Mostrando entradas con la etiqueta historia interactiva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia interactiva. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de noviembre de 2009

Historia Interactiva (12)

(Regalito de foto del castillo de Cracovia, viene con dragón incluido xD)

Bueno aprovechando que esta tarde salgo para Londres os dejo el capítulo número 12 de esta historia. Lo sé, desafortunadamente ha tardado mucho en salir, pero comprender que han sido unas fechas muy alocadas y llenas de obligaciones y deberes. Espero que os guste, alguna gente ya lo ha leido y por lo general las críticas no han sido malas jejeje, espero que siga así. Lo único que es un capítulo muy largo lo sé, pero es cierto que ganando en complejidad gana en páginas. Como siempre deseo que me deis vuestra opinión y posibles cosas a mejorar porque para mi son muy necesarias. Por último hoy incluyo aparte de música y la parte de personajes, un pequeño recordatorio para los que se quedaron en el anterior capítulo. Poco más que añadir salvo que pongo la canción creyendo que musicalmente es muy adecuada.


En capítulos anteriores (xD):
Sam había llevado a cabo un extraño examen de punteria para francotiradores junto con Terry y Viktor, los tres vigilados por la atenta mirada de Shane. Además Cooper le pide un tiempo a Sam para demostrarle que es necesaria en "Bastión" y que su trabajo tendría repercusiones positivas para el mundo en el que ella creía posible.


Personajes:

-Samantha Lars (Sam): Nuestra canadiense favorita jajaja
-Anthony: Francés que fue el que cometió el error de decirle a Shane que era imposible acertarle un disparo a una mandarina en movimiento.
-Karen: Británica compañera de habitación de Sam.

-Terry: El galés que ayudó a llevarse a Sam de Toronto
-Cooper y Katrina: Los dos que dirigen el complejo


12ª Parte:

La habitación era amplia y estaba bien iluminada, con paredes rematadas en madera y unas grandes vigas de roble que imponían y maravillaban a quien las miraba. Aquel local había sido una gran sala de reuniones para convertirse, como era lógico y porque no hay mejor lugar para una reunión, en una pequeña cantina para los habitantes de aquel gran complejo. El visitante de aquel peculiar abrevadero podía disfrutar de un local donde se podía paladear el humo de los cigarrillos, oler las noches de tribulaciones, de dolor, de alegría, de autocompasión, de batallas contra el whisky (que quisieran o no, ganaría la bebida), de la visión de los estragos del alcohol en corazones que habían visto y padecido lo que sería el sueño más perturbado de un masoquista. Si uno se fijaba bien casi podía ver las marcas de los zarpazos que las perdidas habían provocado en el aire.
Una gran barra de bar se extendía a lo largo de la pared oeste pendiente de recibir a los nuevos visitantes. Tras ella, un hombre mayor y su hija atendían a toda la clientela con gran amabilidad y simpatía. Los años los habían convertido en verdaderos maestros en el campo de batalla de detrás de la barra, ya se sabe que el experto solo llega a serlo gracias a la práctica. El hombre mayor que vestía un mandil blanco y lucía una gran cicatriz en el mismo nacimiento del pelo se llamaba Thaksin y, al igual que su hija, había nacido en Tailandia, pero por desgracia para él tuvo que abandonar su país el mismo día que Cooper les salvó de la muerte en un poblado en los que eran explotados para producir heroína. Su hija era una joven de dieciséis años que respondía al nombre de Muian y para la que toda aquella pesadilla en el poblado tailandés había ocurrido hacía tanto que apenas recordaba algo más que pequeños flashes en su cabeza. Afortunadamente, ya que así no tendría que recordar que de haber sido solo un par de años mayor los guardas de aquella producción probablemente la habrían violado, en cambio solo poseía recuerdos a partir de su llegada al complejo. Es cierto que no eran los mejores recuerdos que un niño puede tener, pero desde luego eran mejores que los que podría haber tenido.
La razón de que viviesen en el complejo era que tras su rescate no les quedaba nada que los atase a Tailandia. La madre de Muian había muerto en aquel campamento con mucha menos suerte que su hija en lo que al contacto con los guardias se trataba y Thaksin había pedido ayudar de la forma que fuese posible para que eso no volviese a ocurrir. Él no tenía formación y ya era demasiado mayor como para aprender, así que cuando le iban a devolver de nuevo a Tailandia, Cooper intercedió por él argumentando que no le quedaba nada allí y que si él se ofrecía y era posible, debían intentar darle una ocupación y un hogar. Así fue como padre e hija se habían encargado de la cantina desde hacía más de diez años dando a tan singulares clientes la ilusión de estar en cualquier pub de una gran ciudad.
Entre aquellos clientes se encontraban Sam, Terry, Anthony y Karen compartiendo algunas cervezas en una de las múltiples rinconeras del local. Sam había hecho buenas migas con Karen, su compañera de habitación. La británica le alegraba los días a Sam con su sentido del humor desenfadado y su espontaneidad desmesurada. Sam tenía poca experiencia pero reconocía en aquella mujer una luchadora temible, tanto o más de lo que lo era Hannah con la diferencia de que su relación con Karen era infinitamente mejor.
Anthony por contra era demasiado inflexible, a juicio de Sam siempre estaba demasiado tenso y eso le afectaba en que en ocasiones no era capaz de asimilar las bromas de sus compañeros, ni de de ser participe de ellas. Él era un soldado hasta las últimas consecuencias.
Por su parte, Terry era la persona más cercana a Sam. Desde luego era irónico que uno de sus captores se hubiese convertido en su amigo, confidente, aliado, colega y por suerte o por desgracia estaba claro que quizá algo más ¿Sería tal vez un pequeño síndrome de Estocolmo? Sam no lo sabía, pero no ignoraba que aunque ella no lo tuviese claro, Terry sí parecía tenerlo y siempre se mostraba dedicado a ella. La canadiense a veces se decía a si misma que podía intentarlo, pero otras tantas se echaba para atrás pensando que se iría tan pronto como pudiese y si era cierto lo que Cooper le contó no volvería a ver a Terry, así que, ¿para que correr el riesgo de hacerse daño? Al fin y al cabo en poco tiempo se acabaría el margen que le había dado a Cooper para convencerla.
Era el segundo día desde que Shane les comunicara tras la prueba en la galería de tiro que ella y Terry formarían parte del grupo de francotiradores. Aquello le asustaba y la ponía nerviosa, pero en ese momento prefería concentrarse en disfrutar de la charla y las bromas alrededor de aquella mesa.
-¿Pero qué estás diciendo? -Exclamó Terry con los brazos extendidos y cara de incredulidad- ¿Cómo puedes decir que no te parece una buena película? Es algo fuera de lo normal. La historia, los personajes, todo se conecta perfectamente y hace que sea brutal.
-Para empezar no creo que no sea buena, pero no creo que sea para tanto. La historia no está mal, pero esta basada en una saga de libros -Contestó Anthony con su ya conocido por todos semblante totalmente impasible, como si no pasara nada ya que si él estaba seguro significaba que aquello era una verdad universal.
-¿Y qué que esté basada en una saga de libros? ¿Acaso significa qué es peor?
-No, pero creo que entonces desmerece algo al director.
-No por favor. Todo lo contrario, tiene que hacer una adaptación con la que los lectores anteriores se sientan identificados.
-¿Y si no lo hace? Esas cosas dan igual al final, solo quieren hacer una buena película con su visión, si quisieran la de otro harían una encuesta sobre cada punto del libro -Finalizó Anthony con cierto gesto de superioridad y con las palabras "he dicho" en la punta de lengua a punto de caer sobre la mesa como cartas en una partida de póker cuando se muestra la mano ganadora.
-¡Oh! Por favor, decidle algo, no me puedo creer que sea tan cerrado de miras -Terry buscaba algo de ayuda en sus dos compañeras ante la intransigencia de Anthony.
-¿Para qué? Si se os ve que os las apañáis bien solos -Le respondió Sam socarrona.
-Si, además no te puedes imaginar lo que nos divertimos viéndoos pelear como niños pequeños. -Continuó Karen siguiendo a su compañera de habitación- Pero tranquilos, cuando os compre una pelota os comprare una a cada uno para que no tengáis que pelear ¿Vale?
-Venga ya -Dijo Terry volviendo los ojos para contraatacar justo después a las dos féminas- cuando habléis de ropa, cremas o peinados os lo recordaré.
-Perdona pero los que se tiran media hora arreglándose el pelo delante del espejo sois vosotros -Le contestó Karen con una media sonrisa dibujada en su rostro y los ojos muy abiertos- y además yo no me preocupo de ropas o cremas -En ese momento se puso una mano en el lado de la boca más próximo a Sam y señalándola cómicamente le dijo a Terry- en todo caso te referirás a la bella flor y a todo su arsenal de belleza.
-¡Ey! Creí que estábamos en el mismo equipo.
-Y lo estamos mi querida Sam pero, ¿no dejarás que me encasqueten falsas acusaciones, verdad? -Preguntó la británica con voz llorosa y mueca tristona.
-Traidora, cuando te quedes de nuevo en el servicio sin papel higiénico y me pidas ayuda te diré que estoy ordenando mi "arsenal de belleza".
Todos los que estaban sentados a aquella mesa rieron a una y la conversación en aquella tarde de relax hubiese durado hasta la hora de la cena sí en aquel momento Cooper no hubiese aparecido por las escaleras. Se estiró un poco para poder divisar a todos los allí presentes hasta que sus ojos encontraron a Sam, para rápidamente dirigirse hacia ella.
-Hola Sam, ¿podemos hablar un momento?
-Si, claro.
-Disculpad que os la robe un momento pero tenemos que tratar un tema juntos.
Cooper le mostró el camino a Sam con un ademán apremiante señalando la puerta.
-Bueno Samantha como te prometí he necesitado menos de un par de meses para reunir las pruebas que deseaba enseñarte. Ahora podrás verlo por ti misma y decidir -Comentó Cooper mientras paseaban entre los pasillos de hormigón del complejo.
Sam seguía a Cooper con paso acelerado y con el corazón en un puño. Era su momento para salir de allí, su momento para volver a su vida en Toronto cerca de los suyos. En el trabajo solo debería convencerles de que había tenido una serie de problemas familiares por lo que se había ausentado y ya está, estaría de vuelta en su vida en un abrir y cerrar de ojos. Si, como suponía, "Bastión" le había proporcionado una coartada para no levantar sospechas las facilidades para retomar su ritmo normal serían mucho mayores. Lo único que le atormentaba era un pequeño gusanillo en su interior, ese gusanillo que se había adaptado a vivir con aquella gente, el mismo que había aprendido a valerse por si mismo, el que había ganado confianza en si mismo y el que quisiera o no había comenzado a adaptarse a aquel lugar.
Bajaron el piso de diferencia que había entre la cantina y el piso donde se encontraba el despacho de Cooper, pero no se dirigieron a este último, si no a una sala cercana que servía como sala de reuniones y conferencias. Cooper cruzó la puerta y la aguantó hasta que Sam estuvo en el interior, dentro les esperaba Katrina que con un levantamiento casi imperceptible de las cejas les dio la bienvenida.
-Bienvenida Samantha -exclamó la mujer con su típico tono frío al cual Sam ya se había acostumbrado.
-Hola Katrina.
-Antes de nada y antes de que tomes una decisión queremos comentarte un par de detalles, -Continuó la mujer trajeada al otro lado de una mesa larga de cristal- decidas lo que decidas, quiero que tengas claro que cualquier cosa que hayas visto, oído o comentado ahora o en el futuro sobre esta organización debes guardarlo con muchísimo celo y no revelarlo a nadie ajeno a este lugar nunca jamás en tu vida, porque no dudaremos en utilizar los métodos necesarios para mantener segura a nuestra gente ¿Entendido?
-Sí
-Muy bien. Cooper, procede por favor.
-Bueno, te prometí que te traería pruebas de que lo que hacemos tiene una repercusión en el mundo, por ello primero te quiero enseñar algunos de los lugares donde hemos estado y como se encuentran ahora mismo.
Cooper reprodujo un video de distintos poblados, ciudades, plantas de trabajo, etc. a lo largo y ancho del planeta. La selva amazónica, oriente medio, Asia menor, islas del pacífico, selvas africanas, etc. Todos esos lugares se veían como habían quedado debido al abuso indiscriminado de corporaciones económicas que habían primado sus intereses a cualquier otra cosa, seguidos de gran cantidad de pruebas que relacionaban a distintas personalidades de todo tipo de estratos en estos consorcios directa o indirectamente con las barbaries que ocurrían en cada punto. Lo peor de todo es que una determinada cúpula sabía de todo aquello, y no solo no lo evitaban, si no que además dirigían el suministro económico a que estos abusos se perpetuasen. Sobornos a gobiernos, invasión de territorios por la fuerza, falsificación de documentos, asesinato de insurrectos, etc. cualquier cosa valía.
Tras mostrarle todas esas pruebas Cooper le enseñaba lo que hacía "Bastión" en cada caso para subsanar aquello. Había soluciones tan dispares como declarar una zona protegida para que no pudiese ser explotada, claro estaba, previo pago al gobierno de turno. También se daban casos en que la solución era llevar a cabo un enfrentamiento violento del que nadie en el primer mundo se enteraría o lo achacaría a grupos tribales enfrentados. O incluso provocar una pequeña catástrofe natural para que las organizaciones pertinentes tuviesen que observar con detenimiento la zona explotada, y como estaba claro, eso no le gustaba a aquel enemigo inhumano y egoísta. Pero casi siempre el último recurso había sido luchar, luchar con uñas y dientes, sin consideración, de forma visceral y ante todo en el mayor y absoluto secretismo.
Poco después, si conseguían su objetivo, "Bastión" movía los hilos pertinentes para reconstruir el poblado o ciudad en cuestión lo más rápido posible. Alfabetizar y educar a la población, intentar que alguna ONG llevara a cabo algún tipo de proyecto de potenciación del cultivo y la ganadería. Desde luego los miembros de aquella organización se veían a ellos mismos como una especie de Robin Hood moderno o como protectores de los indefensos frente a un grupo de abusones, estaba claro que el trabajo que hacían tenía repercusión en aquellas personas y Sam lo respetaba más que nada, pero odiaba que andasen con esa especie de inmerecida superioridad moral por el simple hecho de que ellos habían decidido empuñar las armas frente a un enemigo, pero habían olvidado que después de todo, ellos también sesgaban vidas ¿Cómo podían afrontarlo con esa entereza? ¿Cómo conseguían olvidar que se convertían en verdugos por defender lo que defendían? Era algo que Sam seguía sin comprender.
-Samantha he querido mostrarte con antelación lo que conseguimos con trabajo duro para que veas que es cierto que obtenemos resultados, como has podido ver en todos los informes y datos que te he pasado -Dijo Cooper con voz sosegada y haciendo una ligera parada para seguir a continuación- Ahora lo que quiero enseñarte es lo que nos encontramos siempre que llegamos.
Durante el resto de su vida Sam no pudo explicar como fue la tromba de sentimientos que la inundaron en una fracción de segundo. Los mismos lugares que anteriormente había observado reconstruidos, ahora los contemplaba con un filtro de muerte y dolor que era palpable en cada respiración de la canadiense. Hombres y mujeres encadenados por grilletes a postes o jaulas, niños en estado de inanición, imágenes tomadas claramente desde cierta distancia en las que se podían observar como un grupo de soldados se reían socarronamente mientras humillaban a un adolescente aterrorizado, cadáveres, ejecuciones a sangre fría, personas con miembros amputados, los restos de lo que según Cooper era un edificio en el cual habían encerrado a todos aquellos esclavos para posteriormente prenderle fuego antes de huir por la proximidad de los miembros de "Bastión", personas utilizadas como escudos humanos o amontonados cual barricadas. Todo aquello era un festival de la atrocidad y el corazón de Sam lo sentía, su corazón lloraba, gritaba de rabia, se hacía sangre en las manos de apretar los puños, se desgarraba desde adentro, se agitaba casi buscando el suicidio, se autoengañaba diciéndose a si mismo que todo aquello no podía ser verdad, se moría a cada segundo un poquito, y claro como era el corazón de Sam, ella sufría con entera empatía todo lo que le acontecía a su pequeño órgano interno.
Estaba a punto de vomitar, o de gritar, o de llorar sin limites, no sabía que hacer primero. Esos segundos de imágenes la encolerizaban, le disparaban la adrenalina, le hacían preguntarse como aquello podían haberlo hecho seres humanos como ella. Cada vez que veía los ojos de aquellas víctimas podía sentirlas gritar de dolor y terror en su cabeza, eran una orquesta de violines gimiendo en la nota más aguda posible, destrozándole los tímpanos, desgarrándole las entrañas, quemándole toda la piel a fuego lento. Pero todo aquello era solo en su interior, en el exterior Sam estaba inmóvil dejando caer las lágrimas por la mejilla sin visos de querer detenerlas, catatónica por el espectáculo, como si quedarse en shock fuese la mejor forma de honrar a todas aquellas víctimas, y es posible que se hubiese quedado así todo lo que restaba de día si no hubiese sido porque lo vió. Allí estaba, apoyando la espalda contra un cepo de madera con un ojo sangrante, con las muñecas en carne viva, con una gran herida en la cabeza y con la mirada, al igual que la de la niña que sujetaba, perdida en el infinito. Allí estaban los dos, rodeados de cadáveres y con sus almas vagando a tres metros bajo tierra. Eran Thaksin y Muian el día que fueron liberados de aquella producción de heroína. En ese momento el mundo de Sam se vino al suelo, había convivido casi cuatro meses con aquella amable familia y verlos así le destrozaba, le ponía de rodillas frente al mundo, frente a la vida, frente a toda la inexistente justicia del planeta, frente a su antigua vida acomodada. No es que no conociese la historia de sus dos amigos, pero hasta que no lo vió en aquella foto no pudo hacerse idea de todo lo que había sido. Pero al final el sentimiento que más ardía en su interior era la rabia; la rabia y la venganza, como ninguna de las dos antes la había sentido, con músculos tensos y mandíbulas apretadas, con dolor de pecho y sabor a sangre, con determinación y ansias asesinas.
Katrina intervino en ese momento para sacar a Sam de su ensimismamiento y su rigidez.
-Como puedes comprobar, por suerte o por desgracia, esto no aparece en los reportes de la CNN.
-¿Por suerte? ¡¡¡¿POR SUERTE?!!! ¡Es inhumano que esto no se sepa! ¡¿Qué demonios hacéis que esto no sale a la opinión pública?! ¿Cómo podéis callar? -¿Dónde había quedado la lógica de este mundo? ¿Cómo no mandaban toda esa información a los grandes lobbys de los medios de comunicación? Se preguntaba Sam mientras se entrecruzaban sus pensamientos y su ira aumentaba- Sois cómplices de todo esto si lo ocultáis vosotros también. Sois igual que esos...
-Entiendo lo que dices Sam, todos hemos pasado...
-¿...por lo mismo? -Se adelantó la joven al hombre de cuidada barba- Dudo mucho que ninguno de los que estamos en esta sala haya pasado por lo que han pasado todos ellos -Exclamaba Sam con potentes gritos mientras su dedo apuntaba a las fotos de la pantalla y sus ojos lucían lágrimas de rabia.
-Eso no te lo permito -Levantó la voz de forma sorpresiva Katrina desde el otro lado de la mesa con gesto iracundo y evidenciándole a Sam que era más que una mujer con actitud fría y dominada- Que tu hayas vivido en una pompa de jabón todo este tiempo no te da derecho a juzgarnos a los demás. Muchos de nosotros también hemos sufrido por estar donde estamos, y a pesar de ello seguimos aquí apretando los dientes.
El silencio se hizo durante unos pocos segundos en los que Sam comprendió que seguramente todos ellos hubiesen perdido también seres queridos allí, y posiblemente ya no hacían todo aquello por las personas que se mostraban en la pantalla, sino por ciertas deudas emocionales. Sintió el impulso de pedirle disculpas a Katrina, que aun se encontraba levantada de su silla, respirando profundamente y mirándola directamente a los ojos, pero Cooper le cortó antes de que pudiese abrir la boca.
-Samantha, créeme cuando te digo que no eres la primera que ha pensado en esa posibilidad. Pero no es tan fácil. Como ya te dije debemos operar en la sombra y no es por gusto nuestro. La gran mayoría de empresas, medios de comunicación, bancos, etc. están en manos de la gente que llevan a cabo esa barbarie.
-Pero alguno habrá que no esté en sus manos, alguna posibilidad habrá.
-Ojala fuera así. Si hubiese algún medio que le diese veracidad a lo que decimos, todo el resto de medios de comunicación se lanzarían sobre nosotros y este medio independiente. Si lo llevásemos a los tribunales, los sobornarían e irían a por nosotros. Y para todo ello, lo peor sería que consiguiesen llegar hasta nuestros familiares y amigos ¿Lo entiendes ahora?
-¿Pero quienes son ellos? ¿A quién nos enfrentamos? -Dijo Sam sorprendida por haber usado la forma "...nos enfrentamos".
-Bueno, ellos mismos se autodenominan "Dicio", que es una palabra que proviene del latín y significa poder o imperio.
-Un imperio, ¿eso es lo que son?
-Eso es lo que quieren llegar a ser, pero nosotros somos esa última barrera entre la situación actual y su "imperio". Sam por eso te queremos, por eso...te necesitamos, tienes unas grandes habilidades para ayudarnos a enfrentar todo aquello. Y lo sabes, sabes que es lo correcto, las formas no lo son, pero sabes que es una injusticia que no se puede permitir, lo sabes porque tu padre os lo enseño desde el momento en que nacisteis, esta situación no debería existir y es intolerable. Sabes lo que pensaría tu padre y sabes todo aquello por lo que luchó, ¿o no es cierto?
-Sé lo que defendía mi padre, pero dudo que defendiese la acción armada a pesar de las ideas y dudo también que usted supiese lo que él pensaba.
Cooper tomó aire por un momento y en un suspiro exclamó.
-Sé lo que pensaba tu padre porque nos conocimos hace ya muchos años y sé que todo esto que ocurre le parecía una locura -El impacto fue inmediato y eso era lo que buscaba desde el principio, había guardado su as todo este tiempo para soltarlo en el momento justo sin que pareciese forzado, sino más bien que pareciese que había sido ella quien le sonsacó la información.
Claro que conocía a su padre; hacía ya mucho tiempo, si, pero lo conocía muy bien, y lo despreciaba porque también era cierto que consideraba que todo aquello era una locura, pero no se refería solo a lo que mostraba la pantalla de la sala, sino la idea de que el fin justificaba los medios. Solo era un cobarde que no se atrevió a exponerse por defender sus ideas, un ideólogo que no fue capaz de dar un paso adelante, pero había que reconocer que había criado a una hija que realmente iba a ser de utilidad para Bastión y ella siempre pensaría que estaría siguiendo los pasos de papá.
Sam por su parte se vió golpeada por la noticia, muchas cosas encajaban según lo que decía Cooper, pero necesitaría pruebas. Por ahora lo único que sabía es que necesitaba algo más de tiempo para asimilar todo, ¿o acaso simplemente estaba buscando una excusa para quedarse? La única idea que permanecía en su interior era la imagen de Thaksin y Muian apoyados en un cepo y sin vida en sus ojos. Cuanto contraste en comparación con la imagen actual de sus dos amigos ¿Significaría aquello que de verdad lo que hacían tenía una repercusión positiva? ¿Y hasta que punto? Todo eran dudas; dudas y arcadas, y muerte, y llanto, e injusticia. No sabía que hacer, no sabía que camino tomar, la única opción que tenía era cerrar los ojos y dejarse caer al vacío como si de una moneda tirada al aire se tratase. Cerró los ojos, ahogó un suspiro y observó que lado de la moneda había salido.
-¿Qué tengo que hacer?

domingo, 24 de mayo de 2009

Historia Interactiva (11)

Bueno por fin decimo primera entrega. Lleva escrita mucho tiempo, pero he estado esperando las opiniones de algunos críticos a los que se lo había pasado con anterioridad. Hoy no he colocado música, ni se me ocurría ni la he encontrado. Me parece que ha quedado bien y sigue el hilo argumental que debería. Ha quedado bastante largo, pero si que es verdad que ya a estas alturas es dificil evitarlo. Como añadido en esta ocasión, una sugerencia de mi colega Blind, una pequeña presentación de personajes, ya que es verdad que algunos es posible que os perdais de un capítulo a otro. En fin espero que os guste y ya me dareis vuestra opinión. Bueno, allá vamos:

Personajes:
-Samantha Lars ("Sam"): Es la canadiense a la que tomaron en la segunda parte.
-Shane Riyatho: El arquero, ...creo que hay poco más que decir.
-Terry Milton: El galés que acompañaba a Shane cuando capturaron a Sam. Es uno de los novatos.
-Viktor: Soldado ruso que forma parte del grupo desde hace un tiempo.
-Cooper y Katrina: "Dirigentes" de lo que sería este grupo y que controlan todo lo referente a las distintas personas a su cargo

11ª Parte:
Una bocanada de aire se escapó de sus entrañas cuando le entregaron aquel palo de fuego que expelía llamas y azufre como si de un diminuto dragón de boca metálica se tratara. Su mano derecha sopesaba el arma que acababa de recibir y le confirmaba lo que sus ojos ya habían adivinado, era pesada y a simple vista se adivinaba un retroceso digno de cualquier elemento de gran artillería. En estas alocadas semanas Sam había recopilado una gran cantidad de conocimiento, tanto teórico como práctico, en lo que a armas se refería. Esas malditas semanas. Se le antojaba muy distante en el tiempo su vida en Toronto, su monotonía diaria, el ir y venir constante de la ciudad. En cambio ahora se encontraba en mitad de ninguna parte, en una madriguera excavada en roca viva prestando atención a lo que un tal Shane le decía a no mas de dos metros de distancia.
La galería de tiro se asemejaba a un gran hangar con una única puerta de entrada. Tendría más de doscientos metros de longitud y al final se podían divisar una serie de dianas y objetivos. Junto a la entrada de la galería se encontraban Shane, el simpático galés Terry, el silencioso ruso Viktor y la desubicada Sam. Aquel emplazamiento era principalmente oscuro y la poca luz que poseía se debía a los tenues focos y a las ventanas de la entrada que en ese momento se encontraban atestadas de ojos mirones deseosos de ver el desenlace de tan peculiar prueba.
Shane iba explicando poco a poco en que consistía todo, necesitaban ver que dos eran los tiradores más preparados. Él mismo les había instruido en el uso del rifle y el arco, y posiblemente todos estaban de acuerdo en que los tres presentes eran los más preparados. Para Sam había sido como volver a la infancia, a los torneos, al control de la situación, a manejar sus nervios y la tensión ¿Pero qué demonios hacía allí? Se lo había preguntado cerca de un millón de veces desde que llegó. Ahora sabía porqué la querían ellos, pero, ¿por qué continuaba ella allí?
Debería haberse marchado en el segundo día. Esa vida no era para ella. Ella, la niña que se crió en una granja de Ontario jugando con su hermano, bañándose en el río, viendo los atardeceres desde los campos cultivados y mimetizándose con la nieve canadiense, no estaba hecha para todo aquello. Su infancia había sido muy feliz, la mayor parte la pasó creciendo sin darse cuenta codo a codo con su hermano. Disfrutaba del colegio y de sus amigos como cualquier otro niño a su edad, estudiaba por un futuro por las mañanas y por las tardes se dedicaba a meterse en líos con sus compañeros. Sus padres estaban tremendamente orgullosos de ella y de su hermano. Siempre había obligaciones que cumplir con el trabajo, pero todos los días intentaban recolectar el máximo tiempo posible para poder disfrutar de sus hijos. Su padre, Jonas, era el hijo de un pescador danés que tuvo que ver como el abuelo de Sam se jugaba la vida más veces de las que podía recordar con tal de que no le faltara nada a su familia. Quizá por ello dedicó buena parte de su vida a que los más limitados tuviesen la oportunidad de gozar de una vida digna. Voluntario en multitud de conflictos a principios de siglo no paró de recorrer el mundo, intentando mejorarlo, hasta que por designios del azar conoció a la madre de Sam. Jacqueline era una estudiante de derecho que prefirió invertir su viaje de graduación en ayudar a las víctimas del mayor terremoto de la historia de Turquía. Allí, en un puesto de la Cruz Roja, conoció a Jonas y, tras tres años viajando con el joven danés en los que postergó sus estudios, decidieron volver a Canadá para vivir allí juntos. Un año y medio más tarde recibieron uno de los dos mayores regalos que habían recibido en su vida, Sam.
Con Peter ya en camino y habiendo hablado con los padres de Jacqueline, se fueron a vivir a la granja familiar. Todo discurría con normalidad para los dos hijos e incluso se podía afirmar que los mejores momentos de sus vidas los pasaron allí, como cuando su abuelo les fabricó un arco a cada uno y estuvieron practicando hasta que les salieron ampollas en los dedos. Ambos tenían buenas cualidades pero, como suele ser normal, Peter siguió el ejemplo del resto de sus amigos y pasó a practicar el Hockey como tantos otros niños de su edad. Mientras tanto Sam iba haciendo del tiro con arco su afición y su deporte. Viendo la pasión que exudaba la niña, su abuelo le regaló un arco profesional pocos meses antes de que un cáncer de páncreas se lo llevara. Ese hecho fortaleció la pasión de Sam por el arco ya que para ella era como el último legado que le había dejado su abuelo.
Año tras año Sam y Peter fueron creciendo y enfrentándose a lo que supone la adolescencia. Paso a paso la joven iba domando el arco hasta ser uno con él, los trofeos se fueron agolpando en sus estanterías y los campeonatos cada vez eran más lejos de casa. Ello combinado con el nuevo trabajo ofrecido a su madre provocó que la familia se mudase a Toronto. Al principio ambos niños se encontraron ligeramente perdidos pero entre el apoyo mutuo y las múltiples experiencias juveniles de cada uno pronto se adaptaron a la nueva situación. Y ahora, como tantas otras veces, el arco tenía mucho que ver en la adaptación de Sam. Ese mismo año compitió por el título norteamericano después de haber ganado el canadiense. Era un portento de apenas dieciséis años que apuntaba a desbancar a un joven neozelandés que se había hecho con el título mundial unos meses antes y ahora había dejado su corona al alcance de cualquiera, ya que anunció que no volvería a competir. Un año más tarde y con toda su familia en las gradas conseguía derrotar a la finalista china y se convertía en la mejor arquera del mundo a tan precoz edad.
Por desgracia, la alegría le duró poco más de dos semanas. Diecisiete días después sus padres morían en un aparatoso accidente de automóvil a la altura de un cruce de calles. Tras ello los dos hermanos, aún destrozados por el suceso, volvieron a vivir a la granja con su abuela con todo lo que ello implicaba. Peter sumido en la depresión empezó a meterse en pequeños líos y Sam tuvo que dejar el arco tanto porque su abuela no podía ayudarla económicamente como porque ahora le recordaba continuamente la falta de sus padres. Finalmente permaneció allí hasta que terminó sus estudios de gerencia administrativa y pudo volver a Toronto. Y allí había vivido hasta que una noche el hombre que tenía delante la había arrancado de la vida que conocía.
-Como seguramente habréis adivinado el rifle que os he dado es una variante moderna del viejo Dragunov SVD ruso -Exclamaba Shane mientras se lo iba mostrando a los tres oyentes- Posee algunas modificaciones hechas por cuenta de la casa. Por ejemplo esta variante acepta los cartuchos 7,62x51 debido a que es más extendido y así podemos abastecernos del enemigo si hiciese falta. También se puede observar que el cañón es ligeramente más largo para aumentar nuestra precisión habiendo logrado disparos de dos tercios de MOA. Por último la mirilla de cuatro aumentos ha sido sustituida por una variable desde cuatro hasta veintiocho aumentos. Y por último se le ha reducido el peso hasta los tres coma nueve kilos con mirilla y cargador vacío.
Después de terminar con su larga diatriba Shane miró a los tres reclutas y analizando la expresión de sus caras les preguntó.
-Por favor decidme que los dos últimos meses han servido para algo y que os habéis enterado de lo que os acabo de decir.
-Si, lo hemos entendido pero por favor, deja de hablar de él como si quisieras vendérnoslo -Le contestó Sam.
-Bueno, pues de acuerdo, ¿quién quiere ser el primero?
-Yo -Exclamó Viktor.
La prueba era sencilla, todo consistía en intentar darle a las dianas con un margen de respuesta rápido y teniendo en cuenta los fuertes vientos que provenían de las turbinas laterales de la galería, pero Sam apenas prestaba atención a sus otros dos compañeros, seguía dándole vueltas a la idea de que debía salir de aquel barracón de locos. Si aún permanecía allí era porque Cooper la había convencido para que se quedase el suficiente tiempo como para que él pudiese mostrarle pruebas de lo que hacían y porqué lo hacían.
Todo había ocurrido el tercer día, después del primer día de entrenamiento con Shane. Estaba tan segura de que no encajaba allí que fue por tercera vez a hablar con Cooper o Katrina para convencerles de que todo era un error, que ella no pintaba nada allí. Fue corriendo en cuanto pudo y se encontró esta vez con los dos jefes de todo aquel cotarro. Ella les explicó que fuera lo que fuese lo que tenían entre manos ella no era ni mucho menos el tipo de persona que estaban buscando.
-Sam, llevamos bastante tiempo observando tu progresión como para no saber que eres la persona que buscábamos -Respondió Katrina con su eterno rostro impasible.
-Pero es que no lo entienden, yo no quiero estar aquí ¡No quiero! Yo no valgo para esto. Ustedes hablan de objetivos, de armas, de matar personas por el amor de dios -Gritaba Sam fuera de sus casillas mientras en su cabeza no paraba de repetirse que esa gente estaba loca.
-Sam, escúchame por favor -Le pidió Cooper con gesto tranquilizador- Sé que a tus ojos podemos parecer un grupo de perturbados militaristas y amantes de las sociedades secretas, no te culpo, en parte tienes razón. Pero míralo desde nuestro punto de vista. Hace ya muchos años, un grupo de personas se unió a causa de su total común repulsa a un ataque indiscriminado contra una población indefensa, debido a que esta población poseía una serie de recursos naturales de gran valor económico. Los promotores de este ataque lo hicieron esgrimiendo falsos motivos y pruebas de dudosa veracidad solo para conseguir sus objetivos monetarios. No había sido la primera vez que esos atacantes habían actuado así y no sería la última. Unos señores que estaban pisoteando a la gente para conseguir lo que ellos querían ¿Te parece justo? Estoy seguro de que no. No se podía consentir que siguiesen eternamente así, sin que importase el peso de una vida, sin que importase una familia viva o muerta. No se podía permitir.
-Después de aquello, el grupo de personas que habían mostrado su repulsa a tal acción se unieron y comenzaron a sabotear todas las operaciones que podían de aquellos atacantes -Continuó Katrina- Pero poco a poco se fue haciendo peligroso, estos atacantes tenían unos exorbitados intereses en la consecución de objetivos y si habían matado o subyugado pueblos enteros, ¿qué problema tendrían en hacerlo con un grupo diseminado de personas?
-A partir de ahí fue una persecución de un gigante económico tras unos cuantos idealistas. Los que directamente fueron asesinados se podría decir que tuvieron suerte, lo peor vino con los secuestros, las desapariciones o las ejecuciones de amigos y familiares.
-Lo...lo siento -Musitó Sam sorprendida y apenada por la narración de aquellos hechos.
-Tranquila, no es ninguno de nuestros casos, eso fue hace años -Contestó Katrina para poco después proseguir- En ese momento surgió la pregunta, la gran pregunta para muchos de esos hombres y mujeres ¿Hasta que punto no es bueno recurrir a la respuesta violenta? Esa duda pasó a por la cabeza de todas aquellas personas, y ese grupo de gente estuvo largo tiempo decidiendo, revisando pros y contras mientras se escondían de las largas manos de su enemigo.
-Tardaron cerca de tres meses en decidirse y así nació "Bastión", donde el nombre provenía de la expresión trillada durante esos días, "El bastión rebelde". Después de todo lo vivido, la primera decisión que tomaron fue permanecer en la sombra, no debían poner en peligro a sus familias bajo ningún concepto, porque eso era peor que morir. Todo lo demás se podría decir que es historia.
-Comenzaron a reclutar gente, entre los que estábamos tanto Cooper como yo, y por lo general de una forma mejor de como lo hicimos con usted señorita Lars. Normalmente lo negociábamos con el posible recluta después de estudiarlo durante bastante tiempo.
-Pero entonces, ¿por qué me raptaron a mí? -Preguntó Sam aún bastante alterada.
-Digamos señorita Lars que usted es un portento en su campo y la necesitábamos cuanto antes -Exclamó Cooper- Por lo general reclutamos gente con adiestramiento de algún tipo, militar, de guerrilla, etc. Pero nunca gente muy llamativa, solo gente con buenas cualidades.
-¿Por qué?
-Muy simple. Como ya le he dicho no podemos llamar demasiado la atención. Sería demasiado alarmante que un gran soldado de un regimiento desapareciese de repente con una coartada que a veces es muy frágil. No podemos arriesgarnos a eso. Por eso los estudiamos y vemos sus cualidades según nos avisan nuestros ojeadores. Y algunas veces ocurre que reclutamos algún civil, como usted, aunque no lo solemos hacer por la necesidad de instruirles.
-Pero eso es una locura, sigo sin saber por que me quieren a mí. Yo sigo siendo una simple chica de Toronto que trabajaba en una oficina. Entiendo por que luchan, pero no podría involucrarme en algo así.
-Samantha, se está desarrollando una guerra secreta de la que casi nadie sabe nada y como le dijo ayer el señor Riyatho, nosotros no somos lo correcto, somos el medio para que pueda perdurar lo correcto. Tenemos fecha de caducidad, pero no antes de darle una oportunidad a la verdad -Exclamó Katrina con voz apasionada, la primera vez que Sam pudo ver a aquella mujer emocionada.
-Es cierto, hay una guerra y la necesitamos, es un pilar con el que construir este proyecto -Siguió Cooper.
-Pe...Pero, pero,..., es que no sé si debo estar aquí, no sé si puedo hacer lo que me piden, no sé...
-Sam, por favor, dame un tiempo, un par de meses y te traeré todas las pruebas que me pidas y necesites, todas. Lo que sea, te demostraré que lo que hagas con nosotros tendrá repercusión para mejorar todo lo que nos rodea. Por favor solo dos meses y si no te gusta yo mismo te devolveré a Toronto.
Tras ello Sam había aceptado darles dos meses de margen para traerles pruebas de las atrocidades de las que hablaban y sus planes para el futuro, y en caso de no querer permanecer allí se marcharía.
Pero en ese momento se encontraba en una especie de hangar tumbada sobre un pequeño montículo apuntando a una diana que estaba al final de toda aquella galería. Interpretaba la fuerza del viento gracias a las pequeñas banderas que había clavadas e intentaba calcular por instinto como compensarlo a la máxima velocidad posible ya que la diana aparecía y desaparecía en un instante. Ya solo le quedaba la última, un diminuto círculo rojo del tamaño de una nariz de payaso al final de aquella estancia. Observó que el viento había aumentado. Solo quedaba aquella, un suspiro. Podía tomarse su tiempo y habría terminado. Justo como con la propuesta de Cooper, una espera y se acabaría. Tomó un poco de aire y se dispuso a controlar la respiración, eso es en lo que más le habían insistido cuando lanzaba con el arco hacía ya años, que era lo más importante. Se volvió un instante a Shane y le preguntó.
-Shane, tú, ¿de dónde eres?
-De Nueva Zelanda, ¿por qué? -Contestó sorprendido
-Porque ahora todo tiene sentido -Dijo mientras volvía a divisar su objetivo
Una respiración, apretar el gatillo y se acabaría. Una respiración, apretar el gatillo y con una bala viajando a gran velocidad se acabó.

domingo, 26 de abril de 2009

Historia Interactiva (10)

(Foto en honor a Cierbecillou)
Bueno, pues así deprisa y corriendo otro capítulo en un margen de tiempo supercorto (hoy estoy muy orgulloso de mí ^^) 3 entradas en 5 días no está mal. La verdad es que creo que me gusta como ha quedao, digo que creo, porque aun me gustaría darle un par de repasos más y entonces ya estaré satisfecho. Es un capítulo bonito en lo que trata a mi parecer, y muestra algo más de todo lo que está pasando. Esta vez vuelvo a tener música así a la primera, y creo que entra bien sobretodo en la primera mitad. Es cierto que es un capítulo largo pero estaba enchufado y quieras que no es lógico que cada vez sean más larguillos.
Como es el número 10 os voy a volver a poner dos enlaces de descarga en pdf de la historia como hice en el 5. Uno con los capítulos del 6-10 y otro con los 10.
Los enlaces:
Historia Interactiva (6-10)
Historia Interactiva (1-10)
En fin espero que os guste y como siempre os pido opinión.
Un saludo
PD: Aquí teneis la música.



10ª Parte:
"¡La pierna derecha! ¡Sube el brazo!"
El, tras después de casi dos meses bien entrenado brazo izquierdo de Samantha, detuvo el avance de la patada circular alta de su adversario bloqueando la espinilla de este con el exterior de su antebrazo. El impacto había sido duro, pero ya había aprendido a equilibrar su cuerpo y a responder a las distintas coyunturas que acontecen durante la lucha. Su cuerpo ya no esperaba una orden del cerebro, no necesitaba comprender y razonar, ya sabía responder automáticamente a cualquier adversidad antes de que la propia Sam se diese cuenta de ello. Su cuerpo, después de siete semanas de dura instrucción, se estaba convirtiendo en un perfecto mecanismo de ingeniería, en una complejidad de engranajes adecuadamente combinados, en un reloj suizo que se movía por medio de sangre, músculos y huesos. En un principio, Sam pensó que ese entrenamiento y ese desarrollo no cuadraban con ella, pero poco a poco fue adaptándose y vio las ventajas que podía tener; no le gustaba el contenido violento y agresivo de aquella actividad, lo que le gustaba era poder controlar y comprender su propio cuerpo hasta extremos que nunca soñó que fuesen posibles de alcanzar. Ahora no dudaba, sabía hasta donde podía saltar, hasta donde podía escalar, cuanto peso era capaz de mover, cuan fuerte podía golpear, etc. Y el poder que te otorga el no dar cuartel a la duda es un poder demasiado grande como para cometer la hipocresía de negar que le gustara. Había conocido sus límites y ellos mismos le habían sorprendido. Ahora se descubría para ella una variante latente de una frase que siempre repetía su padre, "Todo hombre oculta más de lo que muestra", y era cierto por lo menos en este caso. Su cuerpo le hablaba sin tapujos y ella sabía escuchar, él le mostraba sus necesidades y ella las saciaba. Era un extraño vínculo entre dos conocidos que nunca se habían visto antes, una sociedad secreta de solo dos miembros que eran la misma persona, era al fin la dualidad del uno. Había dado más libertad a su parte animal, o quizá solo se la había dado a ella misma. Se había despojado de todo aquel barniz de incertidumbre que durante años le había hecho desechar cualquier acción que no se considerase propia de ella. Había roto las ligaduras que la mantenían sujeta al suelo, el único límite que ahora encontraba era el cielo, y ese cielo lo podía encontrar mirando hacía arriba, pero era capaz de alcanzarlo cuando, como en ese justo momento, daba medio paso hacia adelante con su pierna derecha, giraba ligeramente hacia afuera su codo izquierdo, apresaba la pierna del contrincante con su mano derecha y lo desequilibraba mediante un barrido circular inverso con su pierna izquierda. En ese justo momento una pequeña sociedad, un pequeño pacto formado por cuerpo y mente rozaba el cielo durante un instante.
Con todo ya a su favor, Sam solo tuvo que marcar el ataque en el rostro incrédulo de Hannah.
-Hace casi dos meses me teníais a vuestra merced en Toronto y si no llega a ser por Shane justamente tú me habrías acorralado. Pero ahora es todo lo contrario, soy yo quien te tiene a mi merced y acorralada ¿No te parece irónico Hannah? -Preguntó Sam con gesto triunfal- ¿Seguro qué fue buena idea que me enseñarais a defenderme?
-No juegues con tu suerte canadiense, aun estás de pie porque yo quiero.
-Demuéstramelo.
Sam casi no tuvo tiempo de terminar la frase, Hannah ya había lanzado la palma de su mano izquierda hacía el torso que se encontraba sobre ella. Sam con grandes reflejos desvió el ataque cruzando su brazo izquierdo a la vez que aprovechaba para asestar un golpe seco con su puño derecho. Ya se veía vencedora, pero Hannah no se rendiría fácilmente y lo demostraba poniendo en liza su potente rodilla. Era algo demasiado rápido para bloquearlo, así que lo único que pudo hacer Sam fue girar sobre su mano derecha para intentar atenuar el golpe con la musculatura de su hombro. El golpe fue seco y proyectado, tanto que Sam se vió obligada a rodar abandonando su posición dominante sobre Hannah. Ahora vendría el segundo asalto, el que no dependía del estilo si no de la resistencia y la ambición por ganar. Luchaban sin tapujos, empleando todo lo que conocían, sin contenerse pues la rival les obligaba a ello, liberadas de conceptos teóricos y de vanos combates de entrenamiento. En este si se jugaban algo, aún no sabían del todo el qué, pero habiendo probado el sabor de la victoria cualquier otro les sabría amargo y vacuo.
Eran dos leonas enzarzadas en luchas que nadie más entendía, en rugidos viscerales que destruían diques de adrenalina filtrándose por los recovecos de su ser y alimentando cada fibra de su musculatura, cada pequeña hebra de sus ligamentos. Con metafóricas y literales leónidas dentelladas el combate poco a poco se fue haciendo cada vez más lento pero más crítico, al igual que el colapso de una vieja estrella. Dos o tres puñetazos más y todos los presentes podrían ver una supernova.
-¿Qué pasa? ¿Ya no es tan fácil reírse de una persona indefensa? Cuando se equilibra la balanza no os veis tan jodidamente superiores ¿verdad? -Gritaba Sam proyectando toda la rabia acumulada desde que un extraño arquero la metiese en el asiento de atrás de un coche marrón hacia su contrincante en el tatami.
-Muy bien niñata, ¿quieres sentirte importante? ¿Quieres ser el centro de atención? Tú tranquila que voy a hacer que todos se fijen en ti.
El resto de los presentes comprobaban atónitos como un combate de entrenamiento se había convertido en una pelea de orgullo debido a las rencillas acumuladas, el exceso de adrenalina y la falta de autocontrol.
Todos miraban boquiabiertos excepto un hombre mayor, de barba cana y que se recogía el poco cabello que le quedaba en una coleta. Hank había decidido que su ejercicio había llegado ya a su fin consiguiendo su objetivo, era hora de intervenir, al fin y al cabo no quería provocar males mayores ni consecuencias irreparables. Así que cuando Sam amagó su golpeo con el brazo izquierdo pretendiendo dar ventaja a la penetración de su contundente puño derecho, y Hannah flexionaba las rodillas y descendía su centro de gravedad preparándose para asestar un gancho definitivo sobre el tronco de la canadiense, como de la nada, apareció Hank para estrellar su codo izquierdo en el pómulo de Sam y su rodilla derecha en el hombro de Hannah derribándolas y poniendo fin a aquella borrachera de violencia sin sentido y escasez de materia gris. Las dos leonas veían ahora como el viejo cazador les había ganado el asalto, y exhaustas dieron por finalizada toda demostración de orgullo.
-Bueno, pues esto es justamente lo que no quiero que hagáis -Exclamó Hank con su voz que sonaba a años de whisky y tabaco. Se giró hacia Hannah y Sam y con gesto cansado les dijo- Habéis sido tan estúpidas que perdisteis el contacto con vuestro entorno. Estabais tan preocupadas por resarciros de viejas rencillas que he podido acercarme y derribaros sin siquiera esforzarme, por dios, si ni siquiera me lo habéis puesto difícil.
Hannah y Sam, que todavía estaban recuperando el aliento, se miraron mutuamente ignorando las palabras de Hank, ahí había algo que aun debían solucionar. El veterano soldado dándose cuenta de lo que pasaba por la cabeza de ambas salió al paso de los pensamientos de las dos reclutas.
-Y ni se os ocurra volver a pensar en romperos las piernas la una a la otra, porque si no seré yo el que os meta un mes en la enfermería, ¿entendido? -Preguntó Hank con ademán tranquilo- No sé si os dais cuenta pero sois compañeras, vais a tener que confiarle vuestra espalda a la otra y si no tenéis a alguien que os la proteja puede que os ocurra lo mismo que ha ocurrido hace un minuto, un tercero en discordia puede destrozaros, con la única diferencia de que esto es un simple entrenamiento y allí no vais a tener un minuto de respiro -Fue dándose la vuelta lentamente mientras les aguantaba la mirada a ambas gladiadoras- Y a los demás, espero que hayáis aprendido algo de todo esto. Debéis estar concentrados en todo momento porque nunca sabréis si de repente os encontrareis en desventaja. Debéis de ser capaces de estar preparados para todo y evaluar correctamente la situación, por ello debéis dejar todo lo que no sea importante a un lado cuando estéis en mitad del combate ¿Alguna pregunta?
-Si, solo una -Exclamó Luke desde el final de la sala- sé que los informáticos debemos hacer también el entrenamiento básico por lo que pueda ocurrir. Pero ya que no es del todo necesario, ¿nos podría dar la alegría de echarles barro la próxima vez que se peleen?
-Aprecio su sentido del humor señor Harris, pero creo que no se reiría tanto si les diese la oportunidad de contestarle a cualquiera de ellas dos.
-Umm, no creas Hank seguro que podría sacar algo por lo que estar contento.
-Jejeje, muy bien, creo que ya es suficiente por hoy. -Dijo Hank mientras le echaba un vistazo al reloj- Id a vuestra habitación, daros una buena ducha y descansad porque mañana será...
-Esperad un segundo -La voz de Iker se elevó por encima de las demás. Él y Shane se encontraban en la puerta de entrada del dojo- tenemos que hablar un par de cosas con Hank y luego con vosotros.
Un ligero barullo se formó mientras Shane e Iker atravesaron la sala hasta reunirse con Hank.
-¿Qué ocurre chico? -Preguntó el veterano.
-Cooper nos ha metido un poco de prisa, tenemos que empezar a definir las secciones y como la mía es la que requiere la formación más específica, me ha sugerido que complete mi grupo ya -Respondió Shane algo tenso.
-¿Tienes ya decididos tus aspirantes? ¿Corresponden con lo que teníamos pensado?
-Si casi todos, como siempre no te equivocas, pero antes quería preguntarte algo.
-Lo que sea cachorro.
-Hemos observado a Sam, y en como se ha dejado llevar en la pelea con Hannah ¿Estás seguro que es la persona adecuada? No quiero que cuando llegue el momento alguien pierda el control.
-Shane, la hemos raptado, la hemos acogotado. Ella y Luke son seguramente los que más descolocados se encuentran, con la diferencia de que el americano lo soluciona todo con bromas. Es sin duda la persona que más tensión ha soportado aquí. Es lógico que algún día de estos estallara por todo lo que ha pasado. Lo que me sorprende es que haya tardado tanto. -Comentó Hank con los brazos en jarras- Tiene temple, mucho además, y sabes mejor que yo que es una cualidad que se necesita. Es aún un diamante sin pulir, pero puedes sacar un verdadero valor en alza de ella ¿Y tú Iker, también empezáis la formación?
-No, aún no. Posiblemente la semana que viene. Solo necesito a uno de ellos y todavía puedo observarlos un tiempo más.
-Ok. Bueno, ¿quién de los dos se lo dice?- Les preguntó Hank a los dos jóvenes.
-Yo mismo -Exclamó Iker que con paso constante se dirigió a los reclutas- Buenos tardes a todos. Ya hace casi dos meses desde que empezamos a convivir todos juntos en estas instalaciones y fuisteis puestos al corriente de lo que aquí hacíamos. Hoy os voy a dar algo más de información y a explicaros porque os queremos a algunos de vosotros. El nombre extraoficial de este complejo es "Bastión VII" y así es como se nos conoce a los que estamos aquí. No os voy a explicar porque se nos llama así, tampoco tiene mucho sentido, pero si os voy a decir que en los sucesivos días se os va a ir seleccionando y situando en la jerarquía de las distintas secciones de Bastión VII. Por eso estamos hoy aquí Shane y yo. Supongo que algunos ya os habréis dado cuenta de que Shane no pertenece al grupo normal de infantería.
-Si, no es muy normal ver a un tío con un arco paseando -Exclamó Karen entre las risas de los demás.
-Jejeje, no desde luego, aunque tú si sabes a que me refiero Karen. Shane dirige a los tiradores tácticos.
-¿Tiradores... qué? -Preguntó Sam.
-Francotiradores Sam -Contestó Terry a su lado.
-Exacto señor Milton -anotó Hank- y es tremendamente bueno, pero tiene dos vacantes en su grupo y dos de vosotros vais a cubrirlas.
El murmullo se hizo generalizado.
-Bueno, si hay que disparar desde lejos y no hay peligro de tener las balas pegadas al culo, cuenta conmigo -Exclamó Anthony riéndose.
-Puestos a estar a distancia os ganamos los informáticos -declaró Luke.
-Un momento por favor -Pidió Iker haciendo gestos de que se calmaran- Vamos a hacerles las pruebas a tres de vosotros que son Terry, Sam y Viktor.
Sam miró a Terry que perplejo le devolvía la mirada. La joven no podía decir que le sorprendiese, al fin y al cabo en su interior se lo había estado imaginando desde el principio. Fue entonces Viktor el primero en preguntar con su marcado acento ruso.
-¿Y cuando serán las pruebas?
-Ahora mismo -Contestó Shane desde el final- Demostradme de que estáis hechos.

jueves, 23 de abril de 2009

Historia Interactiva (9)

Bueno, por fin lo hice, volver a escribir, o más bien mostrar lo que he escrito. La razón de mi tardanza aunque pueda parecer una escusa (y quizá en parte lo és) es que en unas semanas he estado con vosotros, he vuelto a Barcelona como múchos sabeis para que me dieran la buena noticia con respecto al tema de los ojos y a parte he estado bastante cargado de trabajos estás últimas semanas, así que con ello intentaré que no vuelva a repetirse y volver a escribir más a menudo ^^, bueno como último apunte decir que me encantó teneros aquí todos estos días y que fue una semana genial :D. En fín, aquí teneis la novena entrega de la historia interactiva. En ella se da a conocer algo del pasado de uno de los personajes. Personalmente es uno de los que más me gusta, pero también es cierto que es uno de los que más me cuesta delimitar y describir, es un personaje complejo y en partes ilógico, pero en fin espero que os guste, y como siempre os pidó que opineis, a ver si superamos los 10 comentarios del último tema xD. Bueno sin más ni más un abrazo a todos y que lo disfruteis.
Está es la canción que he elegido para este capítulo que hacía mucho que no elegía ninguna


9ª Parte:
Se mira los zapatos. Le encanta como brilla el charol rojo, casi puede ver su reflejo en ellos. Sonriente salta y baila al ritmo de música francesa de acordeón. Levanta la cabeza y observa a su hermana que desde el marco de la puerta la mira con una ceja levantada y volviendo los ojos. Ella le saca la lengua y continúa bailando. No comprende que le ha pasado a su hermana, antes si se hubiese unido al baile. Un día le preguntó a su madre y le dijo que su hermana se estaba haciendo mayor. "Tu hermana es cada vez más grande, y tiene que comportarse como alguien mayor". ¿Acaso crecer era convertirse en un estúpido? ¿Entonces, que tiene de bueno crecer? "Algún día lo entenderás hija mía". Su madre acerca los labios a su frente y puede notar durante una décima de segundo sus suaves labios mientras se ve embargada por el olor de su mamá. Un escalofrío recorre todo su cuerpo, se siente segura, feliz, tranquila.
Sigue bailando en el salón, sigue la música de acordeón que ha marcado su infancia, le recuerda a su viaje a París el verano anterior, pero sobretodo le hace acordarse de su padre, él disfrutaba tanto con ella. La relación con su padre siempre fue distinta a la que tenía su hermana con él. Su hermana era la primogénita y por ello estaba atada a una serie de obligaciones y deberes que su padre se encargaba de enseñarle con sumo detalle, en cambio, al ser ella la pequeña, su padre se veía libre de la carga de instruirla y por ello actuaba con mucha más naturalidad y era más cariñoso. Podríamos decir que con ella su padre podía comportarse tal y como él deseaba. No era justo, ella lo sabía, pero su hermana se alimentaba de otros sentimientos paternos. Su hermana prefería reconocimiento, confianza y los planes con vistas al futuro.Ella no cambiaba por nada el cariño, los cuentos y los juegos con él.
De tanto dar vueltas empieza a marearse y finalmente se desploma encima del sillón riéndose de forma descontrolada. Recoge tambaleante el coletero que se le ha caído con sus diminutas manos, se arregla el pelo y es entonces cuando oye la cerradura que anuncia la llegada de su padre.
Sonriente se dirige corriendo a la entrada de la casa provocando el caos a su paso, roza una lámpara de pie con tulipa de papel, esta se tambalea pero pronto vuelve a su estatismo, lo cual no evita que su madre le dé un aviso desde el pasillo. Con el corazón acelerado y resoplando ligeramente se queda enfrente de la puerta esperando. La espera se acaba y su padre entra en el hogar, la observa con ojos cariñosos y no puede evitar sonreír viéndola formar delante de él con una coleta más alta que la otra. "Hola mi cielo". Es la señal, ya tiene permiso para tirarse encima de él. El padre toma en brazos a su hija, la abraza y besa, y aún sin dejarla en el suelo saluda a su primogénita de una forma mucho más formal. "Buenos días hija". "Buenos días padre". "Hoy tenemos un invitado, avisa a tu madre y organiza todo lo necesario para que se sienta cómodo". "Si padre".

Ella asiste perpleja a la escena el tiempo justo hasta que una pequeña luz se enciende en su cabeza. "Hay un invitado". Como un neón en su cabeza, un invitado, un visitante, otra persona en el mismo techo. Su curiosidad como la de cualquier niño de su edad le impulsa para mirar por encima del hombro de su padre. Antes de que pueda divisar a nadie aparece una mano, y sujeta por ella una piruleta roja. Sus ojos golosos se abren, una sonrisa se le forma con rapidez y antes de reparar en ello sus manos ya se han lanzado en pos del preciado objeto. Nada más agarrar la golosina ve a su Mecenas, un joven que ha visitado varias veces su casa, lo conoce, sabe que trabaja con su padre y siempre tiene un detalle con ella.
Es curioso, en aquellos años era una de las personas que más feliz le hacía cuando aparecía de visita, ahora en cambio no dejaba de ser "Él", "el traidor", el objeto de toda su rabia, el de sus planes homicidas.
La situación se vuelve extraña, la niña que vive la estampa está tremendamente feliz, en cambio la adulta que la está recordando sufre una sobredosis de adrenalina, su corazón bombea con fuerza, su respiración se vuelve agresiva, su mandíbula se contrae con fuerza, su frente está sudorando y finalmente y sin remisión se despierta.
Con un rápido movimiento se ha incorporado con los ojos muy abiertos, el pelo pegado en su frente sudada y apuñalando a una víctima no existente con un puñal fuertemente sujeto por su mano izquierda. Tras un par de respiraciones Mikumo comprende su situación real, mira el puñal, lo mete en la funda del muslo, apoya su cabeza en sus rodillas flexionadas y con los ojos cerrados cabecea negando levemente.
Mikumo en seguida abre los ojos y observa la superficie del tejado del edificio de arquitectura toscana en el que está sentada justo bajo la bóveda del complejo en el que lleva viviendo durante las últimas semanas. El sol lucía radiante en aquella tarde de mediados de Diciembre. Habían tenido unos cuantos días de nubes, pero se agradecía la luz solar aunque fuese a través de una superficie translúcida. Las temperaturas eran demasiado extremas en el exterior, tanto que podían variar muchos grados en el transcurso de un solo día y notar la suave caricia del astro rey siempre ayuda.
Ya hacía mes y medio que todos estaban en aquella fortaleza, mes y medio de instrucción extrema. Ya conocía a todo el mundo y no tenía problema en aceptar las habilidades de cada uno, pero no tenía demasiado interés en mejorar sus relaciones sociales, todo lo contrario, ella solo había entrado a formar parte de la nómina por un determinado objetivo y después de un mes y medio aún no tenía la menor noticia de aquello que había venido a buscar. Y eso empezaba a impacientarla y provocaba que se encontrase incómoda.

De repente algo había llamado su atención, un sonido desde el saliente más alejado del tejado. Dos manos aparecieron colgándose entre las tejas, a las que le siguieron dos brazos, un tronco y dos piernas. Un joven de piel morena y pelo recogido en una coleta se aupó hasta el nivel en el que se encontraba Mikumo y la saludó sonriendo.
-¿Qué haces aquí arriba?
-Ummm no sé... Estaba pensando en saltar desde este tejado. Con una cuerda elástica debe ser muy divertido ¿Crees que tendremos alguna de ellas? -Contesto Mikumo con ojos de maniaca y una sonrisa de oreja a oreja- Seguro que tienen alguna, siempre tienen de todo. Jijiji.
-Jajaja desde luego eso me gustaría verlo -Dijo el joven sin parar de reír y gesto de incredulidad.
-O si no una carrera por los tejados. Si, si, si, eso sería divertido. Muy divertido ¿No te parecería divertido Iván? Seguro que lo sería -Seguía la joven con gran teatralidad hablando consigo misma divertida.
-Jejeje, si claro por supuesto, debe ser emocionante al menos.
-Si, si, si -Repetía Mikumo con una inalterable sonrisa como si volviese a ser la niña de zapatos de charol rojo.

-Por cierto, vi tu exhibición con los cuchillos. Fue muy ilustrativo.

-Si, los cuchillos también son muy divertidos, podrías cortar un fémur rápidamente si sabes como, aunque lo peor es siempre la sangre. Mi madre siempre me decía que no me manchara, así que siempre intento llevar un impermeable...
-Si claro, supongo que son las preocupaciones de los de infantería, nosotros los de transporte nos preocupamos más por no estrellarnos ni quedarnos sin combustible.
-...mi madre siempre llegaba y decía muy seriota "Mikumo para cortar a alguien es mejor meterlo en la ducha y ponerte un impermeable, así todo se mancha menos". Aunque no sé que diría sobre estrellarse. Para eso no vale un impermeable jejeje -Siguió diciendo de forma alocada como en los últimos años.
-Esto... si supongo que para eso no vale un impermeable -Contestó Iván esbozando una media sonrisa circunspecta- Pero quería preguntarte si podrías ayudarme con el manejo del puñal. Desde luego estas semanas he visto que no es lo mío, y en cambio para ti es como una extensión de tu brazo.
-Jijiji claro claro, yo te enseño, porque el puñal es muy divertido. Pero deberían tener conejos o perdices para entrenar, porque es más divertido darle a algo que de verdad se mueve y no solo a esas dianas -Comentó de nuevo Mikumo intentando añadirle más teatralidad a la situación y a su forma de gesticular casi de infante enfurruñado.
A veces ella misma se preguntaba porque seguía ocultándose tras esa máscara infantil. Todo comenzó hace años en uno de sus primeros encargos. Ya había ejecutado a su objetivo, pero por desgracia tres compañeros de él la descubrieron cubierta de sangre en el lugar del crimen. Fue un acto reflejo, se hizo pasar por una niña lunática e infantiloide, casi se podía decir que era una maníaca. Solo necesitó eso, los tres descubridores bajaron la guardia al creerse superiores a la niña que tenían enfrente, para pocos segundos después caer los tres abatidos a manos de la floreciente habilidad para matar de Mikumo.
Después de eso todo había seguido por ese camino. En más de una noche solitaria había intentado racionalizar su comportamiento y después de millones de charlas con la pequeña Mikumo y otras tantas con la adulta, había llegado a la conclusión que era una manera de protegerse a si misma. Era un comportamiento que le aislaba de lo que en realidad estaba haciendo, era como ver la escena desde una marquesina a cientos de metros. Y siempre lo prefería.

-Además no lo digas por ahí, pero escuché a Katrina algo de movilizarnos. No sé a que se refería, pero desde luego se refiere a ponernos en activo para lo que sea que nos necesiten -Explicó Iván que había continuado hablando mientras ella se enfrentaba a su protección de la realidad.
Poco a poco fue asimilando las palabras. Mikumo sabía que significaba, significaba un paso más cerca de su objetivo, significaba hacerle un favor a esta gente para que luego ellos le hiciesen un favor a ella, significaba ser libre del peso que cargaba desde su infancia, significaba verle muerto. Su rostro se tornó serio, demasiado para alguien que se esconde tras una mascara. Rápidamente recuperó el control y se dirigió a Iván, que la miraba un poco extrañado de tanta seriedad.
-Jijiji, si, movilización. Jijiji, así podré lanzar los puñales a otra cosa que no sean dianas jijiji. -"Hasta que solo me quede un cuchillo que lanzar".

viernes, 23 de enero de 2009

Historia Interactiva (8)

Aunque parezca increible, solo me ha costado escribirlo dos horas. Supongo que estoy un poco en racha y quería desquitarme por estos días estudiando. En fin, aquí teneis octava entrega en la cual se despeja casi definitivamente que está ocurriendo. Espero que os guste y la disfruteis. No estoy muy contento de como está traido todo a colación, pero bueno ya me direis como lo veis. Un saludo, que todo os vaya bien y bis bald. por cierto la foto es del último Halloween, y aunque parezca que no voy disfrazado, si que lo estoy. Para mas señas diré que soy John Constantine, de la serie Hellblazer (¿cuela?)


8ª Parte:
Llevaba ya bastante rato despierto, pero se resistía a la idea de ponerse en marcha. Además, Iker había entrado en la ducha hacía no mucho, así que tardaría aún en salir. Mientras tanto se dedicaría a aprovechar esos últimos minutos en su cama ¿Cómo podía siquiera plantearse dejar el calor de sus sábanas? Él lo sabía bien. Había que hacer lo que había que hacer. Pero al menos nadie podría arrebatarle esos preciados minutos. Puso el brazo derecho sobre su cara para atenuar la luz que pudiera incidir sobre sus párpados y deseó poder quedarse en esa posición el resto del día, ignorando los dolores que pudiera provocarle estar así colocado y el cansancio relativo a la inmovilidad. La ducha había dejado de oírse durante un lapso de tiempo, así que supuso que Iker estaría enjabonándose y pasaría a enjuagarse en cualquier momento, con lo que ya le tocaría su turno. Resoplando y bostezando se levantó hasta sentarse al borde de la cama, de desperezó e intentó activar sus músculos estirándose un poco. Posó su mano derecha sobre su omoplato izquierdo y con las yemas de los dedos acarició lentamente dos tersas cicatrices circulares del tamaño de un botón. Maldito frío de Toronto. Desde que llegaron allí le había estado doliendo el hombro izquierdo, solo esperaba que el dolor desapareciese una vez de vuelta en la estación. Pero por ahora, aunque había disminuido, el dolor persistía en la misma zona.
Lentamente Shane se levantó de la cama y se dirigió con mantenida somnolencia a la puerta del lavabo que compartían Iker y él.
-Iker, ¿te queda mucho?
-Un par de minutos y estoy fuera -Se oyó desde el interior del baño.
Shane invirtió esos minutos en seleccionar la ropa para ese día. Hoy les tocaba hacer sesión instructiva en el exterior, así que se decidió a mirar el termostato y observó que había previsión de trece grados. Era perfecto, solo necesitaría una sudadera. Fue al armario escogió la cazadora de correas negra y el pantalón de montaña mas cómodo que pudo encontrar. Con todo en la mano, echó un vistazo a la habitación y se percató de que debían limpiar todo ese desorden algún día. En ese momento la puerta del baño se abrió y del interior salió Iker.
-Buenos días ¡Dios Santo! Que bien sienta esto a primera hora ¿Cómo andas?
-Bien, aunque me sigue molestando el hombro.
-Bueno dale un poco de tiempo a tu cuerpo.
Shane se metió en la ducha, abrió el agua caliente y apoyó las palmas de sus manos en la pared dejando que el agua cayera sobre su hombro dolorido. El agua resbalaba por su cara hasta precipitarse por su nariz y barbilla. Realmente Iker tenía razón, aquello era realmente una cura milagrosa para las mañanas. Le gustaba ese momento, tan íntimo, tan privado, tan en calma. Le permitía pensar con claridad, sin agobios, y por lo general era una forma de conseguir buenos juicios. Esa mañana pensaba en la sesión que iba a tener lugar en aproximadamente una hora y sobretodo en aquella novata, Samantha Lars, ¿sería realmente una buena apuesta? ¿Se abría equivocado Hank al recomendarla? No, no lo creía aquello era muy improbable. Hank era detallista, preciso y después de todo lo vivido podía jugarse su vida en una decisión de Hank sin temer por ella. Hoy Samantha debería demostrar si estaban equivocados con ella. Hoy deberían explicarles a todos realmente de que iba toda aquella historia, aunque no se aventuraba tarea fácil. Él ya llevaba 4 años allí y aún no conseguía entender como seguía allí. Bueno, en realidad si lo sabía. Pero explicárselo a alguien nuevo puede resultar una locura, sobretodo si esa persona no ha recibido entrenamiento previo y su selección responde más a la corazonada de un veterano que a la experiencia real en el combate. Pero Hank tenía razón, al fin y al cabo cuando él entró se encontraba en la misma situación que se encuentra Sam ahora ¡Pero diablos, había un detalle diferenciador abismal entre ellos dos! Él no tenía ya nada en el mundo salvo Hank.
Quince minutos más tarde salió ya vestido del baño, depositó la ropa sucia en el túnel de servicio y junto a Iker se dirigió al comedor donde la mayoría de la gente se encontraba desayunando ya. En el camino saludó a Terry, Mirna y Laura, la cual ya recibía los buenos días de Iker con un beso que este depositaba en los labios de la argentina. Shane continuó unos pocos metros más hasta donde se encontraba desayunando Hank. Como siempre, había pedido desayuno británico. Ese era el mayor defecto y la mayor virtud de los británicos, sus tradiciones y costumbres las seguían a pies juntillas.
-Buenos días chico
-Buenos días Hank ¿Qué tal está el desayuno hoy?
-¡Bah! Quieren matarnos con esta bazofia generada. Si tuviéramos un cocinero inglés...
-"...sabríamos lo que es de verdad un desayuno británico". Jeje -Dijo Shane con tono burlón.
-No juegues con tu suerte cachorro ¿Uno te enseña todo y se lo pagas así? -Respondió Hank elevando una ceja y con semblante serio. Aunque Shane no se preocupaba, ya que aquella era la forma que tenía Hank de mostrar su sentido del humor.
-De acuerdo, de acuerdo. Aunque sigo dándole vueltas al tema de la incorporación de la nueva -Comentó Shane con el rostro mucho más serio.
-Chico, entiendo tus dudas y si yo fuera tú, también dudaría de mi consejo. Un viejo como yo es probable que se equivoque. Pero estoy tan jodidamente seguro de mi elección que te apuesto un verdadero desayuno británico -Shane sabía que no bromeaba, lo cual le tranquilizaba. Si Hank estaba seguro, había poco que discutir- Ella es realmente buena. Sus habilidades innatas la hacen la persona ideal para completar tu grupo. No había visto nadie con ese temple desde que te vi en aquel campeonato en Kent.
-Ok, gracias Hank. Voy a desayunar algo.
-Pues no pidas la misma farsa que pedí yo.
Shane se acercó a la zona donde reposaban las tarrinas para el generador y se dedico a leer lo que ponía en las tapas de cada uno de los envases. "Huevos con Bacón", "Tostadas", "Tortitas", "Huevos Revueltos", etc. se iban sucediendo entre todas las pequeñas tarrinas mostradas. Shane se inclinó un poco para coger una de "Huevos con Bacón" y otra en la que ponía "Pudín de Vainilla", cuando de repente una mano le tocó en el hombro. Shane se dio la vuelta y vió que se trataba de Sam.
-Disculpa, ¿puedes enseñarme como funcionan las tarrinas estas? -Preguntó con gesto indeciso
-Si, claro -Shane cogió su tarrina y caminó hasta un artefacto que había a la izquierda. Sujetó la tarrina entre los dedos y le dijo a Sam- Primero, metes la tarrina aquí, quitándole antes la tapa. Presionas este botón verde y ya está hecho. En unos segundos tienes lo que has pedido en esta parte de aquí donde las bandejas -Comentó Shane mientras recogía su desayuno recién generado- Pero, ¿es que ayer no desayunaste?
-Si, si que desayuné, pero como estaba algo perdida, Terry se ofreció a traerme lo que quisiera. Así que simplemente me senté y esperé a que me lo trajera. Pero claro, hoy quería agradecerle el favor y en el último momento me he dado cuenta de que no tenía ni idea de donde sacabais el desayuno. Nunca había visto un Generador antes. Es demasiado nuevo. Sé que lo tienen los grandes hoteles y esas cosas. Pero mi economía no se puede permitir uno de esos ni de lejos.
-Bueno, ya sabes, esto siempre desciende de coste en un par de años. Seguramente para 2049 casi todo el mundo pueda permitírselo -Respondió Shane con voz lejana.
-En fin, muchas gracias.
-No hay de qué -Tras lo que Shane se llevó sus cosas a la mesa en la que se encontraban Laura e Iker.


******************************************
El desayuno le había sentado realmente bien. Ahora se encontraba con fuerzas para todo el día. Le hizo un gesto a Iker y este lo entendió perfectamente. Se levantaron, se despidieron de Laura y fueron al campo de instrucción número tres. Allí ya les esperaba Henry. Shane no había hablado con Henry desde su encuentro dialéctico en Toronto, pero sabía que no había nada que temer, ya que Henry era una persona consecuente y que se limitaba a hacer su trabajo lo mejor que podía.
-Buenos días -Saludó Henry
-Buenos días -Respondieron los dos casi al unísono- ¿Está todo?
-Ahí lo tienes -Dijo Henry al tiempo que señalaba un arsenal que se encontraba colocado en un armero.
Shane procedió a inspeccionar cada arma milímetro a milímetro, mientras Iker conversaba con Henry y cargaba con un gran saco marrón. Henry era australiano, pero parecía un oficial británico de las colonias de la India del siglo XIX. Debía rondar los cuarenta y cinco. Era alto, aunque muy delgado, así que la primera imagen que te venía a la cabeza era un Spaghetti. Tenía el pelo corto, castaño, peinado con la raya a un lado y poseía un cuidado bigote.
A los pocos minutos sonó por megafonía el aviso de que todo el mundo debía dirigirse al campo de instrucción número tres. Así que unos minutos más tarde todos los implicados se presentaba ante Shane, Iker y Henry. El campo número tres era una larga explanada entre las angostas paredes en pura roca que se dibujaban en aquel cañón natural. La salida al exterior se hacía por medio de una boca que comunicaba con las entrañas del complejo e iba a dar a un pequeño soportal de madera, a partir del cual comenzaba la explanada.
Eran cerca de diez los cadetes involucrados. Todos esperaron con paciencia hasta que Shane les habló.
-Primero, mi nombre es Shane. Muchos ya sabéis porque estáis aquí, para los que no, habéis sido elegidos para formar parte de un cuerpo encubierto de actuación -Un murmullo general se propago- esta es una forma delicada de decir que somos un grupo de combate en la sombra. No existimos, no hay registros de nosotros y ello nos permite actuar con mayor libertad -El murmullo creció mucho mas- Silencio por favor. Nuestros objetivos no son otros que actuar contra medios de poder corrupto, ilegítimo o ilegal, sean quienes sean. No representamos a ningún país, actuamos en las sombras y somos el eslabón ejecutor de un compendio de estratos sociales que necesitan y precisan de nuestros servicios. Se que así presentado es un proyecto que realmente asusta. Que incluso nos hace preguntarnos por que queremos defender el bien de las cosas por medio de violencia. La verdad yo tampoco lo sé realmente, pero es cierto que alguien debe hacerlo. Nosotros no somos el ejemplo a seguir. Somos la gente que puede hacer posible que haya un ejemplo a seguir -El murmullo ahora se había ahogado, todos solo se hacían preguntas a si mismos- Con todo ello y porque creo que ya hemos perdido mucho tiempo es hora de empezar. Durante el tiempo que estéis aquí, bajo nuestra supervisión recibiréis entrenamiento de combate y táctico. Todos habéis sido elegidos porque tenéis una serie de habilidades que consideramos pueden ser de gran utilidad para nuestros fines. Algunos os imaginareis porqué, otros no -Exclamo mirando de reojo a Sam- Recibiréis instrucción en combate con o sin armas, medios tecnológicos, conducción y primeros auxilios, y esperamos que para cuando terminemos podamos funcionar como un grupo cohesionado. Hoy comenzaremos con la instrucción en el uso del arma corta. Sé que muchos habéis recibido entrenamiento y que creéis que sabéis disparar, pero realmente no sabéis, así que comenzaremos desde el principio.
-Pero yo ya sé disparar señor -Exclamó un recluta de piel color café y pelo rizado.
-¿Cómo te llamas?
-Anthony señor.
-Soy Shane, no señor, y sí es cierto que sabes disparar, te pediría que me lo mostraras.
-Cuando quiera señ.... Shane.
-Muy bien, dispara al siguiente objetivo que te lanzará Iker.
Anthony cogió un revolver del armero y espero a que Iker lanzase el objetivo. Iker metió la mano en el saco y lanzó al aire una pequeña mandarina. Anthony, disparó 3 balas pero ninguna consiguió acertar en la mandarina.
-Pero ese objetivo es demasiado pequeño para tanta distancia -Argumentó Anthony
-¿Ah sí? Anthony si no puedes acertarle a ese objetivo desde quince metros, no sabes disparar, y por tanto no eres útil.
Shane le hizo un gesto a Iker y este lanzó otra mandarina al aire. A gran velocidad, Shane saco su pistola, la amartilló, seguía la mandarina en su trayectoria por el aire, su dedo se tensa sobre el gatillo hasta accionar el percutor. El percutor en un instante golpea sobre el trasero de la bala. La mandarina sigue ascendiendo. La pólvora que se encuentra en el interior de la bala se comprime. La mandarina alcanza su punto álgido en la parábola. La pólvora se incendia. Una gran expansión de los gases circundantes se lleva a cabo debido a la explosión. La mandarina gira sobre si misma cuarenta y dos coma siete grados sobre su eje sagital. La bala es el único elemento móvil. La presión por la expansión vence la inmovilidad de la bala. La mandarina espera el momento justo. La boca del cañón despide la bala. Y por todo ello, en un instante, donde había una mandarina, ahora solo hay una explosión naranja.

miércoles, 21 de enero de 2009

Historia Interactiva (7)

Bueno, por fin lo conseguí, terminé mis examenes y por fin hay septima parte de la Historia Interactiva. No he encontrado música que le viniese bien, pero seguire investigando. Aun así esperó que haya propuestas de nombres para este nuevo capítulo y también me gustaría que hubiese algún comentario mas de lo normal, aunque cada vez me preocupa menos, ya que al fin y al cabo a todo el mundo no tiene que gustarle y esto lo hago más por mi. En fin, un saludo y espero que os guste a los que lo leais.


7ª Parte:
La camioneta no paraba de moverse y saltar con cada nuevo bache en el camino. En la parte de atrás Luke reposaba, claramente, acostumbrado a los continuos vaivenes del antediluviano vehículo. El aspecto del joven era mucho más desaliñado que el que tenía cuando se encontraba en el oscuro sótano neoyorkino. Su camiseta lucía dos oscuros lamparones producidos probablemente por grasa o aceite, su anteriormente cuidada barba, se encontraba revuelta y con claros signos de no haber sido afeitada en un par de días, y sus calcetines, los cuales estaban libres de la prisión que constituían las zapatillas, regalaban al observador la visión de varios agujeros por los que asomaban sus dedos y una cantidad ingente de suciedad en ellos. Ya habituado a ese pequeño hábitat Luke se miraba la mano mientras cantaba un particular rock, cuyas estrofas había ido perfeccionando durante su cautiverio.

Una puta me metió
Tanaaaa Nanan
En la trasera de un camión
Tanaaaa Nanan
No he podido huir
Tanaaaa Nanan
Porque no me deja ni hacer pis
Tanaaaa Nanan

Y así continuaba durante tres o cuatro estrofas, tras lo que Luke volvía al principio sabiendo que cada vez que cantaba la canción sacaba más de los nervios a sus captores. Desde luego le tendrían atrapado, pero no les iba a dar un viaje cómodo. Cada cual hace la guerra a su manera y la de Luke solía ser muy desquiciante. Este era su segundo día con sus dos particulares secuestradores y hasta ese momento solo había conseguido saber que se llamaban Fernanda y Suliman. Ella tenía poca estatura, el cabello negro azabache y siempre llevaba unas gafas de pasta color verde. En cambio la palabra que mejor describía a Suliman era "montaña", era un hombre de cerca de dos metros de altura y superaba con facilidad los cien kilos. No hablaba mucho, aunque a juzgar por lo que observó Luke no se debía tanto a que tuviera vergüenza o fuera introvertido, más bien parecía que simplemente no dominaba correctamente el idioma, y como ya se sabe, ¿para que hablar si no hay nada interesante que decir? Desde que lo metieron en aquella furgoneta habían pasado dos días, en los cuales había montado en un avión para nada más desembarcar volver a entrar a punta de pistola en la caja de un vehículo, ¿o acaso era el mismo?
Tras unas doscientas repeticiones de su canción desde su último descanso la furgoneta se detuvo. Rápidamente Luke se incorporó vigilando la puerta de aquella estancia. La redondeada cara de Fernanda apareció en la abertura de la puerta. Mostrando la pistola le hizo un gesto a Luke para que bajara.
-¿No prefieres hacerlo aquí? No se, estaríamos los dos juntos, pero si te gusta que tu colega mire, por mi no hay problema -Exclamó Luke con su eterna sonrisa de medio lado.
-Baja ya cretino.
-Ahhhh, ahora lo entiendo, es que te va el tema de dominatrix -decía Luke mientras se golpeaba la cabeza de forma cómica como si una bombilla se hubiese encendido en ella- de acuerdo, de acuerdo, pero por favor, con cuidado. Es que soy de naturaleza delicada.
-¡Oh dios! ¿Es qué tú nunca te cansas?
-¿Quieres comprobarlo guapa?
-Buen intento, pero si no quieres que sea Suliman el que te saque de ahí ya puedes estar bajándote.
-Vale, vale, si esto es por la canción, puedo cambiar la letra o cantarla solo cada media hora.
-Si fuese por la canción ya te hubiese pegado un tiro entre ceja y ceja. Así que sal de una puñetera vez que pareces un niño pequeño.
Luke bajó de la furgoneta y se encontró a las faldas de una gran formación rocosa en un inmenso desierto que llegaba hasta donde alcanzaba la vista.
-Je je je. ¿Esta es tu casa? Ya me habían dicho que los escorpiones viven en el desierto, pero nunca esperé que fuese tan literal.
-Si, si, si, esta es mi casa y yo soy un escorpión. Y yo que pensé que por fin había dejado atrás el instituto -Comentó Fernanda hastiada de aquella estúpida y cansina conversación con Luke que no llevaba a ningún lado. Desde pequeña había tenido que lidiar en una casa en la que era la única niña de entre cinco hermanos. Para colmo era la hermana mediana, así que había tenido que aguantar tanto las tonterías de sus dos hermanos mayores, cómo las de los dos benjamines de la casa, aunque en ese momento si comparaba todo aquello con el hecho de soportar a Luke le era imposible no pensar en aquella frase que decía "cualquier tiempo pasado fue mejor". No se podía decir que la infancia de Fernanda hubiese sido fácil. Siempre se ataca el mito de las fabelas brasileñas, pero aquel no era su caso. Su padre era conductor de ferrocarril, no era un trabajo que estuviese tremendamente bien remunerado, pero les permitía vivir con tranquilidad. Su madre era la virtud hecha mujer. Sus manos de tan castigadas por el trabajo habían perdido la textura entre lociones de lejía, amoniaco y aguarrás. Pero los verdaderos problemas vinieron cuando su madre murió a causa de una larga y dolorosa afección pulmonar. Su padre se vió desbordado por facturas médicas, el entierro y sobretodo por la perdida del amor de su vida. Intentaba mantener la compostura por sus hijos, pero la depresión le iba sumiendo día tras día más en la bebida. Ese fue el momento en que tanto los hermanos mayores de Fernanda como ella misma debieron compaginar su ritmo normal de vida con la búsqueda de un trabajo y el cuidado de la casa.
Todo lo vivido había hecho que Fernanda se convirtiera en una luchadora, que no aceptara un no por respuesta, que apreciara las cosas buenas que ocurren en su vida, pero sobretodo le hizo prometerse a si misma no bajar los brazos jamás. No aguantaba a la gente que tiraba la toalla, aquellos que no tenían las suficientes agallas para enfrentar la realidad, que simplemente tomaban el camino fácil y buscaban solo su propio beneficio sin pensar en aquellos que pudieran sufrir por sus acciones. Les parecían egoístas que no tenían escrúpulos en decepcionarse a si mismos o a los demás mientras pudiesen mantener su trasero calentito y seguro.
Con todas estas tribulaciones Fernanda se acerco a una ligera abertura en la roca, metió la mano y pulso una determinada combinación en un panel escondido a ojos de curiosos. De inmediato se abrió, como si fuese lo más normal del mundo, una grieta en la roca a la par que la boca de Luke hacía lo propio. En aquella grieta se podía divisar un pequeño terminal. Fernanda acerco su cara para llevar a cabo el examen retinal, a continuación dijo su nombre para corroborar la prueba oral y por último se mantuvo de pie mientras una luz hacía lo que presumiblemente sería un scanner biométrico.
-Oye, ¿y esa cosa no quiere una muestra de orina? ¿O de mucosa? -Dijo Luke manteniendo aun su cara de sorpresa.
-Entra ya y cállate al menos durante dos minutos -Contestó Fernanda mientras una gran puerta de metal se abría entre la roca ante sus ojos.
Entraron en un pequeño habitáculo de paredes de aluminio y apariencia hermética. Tras de ellos, las puertas se cerraron y notaron como el ascensor comenzaba a descender. Después de lo que Luke pudo suponer como unos cinco pisos, el ascensor se detuvo. Las puertas se abrieron y pudieron observar un pasillo de bastas paredes de hormigón y juntas de metal, iluminado por la luz blanca y aséptica de unos fluorescentes que no aliviaban la sensación de estar en una ratonera.
-Pues si que tenéis bien montado.....
-Aun no han pasado los dos minutos -Dijo con voz grave y por primera vez en el día Suliman. Estaba claro que el también disfrutaba del silencio de Luke.
-Vale mimo enorme, me mantendré callado. Aunque luego estoy seguro.....
-Cállate -Comentó esta vez Fernanda.
Recorrieron el pasillo hasta dar en una gran sala que poseía un gran terminal de mando con varios puestos de ordenador. Fernanda saludó a un hombre mayor de aspecto desaliñado. Era delgado, con barba cana y ojos hundidos. Tenía unas grandes entradas y se recogía el cabello que le quedaba en una coleta.
-Hola Hank, ¿donde están Cooper o Katrina?
-Katrina no sé donde estará, pero Cooper está en la sala dos con una de los nuevos. ¿Este es el informático?
-Si, Luke Harris. Tuvimos un imprevisto y llegamos hoy.
-Ok, pues llévaselo a Cooper.
Entraron en la sala dos, donde encontraron a Cooper hablando con una joven de cabello castaño. Ambos detuvieron su conversación al ver a los recién llegados.
-Hola Fernanda, deja que termine y en un segundo estoy contigo -Declaró Cooper con su perpetua y radiante sonrisa- Sam lo que quiero decirte es que entiendo claramente tu situación. Es normal que estés nerviosa y asustada por todo esto, y de nuevo te pido disculpas. Pero creemos que eres una pieza valiosa y necesaria para nuestro proyecto.
-Ese es el caso Cooper, no tengo ni idea de que va el proyecto. ¿Qué coño hago aquí?
-Sinceramente lo único que puedo decirte es que queremos que este sea un lugar un poco mejor y más justo para vivir. A veces tendremos que hacer algunas cosas que no comprenderemos. Pero se que por ejemplo tu padre estaría de acuerdo con nosotros -Sam miró de hito en hito a Cooper, ¿por qué mencionaba a su padre?- Si Sam, se quien era tu padre. Hombre dedicado, con ideales y comprometido. En fin, un buen hombre. Fue voluntario en conflictos mucho tiempo, cooperante otro tanto. Aun después de casarse y tener una familia siguió luchando contra las injusticias sociales como podía. Formó una asociación civil para vuestro barrio, a modo de cooperativa.
-Ya sé quien era mi padre, gracias.
-Pues si lo sabes, sabrás que el lo que quería era un mundo mejor. Y dudo mucho que no les haya inculcado esos valores a sus dos hijos. Se lo que debes sentir Sam, la tensión y esta situación contradictoria, pero por favor danos un margen y te mostraremos que todo esto es real. Quédate con nosotros un tiempo y luego ya decides ¿De acuerdo? Además, piensa en tu hermano. No podemos decir que haya sido una persona ejemplar, pero lo está intentando, y necesitará ayuda. Sobretodo ahora que va a ser padre. Nosotros podemos ayudarle Sam, sin que él se entere. Una mejora de contrato, una casa más grande y aun tendrías dinero para retirarte y darle una vida tranquila a tu abuela. Sé que no es fácil ser la persona referente de una familia cuando hay que tomar grandes decisiones. Pero sabes que harías lo mejor por los que quieres, que harías lo que fuera por darles una buena vida. Bueno Sam, nosotros te ofrecemos todo eso a cambio de que trabajes codo a codo con nosotros en lo que tenemos pensado para tí ¿Qué me dices? ¿Es suficiente razón para confiar en nosotros? -Sam asintió casi a regañadientes, aún atribulada por la verborrea de Cooper y sus rebuscadas maneras. Claro que quería ayudar a su hermano y a su abuela. Pero no sabía si todo aquello era para ella.
-Pues muy bien, pero no se vaya señorita Lars. Espere un segundo que hable con el señor Harris. Es un recién llegado. Y así lo acompaña usted hasta su cuarto.

La conversación prosiguió con las pertinentes presentaciones, las explicaciones por parte de Cooper y las inevitables ironías de Luke. Tras todo esto, Fernanda se vió aliviada dejando a Luke a cargo de Sam, quien aunque parezca raro no tuvo que sufrir el coqueteo de Luke, debido a que este se encontraba demasiado absorto en todo lo que allí estaba pasando en lugar de dedicarse a intentar mejorar sus habilidades sociales. Subieron las escaleras de pino que llevaban al pasillo de las habitaciones y caminaron hasta la tercera puerta a la derecha. Allí el nombre de Luke indicaba que esa habitación era de su propiedad. Constató que su nueva compañera se llamaba Nora y se dispuso a entrar. Avanzó dejando atrás aquel pasillo rematado en madera, y se detuvo contemplando su nueva y acogedora habitación. Todo el mobiliario y suelo estaba acabado en maderas nobles y a pesar de ser su primer minuto allí vió que ya poseía ropa, enseres de baño y lectura suficiente para medio año. Cansado, cogió la indumentaria que a sus ojos le pareció más cómoda, se fue al baño y tomó una ducha reparadora. A fin de cuentas sin tener certeza de nada, lo mejor que podía hacer era estar descansado.