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jueves, 18 de noviembre de 2010

Aún hay gente que me sigue preguntando el por qué

Hola a todos
Hace una semana andaba por Granada haciendo la parte de Multiaventura del curso de monitor de tiempo libre y estando al lado de la pared mucha gente me preguntaba porque me gustaba tanto la escalada. Se que la roca de Cahorros no es la mejor para explicarle a un neofito el porque te gusta pegarte a la pared y apretar el culo para subir arriba, pero de todas formas lo intenté tanto como me permitía la abrasiva roca de este paraje cercano a Monachil.
Con gran pasión les relaté como había comenzado a escalar gracias a Pedrito (ya hace un año campeón) que me convenció, y como desde el principio me enganchó al ver lo que podías hacer, con que empuje y con que resultados. La motivación es brutal porque siempre hay un proyecto, un paso puerco que quieres limar o un nuevo grado que alcanzar. Luego la filosofía es preciosa, ese "hacerte uno con la pared", ese "pegate a que te hable la roca", etc. La gente que rodea el mundo de la escalada es por lo general genial, aunque no voy a negar que existen los típicos flipaos que van de pros y que casi no puedes mirarlos a la cara.
Pero sobretodo lo que más me gusto fue una sensación que solo he tenido antes con el balonmano y cuando he estado muy muy en forma. Esa sensación no es otra que el ser consciente de los límites que tiene tu cuerpo, que siempre son más lejanos de lo que creemos. Es increible como llegado un momento dices "si pongo este pie aquí y esta mano aquí, llego a aquel punto", un punto que desde abajo te parecía muy lejano. Consigues comprender como funciona y trabaja tu cuerpo, y el ser tan consciente de ello de verdad que no tiene precio.
En fin, os dejo un video de Youtube que os puede ayudar a ver un poco de esa pasión que cada vez más gente comparte.
Un saludo

jueves, 10 de diciembre de 2009

Un deporte nuevo, una nueva motivación

Como muchos de vosotros ya sabreis (porque no paro de daros la brasa) me estoy volviendo un gran aficionado a la escalada. Muchos no lo entendereis o no vereis el chiste que puede tener para mí este bonito hobby, lo entiendo, al fin y al cabo yo no le veo el chiste a la marcha. Pero dado que tengo un espacio para expresarme y sobretodo, la suficiente falta de vergüenza como para daros el coñazo con cosas que solo me interesan a mi, he decidido intentar contagiaros un poco de mi siempre patente emoción.
Todo empieza cuando estando en Alemania Pedro me comenta que ha empezado a escalar y que le ha encantado. He de decir que Pedrito sabe transmitir esa ilusión y esa emoción, ese gusto por los pequeños detalles que te hace engancharte a algo, pero sobretodo sabe donde tocar y como tocar en cada persona para que te despierten esas ganas xD (ya comentamos una vez eso).
En fin toda aquella conversación a través de Skype quedó en que yo debía probarlo al llegar a Granada y que yo conocía un rocodromo en Armilla. Pasados los meses y después de un ofrecimiento por parte de Paula para que fueramos un día a los Vados, Pedro cumplió su promesa de llevarme a escalar informandome del curso de escalada que posteriormente realicé junto con él y con Cristina. Allí tuve la oportunidad de conocer mucha gente interesante, cada cual con algo nuevo que ofrecerte y que descubrir (y en ese punto me siento un afortunado. Mucha gente muy apañada que me alegro de haber conocido), pero sobretodo tuve la oportunidad de recuperar esas mismas sensaciones que viví cuando estaba aprendiendo a esquiar. Esas sensaciones no son otras que la alegría de verte seguro en un medio en el que no te creías capaz de hacer nada, de que eres autosuficiente, de que la adrenalina se descarga en precisas dosis, pero sobretodo de ver que tus límites están mucho más lejos de lo que te habías atrevido a pensar.
Tal vez visto tras el monitor y de esta forma tan fría no es posible haceros una idea, por eso quiero que os abstraigais y tomeis conciencia de lo que supone estar subiendo una pared vertical apoyando toda la superficie posible de la planta de los pies de gato en una zona totalmente roma, con una mano agarrando una grieta y tu otra mano apoyada con tres dedos totalmente tensos en un pequeño saliente de unos tres centimetros, con tu otro pie buscando la siguiente presa con el talón en una grieta, con el sol calentándote la espalda, con un continuo cálculo de las fuerzas que te quedan, con el gozo de tomarte un descanso a mitad de pared para soltar los músculos, con tus amigos asegurandote abajo, con la gran sensación de superación que es tocar finalmente la reunión de la vía y con las estupendas vistas que tienes cuando estás arriba del todo (como el último día en la Alfaguara).
De verdad, creedme, cuando ves que has podido con algo de lo que no estabas muy seguro siempre te das cuenta de que es más psicológico que otra cosa. Has estado agarrado de una (imprescindible) cuerda, pero la cuerda no te subía, eras tú al fin y al cabo, la cuerda te daba la seguridad para tener ese extra de atrevimiento, para que vieras que tu podías.

Espero que todo esto os haya despertado al menos las ganas de probar algo nuevo, yo por mi parte quiero seguir practicándolo, pero primero quiero darle las gracias a Pedro por vivir las cosas con pasión y por tener esa forma de narrar las cosas que hizo que me picara la curiosidad. Un saludo a todos.