmedo. Levanta su mirada y ve algo en el linde del bosque, su mirada busca y precisa esa claridad que deseaba, sus pupilas se esfuerzan en enfocar las figuras que se encuentran más adelante. Poco a poco las figuras comienzan a tomar forma y él comienza a discriminarlas pasando de ser figuras a ser trocitos de su corazón, personas con las que ha compartido experiencias, seres queridos que ha conocido en el camino.
De repente, la cuesta ya no es tan empinada. Sus músculos antes cansados pasan a recuperar su vigor y a apartar el cansancio a un lado. Su trote vuelve a ser alegre como si acabase de comenzar a correr. Su media sonrisa se torna entera y sus ojos se encienden siendo el reflejo claro de lo que ha ocurrido con su zancada, la cual a comenzado a devorar metros del sendero como el mar devora las costas con la marea alta. Su corazón ahora late con furiosa alegría, no hay cansancio, no hay frío, solo está la voz de su voluntad susurrándole que ya le queda poco para llegar al linde del bosque y abrazar a esas figuras. 
Ya no le importa el sendero, si volverá por el mismo camino o tendrá que coger otra ruta en la siguiente bifurcación, en este momento ya no le preocupa, no es importante. Lo que le importa es alcanzar a esa gente, "su" gente y abrazarlos, porque les debe tanto aunque ellos no lo sepan, solo y para empezar han conseguido facilitar su paso a través del bosque y han solucionado sus problemas de visión, porque aunque todo lo demás está borroso, a ellos los ve con perfecta claridad.

lunes, 13 de febrero de 2012

Desenfoque

"Hemos crecido"
Esa es la mayor verdad que puedo extraer en todo el tiempo que llevo sin haber escrito nada de nada. Casi un año. Me duele solo pensarlo, pero quiero creer que es por la simple razón de que el deber, el ocio y la curiosidad me han mantenido lo suficientemente ocupado como para no darme cuenta de la cantidad de tiempo que había pasado.
Es ahora cuando echo la vista atrás y me doy cuenta de esa gran verdad, "Hemos crecido". Lo noto en muchas cosas, en como me tomo los objetivos, en como realizo mis deberes, en como interactuo con la gente y básicamente, en como relativizo todo muchísimo más. Es como ir andando por la calle con la visión algo desenfocada. Veo perfectamente el final de la calle, pero las cosas y las personas con las que me voy cruzando están algo borrosas, algunas mejor definidas, otras simplemente son un borrón pasajero que aparece y se va.
Incluso en esa calle no escucho mucho a no ser que se acerquen bastante, ya que llevo puestos mis, siempre presentes, auriculares con la música que quiero escuchar y no la que me ofrecen desde los comercios de los laterales.
Suena algo egoísta, pero lo cierto es que si varío mi ritmo recorriendo esa calle es porque alguien de estas personas que están más cerca me ha comentado algo, una broma, una confidencia, una anotación, etc. Total, tampoco tengo prisa por llegar al final de la calle.
Voy disfrutando los pasos al ritmo que me parece, con la música que me apetece y parándome con la gente que creo que puede aportarme algo. ¿Es quizá un mal plan? No lo sé. ¿Me importa? Tampoco lo sé. ¿Qué puede que me pierda detalles de la calle? Seguramente ¿Qué hay algunos de esos borrones que sería mejor no ignorarlos? Desde luego, pero quizá en ese afán de relativizar, no me preocupo tanto por forzar a tener esos contactos y espero que surjan más naturalmente.
Soy más carne de mi momento, de lo que se me pasa por la cabeza y lo que me dice el corazón. ¿Será mejor o peor? No tengo ni idea, solo creo que es ser más honesto contigo mismo. De todas formas quien sabe, quizá cuando llegue al final de la calle, me da por cambiar el tipo de óptica.

jueves, 24 de febrero de 2011

Grandes escenas del cine (VIII)

Como hoy es 24 de Febrero, es mi aporte número 89 (creo), es el aporte número 8 de grandes escenas del cine y además el Villareal va ganando 2 - 1 al Nápoles, pues dada la gran confluencia de casualidades he creido oportuno hacer un gran y especial compendio de grandes escenas de una película en particular que me encanta. Vamos, que me ha dado por ahí y me ha salido de donde todos os imaginais. La película es "V de Vendetta", gran película, mejor novela gráfica y quizá por la aparición de Natalie Portman en la entrega anterior o porque me dió el venazo he agrupado un montón de escenas a tener en cuenta:

"El único veredicto es venganza, Vendetta...":
Primera escena en la que se encuentran Evey y V, donde el peculiar personaje se presenta a ritmo de V en cada palabra. Sublime escena que recomiendo ver en inglés por su fuerza y la forma en que Hugo Weaving hizo gran enfasis en cada V que pronunciaba de forma exagerada. Por el momento yo os dejo la versión española que tampoco está nada mal.


"...y si se escuchan, enuncian la verdad":
Escena increible donde se paraleliza el ámbito "semiestático" del discurso de V con la agitada acción de las fuerzas de seguridad. Podemos ver como la escena comienza con los ligeros toques musicales de la Obertura de Tchaikovsky y poco a poco se va imponiendo la música de la tensión (por parte de los represores) y de la rabia (por parte de V). Con un discurso que son solo palabras, pero que se saben pueden calar hondo en una multitud aborregada y acostumbrada.
Aquí os dejo el enlace: http://www.youtube.com/watch?v=llbPRWzu308

"Esta es la única autobiografía que voy a escribir y, ¡Dios! La estoy escribiendo en papel higienico":
Con diferencia una de mis escenas favoritas, una de las que tiene más fuerza en la novela gráfica ya que supone el renacimiento de Evey y aclara de donde viene la fiebre por las rosas de V, algo bastante importante en la novela gráfica. Además es muy importante como la narración de Valerie no se hace con reproches o con odio hacia sus carceleros, sino con amor a la vida. Una escena en la que se crea un gran contraste entre la música y la voz de Valerie en la narración, frente a la música de la tortura y los interrogatorios. Es como una burbuja tranquila, para exponer que hay un mundo bello más allá de los barrotes, algo por lo que seguir luchando.
Aquí el enlace: http://www.youtube.com/watch?v=y3bBBc9f9VQ&NR=1

"...pero el resultado final, la auténtica genialidad era el miedo":
Esta es, sin lugar a dudas, mi escena favorita, donde se enuncia la verdad, clara y transparente. Como dice "el propio Rockwood" es una historia, una historia que por desgracia podemos llegar a creernos, historia que seguramente se ha podido dar en la historia sin que lo supiesemos. Como dijo el propio Alan Moore a los pocos años de publicarla "Ahora con el gobierno de Thatcher la homosexualidad está perseguida, los programas de televisión tienen gente que los controla y el gobierno da más miedo que los criminales de Londres. ¿Realmente estamos tan lejos?"
El enlace: http://www.youtube.com/watch?v=G_FhIEaVfnA

"El problema es que él nos conoce mejor q nosotros mismos":
El caos empieza a devorar el país, la revolución se va haciendo patente y desde el punto de vista del detective Finch podemos observar esa secuencia, esa ristra de fichas de dominó que por la ley de causa y efecto van a acabar cayendo. Me encanta la parte en que un "dedo" dispara a la niña y se le echa la gente encima. También quiero fijar la atención en la música en el momento en que V tira las piezas de dominó, porque es una música con caos de fondo, es la música de la revolución y a la vez del heroe, pero termina drasticamente y vuelve a ser una música delicada. Punto importante porque en la última escena tiene importancia.
El enlace: http://www.youtube.com/watch?v=Xoc2TCJAl40

"...bajo esta máscara hay unos ideales señor Creedy, y los ideales son a prueba de balas":
Una de las pocas escenas de acción reales de la película, además de la lucha en la emisora de televisión y cuando salva a Evey por primera vez. Es una escena con algo más alla de esa ensalada de tiros, porque está ese "y si se te terminan las balas, ¿qué?". Es una escena donde se hace patente la lucha, pero también la tensión (ojo de nuevo a la música) por la necesidad de terminar con ellos antes de que recarguen. Con esa frase final, demoledora, seca y comparable a ese "Libertad" de William Wallace muestra la muerte del heroe, como martir, sabiendo que puede ayudar al cambió del país, pero que no tiene cabida en esa nueva época (hecho más patente en la novela gráfica). Espectacular, sin palabras.
Y aquí el enlacillo: http://www.youtube.com/watch?v=hLFbzujSy-8

"He's Edmund Dantes, he's my father and my mother, my brother, my friend...":
Poco voy a agregar a esta escena, solo dos anotaciones, primero, lo bonito de la escena reside en que muestra como es el triunfo del pueblo frente al poder establecido, ese momento en que los soldados bajan las armas y los miles de "V's" atraviesan las barricadas es impagable. Y segundo, la música de nuevo, el tema de cuando pasan los miles de personas entre los soldados era ese mismo tema que sonaba cuando caían las piezas del dominó, es el tema de la revolución, del cambio. Ya el final es maravilloso entre la Obertura 1812 y las palabras de Evey Hammond. Nada más que añadir.
Y último enlace: http://www.youtube.com/watch?v=_-gHVGOoE48

jueves, 17 de febrero de 2011

Comerse la vida

Algunos lo sabreis, otros no, pero descubrí un pequeño concurso de relato corto organizado entre otros por la editorial Austral, y tras ver que el premio eran unos suculentos 6000€, me propuse escribir para ver que tal salía. El único problema se me presentó cuando vi que el tope para presentar textos era ayer día 16 de Febrero a las 23:55 de la noche. Así que me vi obligado a que si quería escribir algo debía hacerlo en el plazo de unas horas, aunque por suerte para mi tenía ya decididos todos los detalles del texto.
En fin, el resultado fue mi pequeño relato llamado "Comerse la vida", que aunque no es de los mejores que he escrito, tampoco está mal. Sé también que el hecho de que no sea todo lo bueno que podría ser se debe a que lo envié sin revisarlo, tal y como nació, y eso también tiene explicación, lo escribí en 4 horas y no podía quedarme ni un momento más delante del ordenador leyendo y repasando.
Bueno, sin más os dejo el enlace al relato para que os lo descargueis. Espero que os guste y que me deis vuestra opinión.
Un abrazo a todos
http://www.megaupload.com/?d=I9PD60HX

martes, 8 de febrero de 2011

¿En que idioma piensan los sordos?

Gracias a la gran página de Amazings (en serio, echarle un vistazo, es super interesante) y a Cecil Adams, encontré este interesante artículo que ahora os transcribo aquí. Disfrutadlo:


¿En qué idioma piensan los sordos?

Obviamente si se quedaron sordos a una edad tardía pensarán en el idioma que aprendieron siendo niños, pero imaginemos a un niño que nace completamente sordo (hace años se les llamaba sordomudos). Imaginemos que sus padres son lo bastante observadores como para darse cuenta de este problema entre los 21 y los 36 meses de edad del bebé, un momento crítico durante el cual los niños captan fácilmente los fundamentos del lenguaje, lo cual crea en sus cerebros la infraestructura cognitiva esencial para la comunicación.

Gracias a haberlo “cogido a tiempo”, ese niño sordo profundo podrá adquirir un idioma gestual en vez de oral, pero idioma al fin y al cabo. El lenguaje de signos (o señas) es un lenguaje natural, independiente de los orales y probablemente más antiguo que estos. Que sea natural significa que ha ido evolucionando gracias a las aportaciones de sus usuarios, que lo han ido transmitiendo culturalmente de generación en generación. Podríamos pensar que tiene alguna relación con el español, por aquello de que sus “hablantes” viven entre nosotros, y usan de tanto en tanto alfabetos manuales para deletrear conceptos técnicos o nombres propios, pero eso no es cierto. Las lenguas de signos no son adaptaciones de las orales ya que como he dicho nacieron y evolucionaron siguiendo su propio camino.

De hecho las lenguas de signos cuentan con su propia gramática, la cual no es internacional, es decir, existen variedades zonales. Por ejemplo en nuestro país se “habla” en LSE y LSC (lenguas de signos española y catalana). Es más, si organizas un encuentro internacional de sordos al que acudan personas de diferentes países, necesitarás tantos traductores de lenguas de signos como personas de diferentes comunidades intervengan. Y según puedo leer, existen 121 lenguas de signos distintas en el planeta.

Pero volvamos con la pregunta del lector de Straightdope. Imaginemos que se educa a este niño en LS y no siguiendo métodos “oralistas“. Según, aclara Cecil Adams, la LS dota a los nativos con la habilidad de manipular símbolos, captar abstracciones y adquirir y procesar de forma activa el conocimiento. Abreviando, el idioma de signos ayudará a que ese niño del que antes hablábamos aprenda a pensar. Justo lo mismo que sucedió contigo cuando siendo niño aprendiste a comunicarte en tu idioma natal.

Existe un fuerte debate sobre si la educación que se les debe de dar a estos niños ha de ser estrictamente oralista, en LS, o bilingüe. (Véase manos para aprender) Ciertamente, para un sordo aprender a leer los labios y a conocer el idioma oral de la zona en que habita es de gran utilidad para desenvolverse en un mundo de “parlantes” (repleto además de carteles, libros y películas subtítuladas) pero lo cierto es que en el caso del niño de nuestro ejemplo, aunque aprendiera a posteriori nuestro idioma y se hiciera bilingüe, el chaval pensaría en LS.

Y eso significa que incluso cuando durmiera, codificaría sus sueños en signos. Me fascina la anécdota con la que Adams remata su artículo. Menciona a una señora sorda de 90 años que en ocasiones gesticulaba en sueños. Según su hija, su madre bosquejaba signos con sus manos mientras se agitaba dormida. Natural. ¿Acaso tu no hablas en sueños?

viernes, 28 de enero de 2011

Grandes escenas del cine (VII)

Hola a todos de nuevo
Hace mucho que no pasaba por aquí, pero con lo liado que he estado últimamente es normal. Para resarciros hoy os traigo tres nuevas escenas que espero os gusten tanto como a mi, en fin, empezamos:
"Últimamente práctico el español. ¿Podemos hablar un rato en español?..."(lo sé, en la V.O. no es así pero da igual):
Hoy voy a hacer un poco de trampa (o no) ya que voy a recurrir directamente a dos películas, la original y su secuela. Hablo de la gran "Antes del amanecer" y "Antes del atardecer". Dos películas que se conducen a través de las conversaciones entre Jesse y Celine durante un día con su noche en Viena una vez y un día en París 9 años más tarde. En esta primera escena realmente bien llevada, hablan quitandose la vergüenza de encima de lo que realmente sienten en ese momento el uno por el otro, como esas veces que empezamos a hablar y nos arriesgamos a dar un paso más, solo que ellos lo contemplan desde la perspectiva de que ese será su único día. En fín disfrutadla.


"...porque cada persona tiene sus cualidades propias...":
Segunda escena, ahora de la secuela, en la que Jesse y Celine vuelven a encontrarse 9 años más tarde después de que Jesse escribiese un libro sobre aquella noche que pasaron juntos. Es un bonito dialogo sobre lo que apreciamos de toda la gente que queremos, de como nos dejan una marca en nuestra propia persona y ya no volvemos a ser los mismos. Pondría otra grandisima escena de esta película, pero ya para otra entrega.
(lo siento no me deja colocarlo, asi que tendreis que visitar Youtube si quereis verlo. Aqui el enlace)
http://www.youtube.com/watch?v=b3Tp5HwrraY



"Es asombroso, de verdad, genial...":
Muchos de vosotros sabreis (y compartireis) de mi amor descontrolado hacía el cine de acción, y a partes iguales, aunque no lo sepais tantos (aunque si que lo compartireis más) mi amor por Natalie Portman. Esta, actualmente, importante actriz, comenzó sus pinitos en el cine formando pareja con Jean Reno en "Leon, el profesional", posiblemente la mejor película de Luc Besson, donde se retratan las peripecias de Leon después de tomar bajo su tutela a Mathilda, poco después de que su familia haya sido asesinada. Toda la película es magnífica y os la recomiendo, pero adoro esta escena por ver a Natalie haciendo de Chaplin. Disfrutadla.

martes, 11 de enero de 2011

Obsolescencia Programada

Estaba claro que esto existía desde hacía mucho, pero no deja de sorprenderme el caso de la impresora. Si podeis verlo entero, merece la pena.
Un saludo

martes, 30 de noviembre de 2010

La despedida


La mañana era fría a pesar de que el Sol se presentaba resplandeciente en lo alto del cielo. Ella iba de un lugar a otro dentro de la habitación, cogía una prenda de ropa la metía en una maleta, volvía a la cocina, recogía la caja donde se encontraba su colección de tazas y la dejaba en el quicio de la puerta entreabierta donde un joven la tomaba y la depositaba en el pequeño maletero de un Renault 5 rojo.
Poco a poco la casa, como un velero, se iba desarbolando dejando todos sus rincones vacios de objetos y recuerdos. Cuando ya solo quedó en el suelo su mochila verde que siempre la acompañaba, se detuvo un momento mientras se la colocaba en la espalda y miró con tristeza y añoranza las cuatro paredes de aquella habitación. Se acerco a una de ellas y pasó sus dedos por los dos agujeros que años atrás ella misma había hecho. Había sido la primera vez que había utilizado un taladro, en este caso para poner un par de estantes, y como buena inexperta finalmente habían quedado torcidos. En ese momento se reía, pero recordaba la cantidad de veces que había colocado algo con forma esférica y había rodado hasta caer en su cama, desembocando en algunos casos en divertidas anecdotas relacionadas con sus primeras relaciones sexuales.

Se dirigió al marco de la puerta, lo tanteo con sus manos, se mordió un poco el labio inferior y no pudo evitar darle un beso a este como si se despidiese de un viejo amigo, al fin y al cabo eso es lo que era.
Encaminó sus pasos al exterior de la pequeña casita donde le esperaba el joven conductor de pie en mitad del jardín de entrada. Éste sabiendo lo que debía estar pasando ella rápidamente le ofreció sus brazos abiertos, los cuales fueron instantaneamente tomados en el abrazo que necesitaba la chica.

-Me da mucha pena -Comentó la joven.

-Lo sé mi vida.

Ella se giró mirando la fachada blanca de la casa, tomó una gran bocanada de aire y en un instante sus ojos fueron arrasados por las lágrimas. Él la apretó con fuerza contra su pecho y depositó un beso en su frente, verla así hacía que le doliese casi tanto como a ella. En ese momento, la chica levantó la vista y con los ojos reflejando la mayor determinación posible le hizo un gesto para que se fuesen al coche.
Ambós entraron en el vehículo, abrocharon sus cinturones y mientras el joven arrancaba ella dirigió una última mirada a la que hasta entonces había sido su casa. Ya no quedaba dentro nada de ella, solo una leve fragancia que con el paso del tiempo se esfumaría olvidando lo que alguna vez había sido aquel lugar.

El vehículo iba descendiendo la calle con lentitud debido a la cantidad de trastos con los que cargaba y a que el firme estaba mojado por el rocío que aún no había conseguido secar aquel sol invernal. De repente la joven le dió un golpe en el hombro al conductor y le pidió que se detuviese un segundo. Salió del coche y se dirigió al centro de una pequeña plaza que se abría a su derecha.

En el centro de aquella plaza había una fuente de piedra en la que la chica sumergio las manos para posteriormente enjuagarse la cara al tiempo que se recordaba "la mejor agua del mundo". Con la cara mojada, levantó la vista y apreció las vistas que le ofrecía aquel mirador. Se subió en el bordillo que rodeaba aquel lugar, y de pie, desde la esquina de la plaza hizo un ligero paneado con aquel bello paisaje, como si quisiese grabar la estampa en su disco duro particular deseando que no se borrase nunca. Ahora ya estaba preparada para continuar adelante.
Se volvió al coche, miró a su acompañante y solo pudo susurrarle un "Gracias" al tiempo que lo besaba con ternura y decía adiós.


Bueno espero que os guste este cortito relato. Os adjunto la música que lo inspiró:

jueves, 18 de noviembre de 2010

Aún hay gente que me sigue preguntando el por qué

Hola a todos
Hace una semana andaba por Granada haciendo la parte de Multiaventura del curso de monitor de tiempo libre y estando al lado de la pared mucha gente me preguntaba porque me gustaba tanto la escalada. Se que la roca de Cahorros no es la mejor para explicarle a un neofito el porque te gusta pegarte a la pared y apretar el culo para subir arriba, pero de todas formas lo intenté tanto como me permitía la abrasiva roca de este paraje cercano a Monachil.
Con gran pasión les relaté como había comenzado a escalar gracias a Pedrito (ya hace un año campeón) que me convenció, y como desde el principio me enganchó al ver lo que podías hacer, con que empuje y con que resultados. La motivación es brutal porque siempre hay un proyecto, un paso puerco que quieres limar o un nuevo grado que alcanzar. Luego la filosofía es preciosa, ese "hacerte uno con la pared", ese "pegate a que te hable la roca", etc. La gente que rodea el mundo de la escalada es por lo general genial, aunque no voy a negar que existen los típicos flipaos que van de pros y que casi no puedes mirarlos a la cara.
Pero sobretodo lo que más me gusto fue una sensación que solo he tenido antes con el balonmano y cuando he estado muy muy en forma. Esa sensación no es otra que el ser consciente de los límites que tiene tu cuerpo, que siempre son más lejanos de lo que creemos. Es increible como llegado un momento dices "si pongo este pie aquí y esta mano aquí, llego a aquel punto", un punto que desde abajo te parecía muy lejano. Consigues comprender como funciona y trabaja tu cuerpo, y el ser tan consciente de ello de verdad que no tiene precio.
En fin, os dejo un video de Youtube que os puede ayudar a ver un poco de esa pasión que cada vez más gente comparte.
Un saludo

domingo, 7 de noviembre de 2010

Grandes escenas del cine (VI)

Hacía ya bastante que no posteaba aquí mís típicas 3 escenitas. Pues bien, hoy han vuelto mis recomendaciones sobre el septimo arte:
-"Y si me tocas te mato": Bruce Willis haciendo de Bruce Willis, eso es lo que siempre deseamos los que somos seguidores del cine de acción. Si en "La Jungla de Cristal" Bruce Willis es John McLane y ya es un tipo muy muy duro, en "El último Boy Scout", que es como se llama esta película que dejaría a John Woo por los suelos, Willis hace un papel que le viene como anillo al dedo. No solo da estopa, si no que también la recibe, eso sí, sin perder ni por un instante su media sonrisa y esa actitud de tipo duro pasado de vueltas.
Si alguna vez os preguntan como debeis comportaros en una situación en la que todo se os plantea de culo, acordaros del bueno de Bruce y seguid la actitud de "Que empiece la fiesta!".


-"...pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable...": Si tuviese que decir una película de la que rescataría más de 5 escenas, quizá "El indomable Will Hunting" fuese la elegida. Film tremendo con guión de Ben Affleck y Matt Damon, donde los dos chicos de Nueva Jersey narran la vida de Will, un joven genio para las matemáticas que pasa desapercibido trabajando en la construcción o limpiando pasillos hasta que resuelve un problema planteado por un profesor en la universidad. Tan chocante fue que Affleck y Damon hubiesen parido un guión tan bueno que durante un tiempo se jugo con la idea de que en realidad el guión fuese del también guionista y amigo de los dos Kevin Smith.
Esta escena pone los pelos de punta cuando Robin Williams (en una de sus mejores actuaciones con diferencia) le deja las cosas claras a Will, días después de que este hubiese menospreciado una pintura realizada por el psicólogo. Rapidamente le devuelve al status en el que no deja de ser un crio que se defiende atacando a los demás, un crio muy inteligente, pero lo suficientemente estupido como para dejar que el miedo no le permita atreverse a quitarse su coraza.


-"¿Quién es Keyser Soze?": No voy a dar ninguna información de esta película, porque merece ser vista y así conocer a uno de los mejores villanos de toda la historia del cine. Es más en una encuesta hecha por la revista "Rolling Stone" lo colocan como el mejor villano del cine, por encima de personajes como Darth Vader por ejemplo. En esta escena, Verbal Kint (Kevin Spacey) narra lo poco que se conoce del villano turco Keyser Soze, demostrando la brutalidad de este.
Un film no recomendable, sino obligatorio, manejado con cuidado y primorosidad hasta conseguir que sea una de mis películas favoritas. Por favor, teneis que verla, porque yo aquí no puedo contar nada de este film.


En fin 3 más y espero que os gusten, un saludo.