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sábado, 10 de febrero de 2018

Invierno

Poco a poco, su conciencia comienza a abandonar la nebulosa del sueño y sus ojos entrecerrados empiezan a percibir la habitación en penumbra que le rodea. No hay un sólo ruido que rompa la paz que se respira, sólo los intermitentes crujidos de las paredes de madera al contraerse por el frío exterior. Su cálido refugio bajo las mantas muestra un contraste radical con el entorno que le espera fuera de ellas, y nadie quiere salir a ese gélido infierno cuando la cama se muestra más benevolente y mantenerse ahí dentro hace que cualquier tribulación no parezca (tan) real.
Las brasas de la chimenea que calentaban el pequeño habitáculo se apagaron hace varias horas, pasando de ser refulgentes bloques de madera incandescente que emanaban energía, a negras rocas, frías e inertes. Se atreve, por un segundo, a sacar su pie de la protección que le proporcionan las sabanas, pero lo devuelve a aquel cálido interior, después de que el aire gélido ataque cada centímetro de su piel con pequeños puñales de hielo, proporcionándole la excusa perfecta para remolonear un poco más. "5 minutos más"
Haciendo un esfuerzo que le parece sobrehumano, consigue incorporarse y sentarse en el lateral de la cama, al tiempo que se frota sus ojos, de un imperceptible verde en aquella oscuridad. Le pesa el cuerpo, el alma y el corazón, pero ya no queda más opción que ser valiente, que mirar al presente directamente a lo ojos y sonreír con desafío. Con esa sonrisa, sus pasos se dirigen a la ventana más cercana, donde abre los postigos y deja que la luz por fin se haga dueña y señora de la pequeña cabaña de madera y le regale una preciosa postal del bosque cubierto de nieve. 
Un escalofrío le recorre la espalda, recordándole que aún está en pijama y que la chimenea sigue apagada, así que rápidamente se dirige al armario y se viste con un pantalón viejo y un jersey de lana raído que ha utilizado más veces de las que consigue recordar. Con el frío que hace, decide ponérselos encima del pijama, lo cual le revuelve ligeramente el pelo. Bracea y se sopla las manos con fruición para ganar algo de temperatura, tras lo que se decide a encender la chimenea, que mira impertérrita desde la esquina de la escueta habitación. Si "la práctica hace al maestro", en lo referente a encender aquella chimenea, no le queda nada más que aprender. Al primer intento, la llama generada es vivaz y suficientemente intensa como para crecer y ser capaz de calentar aquella habitación y el alma de la persona afortunada que pueda gozar de su cálida caricia.
Con la satisfacción del trabajo bien hecho y notando como todo a su alrededor se va calentando, se dirige a la pequeña cocina donde con relajada parsimonia va preparando unos huevos revueltos, los cuales acompaña con un café que baña con su bendito olor todos los rincones de la cabaña y transporta su memoria en una décima de segundo a su niñez. Lo único que se le pasa por la cabeza cuando aspira ese cálido olor es "Estoy en casa".
La leña ya chisporrotea con alegría a su espalda, sus ojos se pierden a través de la ventana y disfrutan de la visión de los copos de nieve en su lento descenso, su paladar hace lo propio con los huevos que con maestría ha cocinado, sus extremidades se calientan al abrazo del fuego de la chimenea con ese calor del que sólo gozan los amantes que se encuentran y su nariz se deleita con el aroma que expele la taza que sujeta en sus manos. Sus cinco sentidos se ven recompensados en aquella fría mañana, y su corazón grita en un susurro que aquel momento no acabe nunca, que sea eterno. Lejos de preocupaciones, de deberes, de necesidades, de problemas, de insatisfacciones y de falsa y diluida felicidad que no es comparable a la que ahora puede percibir. Paz, paz a pesar de todo, paz para esperar con paciencia la llegada de la primavera.
Cierra los ojos e inspira profundamente, permitiéndose por un segundo ser consciente de su propia existencia, algo tremendamente complicado en la vorágine del día a día. Sólo un ligero sonido del exterior hace que abandone aquel estado de introspección. La nieve en el exterior cruje con delicadeza, apelmazándose bajo las negras pezuñas de un solitario zorro que rebusca con su hocico en los restos de comida que se han caído del barril donde el compost se descompone lentamente, preparándose para la próxima estación. El zorro roe con determinación los restos de medio membrillo mientras la puerta de la cabaña se abre en silencio. Desde el marco de la puerta y con la taza de café aún en sus manos, se dedica a observar al rojizo animal con la misma curiosidad con la que lo hubiese hecho en su infancia, al fin y al cabo, sólo la inocencia se marchó para no volver. 
La paz que envuelve todo es sobrecogedora y hace imposible evitar una sincera sonrisa, una de las que viste el alma. El zorro por fin se da por aludido y mira con precaución a la criatura que le observa desde la entrada de la cabaña. Es un espectáculo de la naturaleza. El pelaje del animal brilla rojo en contraste con la nieve a su alrededor, casi parece que esté en llamas, como si fuese una brasa de la chimenea que calienta el hogar. 
Da un último sorbo al café mientras goza de la visión que le proporciona aquel peculiar compañero y se maravilla al pensar que sólo les distancia un porcentaje mínimo de su ADN. "Tú y yo, estamos hechos de polvo de estrellas". El zorro, como si hubiese entendido este último pensamiento y visiblemente más relajado, hace un ligero movimiento de cabeza, coge lo que queda de un muslo de pollo y comienza a alejarse por el blanco escenario, como una alegre llama en retirada. Finalmente, una vez llega a la linde del bosque, se detiene, mira hacia atrás exhibiendo su ígneo pelaje y casi se le puede escuchar decir "Estás en casa".

Música:




domingo, 25 de enero de 2015

Destinos Amotinados

La entrada a la estación se adivina abarrotada, nada sorprendente siendo un domingo por la tarde y sabiendo que todo ese bullicio es porque miles de personas se disponen a coger el tren con destino a sus hogares después de un reconfortante fin de semana de asueto. Para mi no lo ha sido tanto, los últimos días han sido precipitados, estresantes y en cierta medida asfixiantes por la expectación y angustia que me provocaba esta tarde en la que voy caminando a tu lado de camino a la entrada de la estación.
Como se podía esperar, la hora y media previa, en la que nos hemos acurrucado al calor de una buena conversación, una cerveza y con nuestras miradas encontrándose a medio camino de nuestros pensamientos, ha transcurrido afable y ha derretido los carámbanos que se habían aposentado en el hilo que conectaba nuestro teléfono hecho con dos vasos de plástico. Pero ahora nuestros pasos se encaminan hacía a un andén en el que nos diremos adiós sin saber si nos volveremos a ver, donde sentiremos que nos hacemos sangre de tanto mordernos el labio.
Te miro de reojo y veo que el reflejo era recíproco, con lo que se me escapa una media sonrisa, a la que tus labios responden con una entera, como si intentasen enseñarme como se hace. "Estás preciosa" es lo que aparece en mi mente con una fuente demasiado grande, en negrita y subrayado, como para que yo pueda pensar en otra cosa, provocando que mi corazón se vengue contrayéndose y pateando mi estómago. Con todo perdido es cuando aparecen siempre las prisas y la valentía (¡¡¡vaya valentía de mierda!!!)  se persona en el lugar. Así, poco a poco, mi boca va dibujando palabras que el universo se encarga de difundir a tus oídos.
-Pues aunque no te lo creas, te voy a echar mucho de menos.
-Yo también te echaré mucho de menos -respondes y como si te dieses cuenta en ese mismo momento de lo pesadas que son tus palabras, te apresuras a añadir- ya sabes, siempre viene bien tener una casa por aquí cuando lo necesitas.
Ambos reimos, pero sabemos que ese comentario no ha servido para quitarle hierro al asunto.
-No, en serio, te voy a echar mucho de menos, porque no sé como, pero te has vuelto una persona tremendamente importante para mi -me dices, con tus ojos pidiéndome que les crea y que te comprenda.
-No, te mentiría si te dijese que el sentimiento es mutuo -contesto intentando no dejarme llevar por la situación.
-Es que todo el tiempo que pasamos cuando estamos juntos es muy... demasiado intenso -la frase me sorprende con la guardia baja y se refleja en mi cara, definitivamente no estaba loco cuando miles de ideas sobre nosotros se agolpaban en mi cabeza- Entiéndeme, siempre todo es tan genial cuando estamos juntos que claro que he pensado en nosotros, pero tengo novio y no quiero arriesgar eso por algo que no sé si es solo un impulso o es algo más.
Intento recuperar la estabilidad, ese último comentario ha sido como un directo a la nariz que me ha dejado aturdido, casi puedo escuchar al arbitro encima del ring contando hasta diez.
-¿Qué te voy a contar que no sepas? Por supuesto que tú despiertas lo mismo en mi, y mil veces me he muerto de las ganas de dar un paso adelante y olvidarme de las consecuencias, pero como ya te dije una vez, tengo una regla, una estúpida regla que es "nunca tirarle los trastos a una chica con novio", y esa puta regla ahora mismo me está matando. -respondo casi en un tono visceral, para mostrarte que el dolor es casi físico.
-Lo sé, y eso me jode aún más. Porque si fueses un capullo que intentó ligar conmigo a pesar de todo, pues te hubiese mandado a la mierda y me habría olvidado de ti. Pero no, siempre has sido ese chico majo que intenta hacerme reír, que me escucha y respeta mi espacio, y eso, al final hace todo más difícil.-comentas con pasión y con tus ojos encendidos en llamas, esos ojos, esa mirada dulce y pasional que tanto añoraré.
-Lo dices, como si te jodiese que me comportase como un buen tío -te respondo con cierta sorna, intentando relajar la situación. pero tu no sonríes.
-No, te lo digo, para que entiendas, que aunque supongo que para ti no es fácil, tampoco lo es para mi. Que muchas veces me he planteado que hubiese ocurrido si la situación fuese distinta, si nos hubiésemos conocido en otro momento. Que no digo que hubiésemos acabado juntos, pero si te hubieses mudado a mi ciudad tengo claro que mi relación no hubiese aguantado contigo cerca. Porque si hubieses intentado algo teniendo yo pareja, por descontado te hubiese dicho que no, pero no sé por cuanto tiempo.
En ese momento noto como tus palabras forman un puño que me acierta un gancho debajo del mentón, es indiscutible, ha sido victoria por KO y yo sigo tendido en la lona viendo destellos y sin posibilidad de moverme.
-No me digas eso..., no...no es justo, porque... porque eso me acaba de destrozar por dentro -y no miento, noto como mis órganos internos se licuan y me convierto en un cascarón vacío- porque todo esto es muy difícil para mi, porque me duele.
Hago una pausa, no sé si para recuperar el aliento o para evitar que mi alma se me escape por la boca. Te miro y veo que tu no estás mejor que yo, veo que tus ojos se han enrojecido ligeramente, lo mismo que supongo que sucede con los míos.
-¿Sabes? Hace unos años tuve un compañero de piso que me dijo sobre esa regla mía que era jodidamente estúpida, porque llegaría un momento en que conocería a una persona espectacular, una persona con la que conectara a un nivel realmente profundo, una persona que de verdad me llenase, pero que esa persona estaría en una relación, y por culpa de esa puta regla -y casi mastico las palabras mientras lo digo- yo no haría nada. -veo la sorpresa en tu rostro y admito que también distingo tus ojos implorando que no continúe, que no diga lo que estoy a punto de decir, pero los muros del dique se han destruido y ya no puedo contener el agua- Esa persona eres tú.
El silencio entre tanto bullicio nos envuelve y nuestros ojos se clavan el uno en el otro a menos de un metro de distancia. El andén está lleno de gente, pero para nosotros está vacío, no hay nada más que nosotros y el muro invisible que nos separa. Ese es nuestro universo, un universo aterrador que demuestra su amor por el suspense cuando hace aparecer en el andén el tren que nos separará para siempre. Los segundos se nos escapan de las manos y aprovecharnos los últimos que nos quedan para abrazarnos con rabiosa fuerza.
Percibo tu fragancia por última vez cuando desentierro mi cabeza de tu cabello y nos separamos. Nuestras manos se sueltan y tú te encaminas decidida al tren, decisión que solo flaquea cuando te vuelves al subir el último escalón y me despides con la mano. "Estás preciosa".
Cómo si mis pies pesasen tres toneladas cada uno, voy dirigiéndome lentamente y con el corazón cerrado por derribo hacía las escaleras que me alejarán del andén y donde mis ojos se humedecerán mientras mi boca pronuncia "suficiente".
Nuestros destinos, el tuyo y el mío, se separan sin que nunca llegasen a cruzarse. Corrieron tanto en paralelo que olvidamos que siempre hubo una mampara entre nosotros, y ahora el tuyo se escapa en tren de alta velocidad y el mío se dedicará a pasear por la fría ciudad siempre en dirección opuesta.

sábado, 22 de noviembre de 2014

El jugo de la vida


No vivas ni un minuto de tu vida con incertidumbre, porque no servirá de nada. Disfruta cada momento, saboreando tanto los aciertos como las equivocaciones, te harán crecer y pasado el tiempo recordarás ambos con renovada ternura. Sólo espero poder verte vivir la vida con valentía y con una cierta inocencia, con ganas de conocer el mundo que te rodea y portando la curiosidad como la bandera del barco pirata con el que navegas por tus sueños. Que tus ojos vean más allá que los ojos de los demás, pero no por ello abraces la soberbia, porque los seres humanos que hacen de la humildad una cualidad, son los que realmente se acaban ganando el respeto de los demás. También quiero que sepas que la sonrisa puede ser un arma muy poderosa, no para utilizar contra aquellos que quieran arrodillarte, si no para arrodillar a tus propios demonios, amaestrándolos y poniéndolos a tu servicio cuando sientas que necesitas algo más de energía. Vive con valentía, ningún error que puedas cometer será peor que tener un "...y si..." alojado en tu espíritu durante semanas, meses o quizás toda tu vida. Ten respeto, nunca miedo, porque el miedo solo paraliza y te hará ser irracional; el respeto en cambio, te mostrará el siguiente paso para comprender que es aquello que te amenazaba y el entendimiento de lo que hay a tu alrededor puede convertir sombras chinescas de dragones, en pequeños ratones aterrados escondidos a la luz de una bombilla.
Oteo el horizonte desde un risco en mis sueños y tú estás a mi lado viendo lo mismo que yo, tu cabello danza con el viento un alocado baile que ni el más esquizoide de todos los músicos podría reflejar en una partitura. Tus ojos retan al sol a ver quien de los dos puede brillar más y el sol como respuesta huye avergonzado y enrojecido unos minutos antes del ocaso. Veo entonces que sonríes y un destello familiar viene a mi cabeza, esa media sonrisa es demasiado entera y demasiado particular como para que yo pueda evitar sonreír al mismo tiempo. Te hice una promesa hace algún tiempo y no pienso incumplirla mientras me queden fuerzas, ya descubrirás lo cabezota que puedo llegar a ser, te lo advierto, es una cosa de familia y hay veces que no se puede luchar contra los genes. Me gustaría que llegues a comprender que la tenacidad bien entendida es una gran cualidad, y que apretar los dientes contra viento y marea para al final conseguir tus objetivos puede ser adictivo, tanto, que puedes llegar a convertirte en una amante de las causas perdidas.
Aún pasará un tiempo para que comprendas todo lo que he querido decirte en estas lineas, pero no te preocupes, intentaré ir mostrándotelo cada vez que tenga oportunidad, ya te he dicho que puedo ser muy cabezota. Y a pesar de que cada vez que pienso en ti la nostalgia y el amor me atraviesen por cada lado, como si de dos estoques se tratasen, será la primera vez que no tomaré represalia alguna a ese ataque indiscriminado, todo lo contrario, jugaré al mismo juego fraticida que tú, sin siquiera saberlo, has perfeccionado. Buscaré cubrirte de sonrisas, compartir grandes experiencias y transmitirte mis consejos algo devaluados, para que así cuando yo me aleje, sufras ese ataque sorpresivo y notes que el amor y la añoranza te han atravesado. Pero recuerda, tienes que seguir siendo fuerte, tienes que seguir aferrándote a la vida como hasta ahora lo has hecho, con manos, boca y dientes, porque exprimirla es la única forma de sacarle todo el jugo, toda la simiente.

domingo, 13 de abril de 2014

Palabras eclipsadas

El viento hace balancearse a la hierba que crece en el parque. La brisa, inmutable en su camino e intransigente en sus decisiones, se agradece en este soleado día a principios de Mayo. Las flores empiezan a mostrar sus bellos colores en todo su esplendor y el Sol ofrece su cálido abrazo a todo el que lo quiere recibir.
En uno de los bancos, un joven con gorra otea el horizonte con mirada ansiosa e impaciente. Cruza una pierna sobre la otra y se plantea que quizá debería haber elegido unos pantalones cortos y una camiseta clara, y no los vaqueros y la camiseta negra descolorida a base de tantos lavados que lleva puestos en estos momentos, pues el sol está comenzando a tostarle, cosa que empeoraría si no fuese por aquella brisa matutina.
Y es con una de las ráfagas de aquella brisa primaveral con la que aparece el interlocutor que el joven estaba esperando y que se anuncia con un simple "Ey". El joven de la gorra entorna los ojos para divisar la figura de su amigo que a contraluz es difícilmente definible. El otro hombre es quizá ligeramente más mayor que el joven de la gorra y luce una descuidada barba a través de la que se puede vislumbrar una tímida sonrisa, quizá algo avergonzada por haber hecho esperar a su amigo.
-Disculpa, pero ya sabes como va esto, con que haya un pequeño atasco de camino luego ya no lo puedes recuperar.
-Si bueno, y tu que siempre vienes con la hora pegada al culo -Responde el joven de la gorra en tono jocoso.
-Buah!, ¿qué más quisiera yo que poder venir más a menudo? Pero sabes que al final solo tengo oportunidad de venir por aquí una o dos veces al año -Espeta el joven de la barba mientras mesa su cabello rubio.
-Ya, ya lo se -Dice con cierto tono apesadumbrado mientras en sus labios se dibuja su clásica sonrisa de medio lado al tiempo que mira la camiseta de su interlocutor y continua- ¿Una camiseta del disco Americana de OffSpring? A ver, entiéndeme, como gusto es irreprochable, pero tiene ya unos cuantos años, ¿lo sabes, verdad?
-Si, si, pero como tú has dicho es un disco genial y además siempre puedo decir que es que soy retro.
Ambos ríen como no han podido hacerlo en años y por un instante sienten esa conexión que siempre tuvieron, ese calor que hace años les arrebataron de dentro, y que se puede ver en las miradas sinceras de cada uno de los dos, tras lo cual se sientan en el banco a disfrutar de ese día de reencuentro.
-Toma, te he traído una cervecita especial de las que a ti te gustan, que estoy seguro que hace mucho que no has podido catar ninguna -Dice el joven de la gorra mientras le ofrece el brebaje a su compañero.
-Oh dios, esto si que te alegra el día y no verte el careto a ti jajaja. Bueno, cuéntame, ¿qué tal todo por aquí? ¿Cómo te trata la vida?
-Bien, bien, no me quejo, tirando para adelante y construyéndome la vida, que es lo más gratificante al fin y al cabo. Ya sabes, cuando empiezas a verte autosuficiente es una sensación genial. ¿Y tu qué tal? ¿Como va todo por allí? ¿Te sigues matando a currar?
-Hombre, pues si, si no fuese por todas esas horas extras no podría estar ahora mismo aquí. Pero bueno, lo cierto es que es durillo, se echa mucho de menos a la familia, no te tengo por allí para echarnos unas birras y unas risas de vez en cuando y me gustaría poder pasar más tiempo con mi hermana, que hace bastante que no la veo.
-No te preocupes, está bastante bien, un poco atontada y atolondrada, pero ya la conoces. De todas formas no te preocupes, le irá bien, si hay una cosa que se le da bien es hincar codos -Responde el joven de la gorra gesticulando de forma cómica, pero se serena al ver la mirada ausente de su amigo y agrega- Siempre te pudo ese sentimiento de hermano mayor jejeje.
-Si, pero casi te lo delegué a ti.
-Bah, pero no te rayes, tu te tuviste que ir y yo no tenía problema en echarle un ojo de vez en cuando -A lo que el joven de la barba asiente y sonríe, recordando porque echa de menos tanto ese tipo de amistades que no son tan fáciles de encontrar y que en algunos casos como este, solo se entienden desde la convivencia mutua desde que ambos tienen memoria.
Prosigue el día y prosiguen los chascarrillos y anécdotas entre uno y otro. Van compartiendo todo aquello que tenían que contarse y que en el largo plazo que han estado sin verse no han podido hacer. Se ríen bien a gusto mientras pasean por la ciudad, comen en un restaurante y apuran un café en la terraza de un bar. Las risas se hacen tan sonoras que ninguno de los dos puede evitar que se le salten las lágrimas en mas de una ocasión, pero como el día, que se va despidiendo mientras el sol se va escondiendo, aquel encuentro también va llegando a su fin cuando los dos amigos vuelven al parque para despedirse.
-Bueno, ¿cuándo voy a volver a verte? -Pregunta el joven de la gorra.
-Pues espero que el año que viene por estas mismas fechas. ¿Te viene bien?
-Sabes que yo encantado, casi me lo tomo como un regalo de cumpleaños adelantado jejeje.-Con lo que vuelven a reir y tras lo cual se hace un silencio que acaban llenando con un abrazo- Se te va a echar de menos tío.
-A ti también -Responde el joven de la barba mientras palmea la espalda de ese gran amigo al que no podrá ver en algún tiempo- Por cierto, sigue así, te lo estás currando y todo esto no te sienta nada mal. Ya sabes, aprovéchalo de todas las formas que puedas y tomate unas cuantas a mi salud.
-Descuida que lo haré, sabes que siempre sigo tus buenos consejos -La risa se vuelve a desatar y se separan finalmente para dirigirse cada uno en una dirección contraria, pero el joven de la gorra se vuelve al instante y no puede evitar preguntar.
-Por cierto, ¿quieres que les diga algo a tu hermana o a tus padres?
-No, no te preocupes, ya iré yo a visitarlos pronto.
El joven de la gorra asiente y se despiden con la mano una vez más, se dan la vuelta y comienzan a caminar con esa sonrisa en la cara, ese calor que proporciona la verdadera amistad en el interior y esas palabras en la punta de la lengua que dicen "Hasta el año que viene" y que se han quedado eclipsadas.


domingo, 16 de febrero de 2014

Las segundas oportunidades son para las películas

   -¡¿Qué quieres que te diga?! ¿Qué esperabas que ocurriese?
Ella escuchaba estoica el rapapolvo. La tormenta se cernía sobre ella y no conseguía si quiera encararla, y lo peor de todo es que había sido ella quien la había provocado.
  -Fuiste tú quien cambió las reglas, fuiste tú la que un buen día dijiste que necesitabas tu espacio, encontrarte de nuevo y no se que más palabrería, y yo lo acepté, y me lo tragué ¿Sabes por qué? Porque estaba loco por ti y pensaba que eras una persona especial, alguien genuino que valía la pena. Así que no hice preguntas, hice lo que me pediste, te di tu espacio, no te presione y continué con mi vida como si nada hubiese pasado a pesar de que lo primero en lo que pensaba cada mañana era en ti, y eso me mataba.
Con la cabeza gacha, ella notaba como las lagrimas resbalaban por sus mejillas y se precipitaban al suelo estallando en mil pedazos; algo parecido a lo que estaba ocurriendo en su interior en ese justo instante. Se maldecía a si misma, por tomar aquella decisión tiempo atrás y por todo el dolor que le había provocado a él, la única persona con la que quería estar. ¿Cómo había sido tan tonta? ¿Qué le llevó a tomar esa maldita decisión?
    -...y ahora que yo estoy bien, que he pasado página, me vienes a decir que me necesitas, que todo puede volver a ser como antes. ¿Crees acaso que no me tengo ningún respeto? -El silencio que vino tras la pregunta la atravesó de lado a lado, pero no era capaz de articular palabra, solo quería que fuera como fuera él matase ese silencio, aunque fuese para que las palabras la golpeasen de nuevo. Aún así sería mejor que tener que enfrentarse a tener que articular unas palabras que en ese momento se adivinaban inalcanzables.
Él se paso la mano por la cabeza como si quisiese aliviar la presión interior creando surcos con sus dedos a lo largo de su cráneo, pero al ver que era imposible resopló, no solo echando el aire, si no todo lo que había mantenido en su interior en los últimos meses y las lágrimas se escapaban. Malditas lágrimas que le traicionaban justo ahora
  -Desapareciste casi sin dar una puñetera explicación y ni siquiera tuviste la valentía de darme la oportunidad de decirte todo lo que tenía que decirte, de tragarte lo que habías provocado.
Ella intentaba replicar, pero no había oportunidad, su voz estaba aterida y su corazón acorralado ante la genuina rabia que irradiaban las palabras que él pronunciaba. Buscaba con todo su alma un atisbo de fuerza para sobreponerse, un resquicio en el discurso de él, un punto donde no tuviese razón, un lugar donde replicar. Pero ella sabía que no lo iba a encontrar, que en aquel caso él tenía razón y quizá ahora era demasiado tarde para decirle lo que ella sentía. Necesitaba gritar a los cuatro vientos que se había equivocado, que quería volver atrás en el tiempo y que nada de eso hubiese pasado, que le había querido con rabiosa intensidad y que lo seguía haciendo, que sentía todo aquello pero que se había dado cuenta de que no iba a encontrar nadie como él, porque lo había intentado y tras ver lo que el mundo le ofrecía había comprendido su error. Por lo que más quisiera tenía que escuchar, tenía que comprender que todo el mundo se equivocaba, pero ella se había dado cuenta de su error y quería subsanarlo, no quería perderle.
   -...me dices que quieres volver a lo que teníamos antes, ¿y cómo puedo yo confiar en eso? ¿Quién me dice que dentro de un tiempo no volverá a ocurrir lo mismo? -Sus furiosas lágrimas ya corrían sin control por sus mejillas- Te fuiste tan rápido que pareció que no supuso ningún esfuerzo para ti, como si no hubiesen sido verdad todas aquellas veces que me dijiste que te importaba.
    -Si que eran verdad, me importabas mucho...me importas mucho, de verdad créeme.
    -La cuestión es que ya no sé si puedo creerte...Dices que quieres estar conmigo. Hoy, ¿y mañana? Te lo dije el día que me dejaste, yo no quiero estar con nadie que no este al cien por cien seguro de que quiere estar conmigo.
La culpa, la tristeza y el dolor la mataban. ¿Qué tenía que hacer para que él le diese una oportunidad, para que el recordase lo felices que habían sido juntos? Haría lo que fuese, pediría perdón, se humillaría, aceptaría su culpa, lucharía por él, lo gritaría a los cuatro vientos si fuese necesario. Pero su boca no se abría para pedir perdón, no se humillaba, no aceptaba la culpa, pero sobretodo no estaba luchando por él y eso apuñalaba a cada segundo su corazón. ¿Cómo iba él a escucharla si no conseguía transmitirle que él y solo él era la única persona en este mundo capaz de hacerla feliz como nadie mas lo haría? Poco a poco y comprendiendo todo lo que podía perder sus labios se fueron abriendo degustando el sabor salado de sus lágrimas.
   -Lo siento, lo siento de verdad. Estaba equivocada y ahora me maldigo cada mañana porque no estás a mi lado. Lo siento tantísimo, no se como convencerte de cuanto lo lamento, pero es verdad. Solo te pido que me des una segunda oportunidad para arreglarlo, para demostrarte que lo que digo es verdad.
Los ojos de ambos, arrasados por el llanto, se encontraron durante un medio segundo que les pareció una eternidad, tras lo cual, él solo pudo decir con aire derrotado.
   -Lo que ocurre es que después de todo este tiempo no se si las segundas oportunidades son solo para las películas...

Y como siempre la inspiración aquí:


domingo, 3 de febrero de 2013

El lado positivo

El día es soleado y solo algunas nubes que parecen estar hechas de algodón motean la monotonía azul del cielo. Aunque el Sol calienta con cierta agresividad, la brisa que recorre la ciudad ayuda a que la temperatura sea sumamente agradable y que la decisión de pasear por el parque sea posiblemente la más acertada en ese día.
Esa ha sido la decisión que ellos tomaron esa mañana, ya no solo porque sea un día que invita a salir de casa sino porque es un día que no es como ninguno de los anteriores y seguramente no será como ninguno de los siguientes. La pareja va caminando por un camino de arena entre los árboles al costado del río, mientras charlan animadamente, se regalan pequeñas muestras de cariño y aderezan cada momento con bromas cómplices que solo entienden ellos y quizá por eso son tan importantes.
A cada paso por el parque una nueva anécdota emerge de sus memorias para golpearles el corazón y darse cuenta de todos los grandes momentos que han tenido la suerte de compartir, como la de veces que se cruzaron siendo simples conocidos en ese mismo parque cuando ella salía a correr y él jugaba a fútbol con amigos, o como se besaron por primera vez tirados en el césped a la mañana siguiente de una fiesta en casa de amigos, o como aquella vez que una tremenda tormenta los dejó calados un día que paseaban por el parque al igual que hoy y que acabaron compartiendo ducha y sábanas para quitarse el frío y arriesgarse a decirse te quiero mutuamente.
Por todas esas cosas ese parque tenía algo especial para ellos, quizá por eso ambos tenían que despedirse de él también como si de un amigo se tratase, el futuro se cernía sobre ellos y no tenían ni idea de como afrontarlo, y menos sabiendo que seguramente tendrían que hacerlo el uno sin el otro. Era lo más sensato, lo más lógico, los dos lo sabían, cualquier otra idea era una locura, pero, ¿por qué demonios no podían volverse locos? Si conectaban a un nivel tan profundo, que hasta ellos, que solían ser tremendamente escépticos con esas supuestas "conexiones", tenían que reconocerlo. Sería a la vez tan fácil y tan difícil. Romper con todo porque era lo que les pedía el corazón en ese momento y vivir más de la ilusión que de la realidad. Desde luego, para un animal como el ser humano que vive en parte de sus sueños y esperanzas era una suculenta opción, pero con un riesgo muy alto en el que nadie en su situación querría pensar, ¿que pasaría si un día su corazón dejaba de pedirles aquello?
No, era la opción más acertada, y por mucho que les doliera ellos también lo sabían. Por esta vez había ganado la distancia entre ellos sobre la profundidad de su conexión, y por mucho que supiesen que era lo correcto, no quería decir que no les doliese. Por ello, y aunque habían prometido no hablar del tema, después de reírse de la última broma de él, ella se quedó más seria de lo normal.
-Es real, ¿verdad? Se acaba.
Ella clavaba sus grandes ojos castaños en los de él, esos ojos cálidos que le seguían sobrecogiendo cada vez que le miraban como en ese justo momento, como si pudiese leer la verdad dentro de él. Los amaba con rabiosa determinación, porque se sentía querido cuando podía verse reflejado en ellos. Se revolvió el pelo al tiempo que suspiraba, un gesto tan clásico en él que ella lo tenía grabado en sus retinas, lo conocía tan bien que sabía que a continuación levantaría la cabeza, sonreiría y le diría la dolorosa verdad, tal y como hizo.
-Si, se acaba. Por mucho que odie pensarlo, se acaba. 
Tras lo que él se giró hacia ella, y acarició la cara de su amada con dulzura, pasando a mesar su negro cabello una vez más, quizás la última, justo cuando dos grandes lágrimas descendían por el rostro de la joven.
-Y pensar que al principio pensé que me odiabas porque te derrame una cerveza encima sin querer cuando llevabas aquel vestido que tanto te gustaba.
Comentó él al tiempo que se reía.
-Y te odié mucho tiempo por ello, y ahora, en cambio, daría lo que fuera porque la semana que viene estuvieras cerca para que volvieses a ser tan torpe.
Ella ahogo un sollozo en ese momento mientras bajaba la cabeza para reprimir las lágrimas. Con delicadeza él posó un dedo en la barbilla de ella haciendo que levantase la mirada con sus ojos arrasados en lágrimas. Él la miró a esos ojos que tanto amaba y poco a poco una sonrisa se fue dibujando en el rostro del joven.
-Pero no te rías ¿Sabes lo que me duele verte sonriendo mientras yo estoy aquí llorando? Y no es ahora, es toda la semana, que parece que a ti no te duele. Dices que te duele, pero no lo parece. Casi parece que te alegras.
Él soltó una sonora carcajada ante el momentáneo berrinche de ella, lo cual más animó su ira.
-¿Lo ves? ¿Cómo puedes decir que te duele, cuando estás siempre sonriendo?
-Claro que me duele, más de lo que te puedas imaginar, pero es que es bueno que me duela.
-¿Cómo va a ser bueno pasarlo mal?
-Porque si no significaría que no es tan importante, que no ha significado tanto. Tú lo miras desde el punto de vista de que será muy difícil que volvamos a vernos. Yo lo veo desde el punto de vista de lo genial que ha sido que hemos tenido la oportunidad de estar juntos, que podía no haber ocurrido, que podíamos no habernos cruzado nunca, pero sin embargo lo hemos hecho y ha sido lo mejor que ha pasado en mi vida. 
Ella lo escuchaba perpleja mientras él seguía sonriendo aunque ahora sus ojos estaban vidriosos.
-Por eso tengo dos opciones, llorar y pasarlo mal sabiendo que no estás cerca, cosa que no hará que te tenga más cerca mío. O puedo sonreír sabiendo que te tuve cerca, que fue real, que marcaste mi vida y que aunque eso tampoco hará que te tenga más cerca mío, sí que hará que el último recuerdo que tengas mío sea a mí sonriendo por haber tenido la suerte de compartir todos estos momentos que para mi han sido increíbles contigo. Por eso creo que tengo que mirar el lado positivo de todo esto, el lado en el que tú me haces tan feliz.
Ella se quedó en silencio un segundo para a continuación decir.
-Buen discurso, pero, ¿vas a darme un beso o no tontorrón? Aunque eso no quita que me siga fastidiando que te rías.
Tras lo que él se río viendo como ella también sonreía y la atrajo hacia él, para besarla una vez más, quizá la última.

jueves, 17 de febrero de 2011

Comerse la vida

Algunos lo sabreis, otros no, pero descubrí un pequeño concurso de relato corto organizado entre otros por la editorial Austral, y tras ver que el premio eran unos suculentos 6000€, me propuse escribir para ver que tal salía. El único problema se me presentó cuando vi que el tope para presentar textos era ayer día 16 de Febrero a las 23:55 de la noche. Así que me vi obligado a que si quería escribir algo debía hacerlo en el plazo de unas horas, aunque por suerte para mi tenía ya decididos todos los detalles del texto.
En fin, el resultado fue mi pequeño relato llamado "Comerse la vida", que aunque no es de los mejores que he escrito, tampoco está mal. Sé también que el hecho de que no sea todo lo bueno que podría ser se debe a que lo envié sin revisarlo, tal y como nació, y eso también tiene explicación, lo escribí en 4 horas y no podía quedarme ni un momento más delante del ordenador leyendo y repasando.
Bueno, sin más os dejo el enlace al relato para que os lo descargueis. Espero que os guste y que me deis vuestra opinión.
Un abrazo a todos
http://www.megaupload.com/?d=I9PD60HX

martes, 30 de noviembre de 2010

La despedida


La mañana era fría a pesar de que el Sol se presentaba resplandeciente en lo alto del cielo. Ella iba de un lugar a otro dentro de la habitación, cogía una prenda de ropa la metía en una maleta, volvía a la cocina, recogía la caja donde se encontraba su colección de tazas y la dejaba en el quicio de la puerta entreabierta donde un joven la tomaba y la depositaba en el pequeño maletero de un Renault 5 rojo.
Poco a poco la casa, como un velero, se iba desarbolando dejando todos sus rincones vacios de objetos y recuerdos. Cuando ya solo quedó en el suelo su mochila verde que siempre la acompañaba, se detuvo un momento mientras se la colocaba en la espalda y miró con tristeza y añoranza las cuatro paredes de aquella habitación. Se acerco a una de ellas y pasó sus dedos por los dos agujeros que años atrás ella misma había hecho. Había sido la primera vez que había utilizado un taladro, en este caso para poner un par de estantes, y como buena inexperta finalmente habían quedado torcidos. En ese momento se reía, pero recordaba la cantidad de veces que había colocado algo con forma esférica y había rodado hasta caer en su cama, desembocando en algunos casos en divertidas anecdotas relacionadas con sus primeras relaciones sexuales.

Se dirigió al marco de la puerta, lo tanteo con sus manos, se mordió un poco el labio inferior y no pudo evitar darle un beso a este como si se despidiese de un viejo amigo, al fin y al cabo eso es lo que era.
Encaminó sus pasos al exterior de la pequeña casita donde le esperaba el joven conductor de pie en mitad del jardín de entrada. Éste sabiendo lo que debía estar pasando ella rápidamente le ofreció sus brazos abiertos, los cuales fueron instantaneamente tomados en el abrazo que necesitaba la chica.

-Me da mucha pena -Comentó la joven.

-Lo sé mi vida.

Ella se giró mirando la fachada blanca de la casa, tomó una gran bocanada de aire y en un instante sus ojos fueron arrasados por las lágrimas. Él la apretó con fuerza contra su pecho y depositó un beso en su frente, verla así hacía que le doliese casi tanto como a ella. En ese momento, la chica levantó la vista y con los ojos reflejando la mayor determinación posible le hizo un gesto para que se fuesen al coche.
Ambós entraron en el vehículo, abrocharon sus cinturones y mientras el joven arrancaba ella dirigió una última mirada a la que hasta entonces había sido su casa. Ya no quedaba dentro nada de ella, solo una leve fragancia que con el paso del tiempo se esfumaría olvidando lo que alguna vez había sido aquel lugar.

El vehículo iba descendiendo la calle con lentitud debido a la cantidad de trastos con los que cargaba y a que el firme estaba mojado por el rocío que aún no había conseguido secar aquel sol invernal. De repente la joven le dió un golpe en el hombro al conductor y le pidió que se detuviese un segundo. Salió del coche y se dirigió al centro de una pequeña plaza que se abría a su derecha.

En el centro de aquella plaza había una fuente de piedra en la que la chica sumergio las manos para posteriormente enjuagarse la cara al tiempo que se recordaba "la mejor agua del mundo". Con la cara mojada, levantó la vista y apreció las vistas que le ofrecía aquel mirador. Se subió en el bordillo que rodeaba aquel lugar, y de pie, desde la esquina de la plaza hizo un ligero paneado con aquel bello paisaje, como si quisiese grabar la estampa en su disco duro particular deseando que no se borrase nunca. Ahora ya estaba preparada para continuar adelante.
Se volvió al coche, miró a su acompañante y solo pudo susurrarle un "Gracias" al tiempo que lo besaba con ternura y decía adiós.


Bueno espero que os guste este cortito relato. Os adjunto la música que lo inspiró:

jueves, 28 de octubre de 2010

Con el viento por montera

Va bajando la calle en bicicleta y ni siquiera parece percibir a la gente con la que se cruza, hay veces en que incluso cierra los ojos y disfruta de la música que se escucha en sus pequeños auriculares. El viento revuelve su cabello y disfruta con ello. Una ligera sonrisa se dibuja en su cara mientras a golpe de pedal va recorriendo la ciudad sin salirse del carril bici.
El sol le acaricia la piel en los momentos en que no hay árboles cerca para servirle de parapeto y su piel se eriza contenta por esa sensación cálida que proporciona el astro rey similar a un abrazo. Podría estar así eternamente si no fuera porque tiene que devolver la bicicleta en una de las múltiples estaciones de la ciudad.
Su sonrisa y alegría es contagiosa. La gente le mira cuando espera en el paso de cebra moviendose rítmicamente con la música que solo él puede escuchar y es inaudible para los demás. No para de dirigir su mirada a los ojos de los que esperan con él y como siempre ocurre, los demás, presas de la estupida vergüenza que impone la sociedad de la impersonalidad, dirigen su vista a cualquier otro lado. Él sonríe porque solamente una niña pequeña le mantiene la mirada y se ríe con él. Quizá no todo esté perdido. Otro soplo de aire que hace que un sombrero salga volando y tanto el ciclista como la niña no aguantan más y sueltan una sonora carcajada. El resto les mira y poco a poco una joven empieza también a reir viendo a la pequeña desternillarse en el suelo. A ella le sigue un hombre mayor y su señora enternecidos por lo bello de la escena.
Se pone en verde y el ciclista se aleja despidiendose con la mano de la pequeña, con tan poco ha conseguido tanto. Él sigue su camino entre los árboles mientras el viento sigue revolviendole el pelo y con una fuerte inspiración, cierra los ojos, expulsa el aire y sonrie como aun no había sonreido ese día. Es algo tan simple, tan nimio y en cambio tan poderoso que le sorprende y en parte le apena que la gente no se dé cuenta cada día de que siempre hay algo por lo que sonreir, por lo que alegrarse de estar vivos.
Es tan bello encontrar una sonrisa y sonreir con ella, que le da lo mismo que sea solo un flash en la bicicleta mientras parece que el viento le transporta a su destino.
Creo que mañana todos sonreirán un poco más.

jueves, 4 de marzo de 2010

Víctimas Reales

Este es un, si se puede llamar así, relato (muy) corto que se me ocurrió el otro día mirando un par de cosas y pensé en escribirlo. Podeís abstraeros tanto como querais e imaginaros cual ha sido la situación que ha desencadenado en este suceso, o incluso la relación entre personajes. En realidad lo he dejado tan poco específico en ese aspecto por lo que ateniendome al lenguaje informático se denomina portabilidad (o que es extrapolable a muchos aspectos). Espero que os guste a pesar de que es bastante directo.
Un saludo
PD: Os pongo la canción que me inspiró a la hora de escribir

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Se encontraba como flotando, no se podía decir que andara aunque sus pies se moviesen. Estaba apoyado sobre dos personas que lo transportaban y guiaban ya que él había perdido el rumbo. En ese justo momento no podría encontrarse la mano aunque la tuviese delante de su cara, por desgracia eso carecía de importancia teniendo en cuenta que posiblemente no podría encontrarse a si mismo nunca más.
Sus pasos plomizos y monótonos recorrían los pasillos mientras sus dos acompañantes le dirigían palabras en un lenguaje que ya no comprendía, con unos gestos que ya no entendía y un cariño que ya no percibía, ya no podía captar todas esas cosas porque todo había perdido el sentido apenas una hora antes ¿Solo una hora? Le había parecido toda una vida, lógico si pensamos que al fin y al cabo había dado tiempo para que una vida terminara y otra tuviese que empezar.
Sus ojos inertes, la laxitud de sus brazos y su inexpresivo rostro dejaban claro que lo que quedaba dentro de ese ser humano ahora carecía de vida tal y como la entendemos. La primera palabra que se venía a la cabeza al verle era “papel” porque no dejaba de parecer una macabra caricatura privada de energía vital. Aquella cáscara rota cruzaba puertas, subía escaleras, respiraba y miraba sin mirar todo lo que se cruzaba ante él, pero a pesar de que su estado físico fuese envidiable se podía decir que era un ente moribundo sin ninguna fuerza ni ganas de vivir.
Sus dos acompañantes le habían guiado hasta una habitación de azulejos verdes. Poco a poco y viendo su nula capacidad para comprender o interactuar con ellos, lo comenzaron a desvestir sin que de su boca saliese la menor queja o reproche, ni siquiera sus ojos, en la profundidad del vació que transmitían aventuraron el mínimo gesto, seguía observando el infinito como si allí se encontraran todas las respuestas que él buscaba. Con gran delicadeza y suma preocupación le quitaron la camisa ensangrentada desde los puños hasta el cuello, los pantalones vaqueros que exhibían una horrible mezcla de arena y sangre, y si se puede decir, le desvistieron del último retazo de alma que le ataba a su vida pasada. Pero él no se quejaba, seguía inmóvil, apagado, roto, en shock y deseando que todo hubiese sido un sueño.
Sus guías le animaban a que se subiese al pequeño plato de ducha que había tras una mampara con palabras de ánimo y formas delicadas con el propósito de convencer a un niño pequeño. Sus pies dieron una tregua más y subieron el pequeño escalón, pero eso era todo lo que su voluntad podía ofrecerles y por ello de nuevo los dos acompañantes tuvieron que ayudar al muñeco roto a cumplir la tarea que habían pensado para él, con lentitud y paciencia comenzaron a ducharlo y a limpiarle todos los restos de la destrucción exterior que su cuerpo reflejaba, trabajo inútil pues ningún jabón podría limpiar tan profundo como se necesitaba.
Las gotas resbalaban por su piel y se precipitaban al suelo mezcladas con la sangre que le cubría el cuerpo, esa sangre que no era suya pero él la sentía como tal. Notaba el repiqueteo de las gotas al chocar con su cabeza igual que había podido sentir como se apagaban los latidos del ser querido mientras la aferraba con todas sus fuerzas durante los últimos estertores de sufrimiento. Pensó que si la sujetaba lo suficientemente fuerte ella no se iría, se quedaría con él, que le sería más fácil luchar como él le había pedido, pero fue inútil, solo pudo acompañarla en aquellos últimos momentos, reconfortarla porque no se iría sola, porque debía saber que había dejado una huella indeleble en otra persona, que significaba un mundo para otro ser humano. Pero, ¿qué había de él? Él había muerto en el momento en que vió que la vida se apagó de los ojos de ella, en el momento en que notó como un poco de su calor se fue, en el momento en que sintió claramente como un puñal le atravesaba el corazón y todo lo que le quedaba de ella era ese regusto a sangre mezclado con lágrimas que le envolvía.
En la ducha ya nada importaba, no percibía el calor del agua, ni la delicadeza con que limpiaban su cuerpo sus dos acompañantes, ni siquiera la certeza de que las lágrimas caían por su rostro, solo le importaba ese insufrible vacío en las entrañas, en el alma, y el ver que la última muestra de aquella sangre que alguna vez había latido por él se perdía en el fondo del desagüe.