domingo, 4 de mayo de 2014

Tributo a la fortaleza

Lo que no te mata te hace más fuerte y como un mantra lo repetirán mientras comprueban que es mas cierto de lo que a nadie en su sano juicio le gustaría reconocer. Los terremotos vendrán, esos que harán temblar el mundo pero todos los objetos de las estanterías permanecerán inmutables, debacles se presentarán en las puertas de sus casas, pero nadie más parecerá percibirlas, donde las corazas harán aflorar sus debilidades a través de pequeñas aberturas por donde la tragedia se colará sin ninguna indulgencia y hambre asesina para devorar todo a salvajes dentelladas.
Pero todo aquello les hará mas fuertes, y a través de los años recordarán esos terremotos para volver a levantarse, para ponerse en pie una y otra vez y añorar lo que aquel suceso natural hubiese cambiado. Donde la piel saboreará el abrasador recuerdo que a tinta indeleble ha quedado marcado en su interior y las cicatrices del tiempo serán homenajes a los pasos dados y a las batallas disputadas, no a las ganadas, porque no hay ganadores en ninguna batalla.
Y cada Mayo la primavera les volverá a abrazar, las flores a sonreírles y el sol a calentarles, para recordar que la vida continua y es imparable, y que por supuesto, tiene más fuerza que cualquier cosa que puedan imaginarse. Solo entonces, al filo de un risco, observando como se pone el sol en el horizonte tintando el cielo de rojo, se atreverán a pronunciar unas palabras de añoranza. Será en ese momento, cuanto extrañen aquello que se ha ido, cuando de hecho estarán más cerca de lo extraviado.

Pero serán más fuertes, tanto que duela; aún a pesar de que un hombre haya crecido desde entonces. El niño se secará las lagrimas y gritará al cielo con voz adulta para que sus ojos inocentes desaparezcan y a partir de ahí escrute el mundo con mirada de hombre, decidida a demostrar que no ha muerto, que se ha hecho más fuerte. 



viernes, 2 de mayo de 2014

Entre bebidas y acordes

Me encuentro ahora mismo en mi habitación disfrutando de lo poco que resta de un ron con cola y de la música que ciertamente podía encajar mejor en este momento. He estado leyendo durante un rato, navegando por aquellos mundos que el autor había diseñado para mi, disfrutándolos. Pero al rato he tenido que parar, no porque no me gustase lo que leía, ni porque no estuviese enganchado a la historia en si, todo respondía más al hecho de que he comenzado a leer porque algo dentro de mí me decía que necesitaba leer, perderme en negro sobre blanco, andar caminos dibujados y definidos por las palabras, apartarme un poco de mi yo físico y jugar algo más con mi yo intangible.
Lo que ha ocurrido es que cuando llevaba ya un rato leyendo notaba como ese sentimiento, esa necesidad de abstraerme no había desaparecido, seguía viva en mi estómago y por muchas páginas que pasaba no se iba a ir a ningún lado.
Es cuando he comprendido que lo que necesitaba era escribir, era vaciarme, purgarme de pensamientos, sensaciones y cavilaciones, de limpiar los rincones oscuros de mi interior. Que la música me ayudase a expulsar todo aquello que hace tiempo debía haberse marchado por el desagüe, que me llevase en volandas por parajes que no conozco, por aquellos que alguna vez he visitado y por todos aquellos que conozco como la palma de mi mano, que al fin, y ahora si, pudiese perderme en negro sobre blanco. 
Y eso es lo que he hecho, me he puesto delante del monitor y he comenzado a teclear como si de un ejercicio de escritura automática se tratara y que comienza al principio de todo este aporte "Me encuentro ahora mismo..."
Si me preguntaras de que quiero hablar te diría que no lo se, y es totalmente cierto, no hay nada que este en particular en primera plana, quizás solo un popurrí de pequeñas cosas que han pasado en los últimos tiempos, que están ocurriendo ahora o que pasarán de aquí a poco. No sé, supongo que el comienzo de Mayo siempre me hace estar nostálgico y no creo que sea algo contra lo que luchar de todas maneras, pero evidentemente vuelve esa sensación de que un terremoto está ocurriendo en este justo momento.
Uno de esos terremotos que ocurren pero ningún objeto de la estantería parece darse por aludido y permanecen estoicos e inmutables, de esos en que intentas recobrar la verticalidad y te frotas los ojos con insistencia, solo para intentar darle estabilidad al mundo que te rodea, para poder tener un cierto enfoque. Uno de esos terremotos que te hacen recordar aquella frase de tu abuela que dice "Le cae un jazmín y lo aporrea" y puedes visualizar claramente la escena de unos pétalos cayendo sobre tu espalda y tumbándote sin remisión.
Quizá la descripción de un terremoto no es nada mala por el simple hecho de que no puedes confiar en tu propio equilibrio, de que no sabes si puedes andar normalmente. Tal vez entonces la cuerda floja sea también una buena analogía. Puedes notar como te balanceas de lado a lado aguantando en la escueta superficie de apoyo hasta que ya no puedas bailar más al son que dicta la cuerda e irremediablemente tengas que caer.
Pero caer no es malo, puedes aprender mucho de una caída, la cuestión, y aquí está la parte importante de este texto y su catarsis, es, ¿qué vas a hacer una vez te has caído?
Yo por ahora le voy a dar el último trago a mi bebida, cerraré los ojos y dejaré que la música me lleve en volandas una vez liberado todo el peso que ataba mi cuerpo al suelo y atenazaba a mi corazón.


domingo, 13 de abril de 2014

Palabras eclipsadas

El viento hace balancearse a la hierba que crece en el parque. La brisa, inmutable en su camino e intransigente en sus decisiones, se agradece en este soleado día a principios de Mayo. Las flores empiezan a mostrar sus bellos colores en todo su esplendor y el Sol ofrece su cálido abrazo a todo el que lo quiere recibir.
En uno de los bancos, un joven con gorra otea el horizonte con mirada ansiosa e impaciente. Cruza una pierna sobre la otra y se plantea que quizá debería haber elegido unos pantalones cortos y una camiseta clara, y no los vaqueros y la camiseta negra descolorida a base de tantos lavados que lleva puestos en estos momentos, pues el sol está comenzando a tostarle, cosa que empeoraría si no fuese por aquella brisa matutina.
Y es con una de las ráfagas de aquella brisa primaveral con la que aparece el interlocutor que el joven estaba esperando y que se anuncia con un simple "Ey". El joven de la gorra entorna los ojos para divisar la figura de su amigo que a contraluz es difícilmente definible. El otro hombre es quizá ligeramente más mayor que el joven de la gorra y luce una descuidada barba a través de la que se puede vislumbrar una tímida sonrisa, quizá algo avergonzada por haber hecho esperar a su amigo.
-Disculpa, pero ya sabes como va esto, con que haya un pequeño atasco de camino luego ya no lo puedes recuperar.
-Si bueno, y tu que siempre vienes con la hora pegada al culo -Responde el joven de la gorra en tono jocoso.
-Buah!, ¿qué más quisiera yo que poder venir más a menudo? Pero sabes que al final solo tengo oportunidad de venir por aquí una o dos veces al año -Espeta el joven de la barba mientras mesa su cabello rubio.
-Ya, ya lo se -Dice con cierto tono apesadumbrado mientras en sus labios se dibuja su clásica sonrisa de medio lado al tiempo que mira la camiseta de su interlocutor y continua- ¿Una camiseta del disco Americana de OffSpring? A ver, entiéndeme, como gusto es irreprochable, pero tiene ya unos cuantos años, ¿lo sabes, verdad?
-Si, si, pero como tú has dicho es un disco genial y además siempre puedo decir que es que soy retro.
Ambos ríen como no han podido hacerlo en años y por un instante sienten esa conexión que siempre tuvieron, ese calor que hace años les arrebataron de dentro, y que se puede ver en las miradas sinceras de cada uno de los dos, tras lo cual se sientan en el banco a disfrutar de ese día de reencuentro.
-Toma, te he traído una cervecita especial de las que a ti te gustan, que estoy seguro que hace mucho que no has podido catar ninguna -Dice el joven de la gorra mientras le ofrece el brebaje a su compañero.
-Oh dios, esto si que te alegra el día y no verte el careto a ti jajaja. Bueno, cuéntame, ¿qué tal todo por aquí? ¿Cómo te trata la vida?
-Bien, bien, no me quejo, tirando para adelante y construyéndome la vida, que es lo más gratificante al fin y al cabo. Ya sabes, cuando empiezas a verte autosuficiente es una sensación genial. ¿Y tu qué tal? ¿Como va todo por allí? ¿Te sigues matando a currar?
-Hombre, pues si, si no fuese por todas esas horas extras no podría estar ahora mismo aquí. Pero bueno, lo cierto es que es durillo, se echa mucho de menos a la familia, no te tengo por allí para echarnos unas birras y unas risas de vez en cuando y me gustaría poder pasar más tiempo con mi hermana, que hace bastante que no la veo.
-No te preocupes, está bastante bien, un poco atontada y atolondrada, pero ya la conoces. De todas formas no te preocupes, le irá bien, si hay una cosa que se le da bien es hincar codos -Responde el joven de la gorra gesticulando de forma cómica, pero se serena al ver la mirada ausente de su amigo y agrega- Siempre te pudo ese sentimiento de hermano mayor jejeje.
-Si, pero casi te lo delegué a ti.
-Bah, pero no te rayes, tu te tuviste que ir y yo no tenía problema en echarle un ojo de vez en cuando -A lo que el joven de la barba asiente y sonríe, recordando porque echa de menos tanto ese tipo de amistades que no son tan fáciles de encontrar y que en algunos casos como este, solo se entienden desde la convivencia mutua desde que ambos tienen memoria.
Prosigue el día y prosiguen los chascarrillos y anécdotas entre uno y otro. Van compartiendo todo aquello que tenían que contarse y que en el largo plazo que han estado sin verse no han podido hacer. Se ríen bien a gusto mientras pasean por la ciudad, comen en un restaurante y apuran un café en la terraza de un bar. Las risas se hacen tan sonoras que ninguno de los dos puede evitar que se le salten las lágrimas en mas de una ocasión, pero como el día, que se va despidiendo mientras el sol se va escondiendo, aquel encuentro también va llegando a su fin cuando los dos amigos vuelven al parque para despedirse.
-Bueno, ¿cuándo voy a volver a verte? -Pregunta el joven de la gorra.
-Pues espero que el año que viene por estas mismas fechas. ¿Te viene bien?
-Sabes que yo encantado, casi me lo tomo como un regalo de cumpleaños adelantado jejeje.-Con lo que vuelven a reir y tras lo cual se hace un silencio que acaban llenando con un abrazo- Se te va a echar de menos tío.
-A ti también -Responde el joven de la barba mientras palmea la espalda de ese gran amigo al que no podrá ver en algún tiempo- Por cierto, sigue así, te lo estás currando y todo esto no te sienta nada mal. Ya sabes, aprovéchalo de todas las formas que puedas y tomate unas cuantas a mi salud.
-Descuida que lo haré, sabes que siempre sigo tus buenos consejos -La risa se vuelve a desatar y se separan finalmente para dirigirse cada uno en una dirección contraria, pero el joven de la gorra se vuelve al instante y no puede evitar preguntar.
-Por cierto, ¿quieres que les diga algo a tu hermana o a tus padres?
-No, no te preocupes, ya iré yo a visitarlos pronto.
El joven de la gorra asiente y se despiden con la mano una vez más, se dan la vuelta y comienzan a caminar con esa sonrisa en la cara, ese calor que proporciona la verdadera amistad en el interior y esas palabras en la punta de la lengua que dicen "Hasta el año que viene" y que se han quedado eclipsadas.


domingo, 16 de febrero de 2014

Las segundas oportunidades son para las películas

   -¡¿Qué quieres que te diga?! ¿Qué esperabas que ocurriese?
Ella escuchaba estoica el rapapolvo. La tormenta se cernía sobre ella y no conseguía si quiera encararla, y lo peor de todo es que había sido ella quien la había provocado.
  -Fuiste tú quien cambió las reglas, fuiste tú la que un buen día dijiste que necesitabas tu espacio, encontrarte de nuevo y no se que más palabrería, y yo lo acepté, y me lo tragué ¿Sabes por qué? Porque estaba loco por ti y pensaba que eras una persona especial, alguien genuino que valía la pena. Así que no hice preguntas, hice lo que me pediste, te di tu espacio, no te presione y continué con mi vida como si nada hubiese pasado a pesar de que lo primero en lo que pensaba cada mañana era en ti, y eso me mataba.
Con la cabeza gacha, ella notaba como las lagrimas resbalaban por sus mejillas y se precipitaban al suelo estallando en mil pedazos; algo parecido a lo que estaba ocurriendo en su interior en ese justo instante. Se maldecía a si misma, por tomar aquella decisión tiempo atrás y por todo el dolor que le había provocado a él, la única persona con la que quería estar. ¿Cómo había sido tan tonta? ¿Qué le llevó a tomar esa maldita decisión?
    -...y ahora que yo estoy bien, que he pasado página, me vienes a decir que me necesitas, que todo puede volver a ser como antes. ¿Crees acaso que no me tengo ningún respeto? -El silencio que vino tras la pregunta la atravesó de lado a lado, pero no era capaz de articular palabra, solo quería que fuera como fuera él matase ese silencio, aunque fuese para que las palabras la golpeasen de nuevo. Aún así sería mejor que tener que enfrentarse a tener que articular unas palabras que en ese momento se adivinaban inalcanzables.
Él se paso la mano por la cabeza como si quisiese aliviar la presión interior creando surcos con sus dedos a lo largo de su cráneo, pero al ver que era imposible resopló, no solo echando el aire, si no todo lo que había mantenido en su interior en los últimos meses y las lágrimas se escapaban. Malditas lágrimas que le traicionaban justo ahora
  -Desapareciste casi sin dar una puñetera explicación y ni siquiera tuviste la valentía de darme la oportunidad de decirte todo lo que tenía que decirte, de tragarte lo que habías provocado.
Ella intentaba replicar, pero no había oportunidad, su voz estaba aterida y su corazón acorralado ante la genuina rabia que irradiaban las palabras que él pronunciaba. Buscaba con todo su alma un atisbo de fuerza para sobreponerse, un resquicio en el discurso de él, un punto donde no tuviese razón, un lugar donde replicar. Pero ella sabía que no lo iba a encontrar, que en aquel caso él tenía razón y quizá ahora era demasiado tarde para decirle lo que ella sentía. Necesitaba gritar a los cuatro vientos que se había equivocado, que quería volver atrás en el tiempo y que nada de eso hubiese pasado, que le había querido con rabiosa intensidad y que lo seguía haciendo, que sentía todo aquello pero que se había dado cuenta de que no iba a encontrar nadie como él, porque lo había intentado y tras ver lo que el mundo le ofrecía había comprendido su error. Por lo que más quisiera tenía que escuchar, tenía que comprender que todo el mundo se equivocaba, pero ella se había dado cuenta de su error y quería subsanarlo, no quería perderle.
   -...me dices que quieres volver a lo que teníamos antes, ¿y cómo puedo yo confiar en eso? ¿Quién me dice que dentro de un tiempo no volverá a ocurrir lo mismo? -Sus furiosas lágrimas ya corrían sin control por sus mejillas- Te fuiste tan rápido que pareció que no supuso ningún esfuerzo para ti, como si no hubiesen sido verdad todas aquellas veces que me dijiste que te importaba.
    -Si que eran verdad, me importabas mucho...me importas mucho, de verdad créeme.
    -La cuestión es que ya no sé si puedo creerte...Dices que quieres estar conmigo. Hoy, ¿y mañana? Te lo dije el día que me dejaste, yo no quiero estar con nadie que no este al cien por cien seguro de que quiere estar conmigo.
La culpa, la tristeza y el dolor la mataban. ¿Qué tenía que hacer para que él le diese una oportunidad, para que el recordase lo felices que habían sido juntos? Haría lo que fuese, pediría perdón, se humillaría, aceptaría su culpa, lucharía por él, lo gritaría a los cuatro vientos si fuese necesario. Pero su boca no se abría para pedir perdón, no se humillaba, no aceptaba la culpa, pero sobretodo no estaba luchando por él y eso apuñalaba a cada segundo su corazón. ¿Cómo iba él a escucharla si no conseguía transmitirle que él y solo él era la única persona en este mundo capaz de hacerla feliz como nadie mas lo haría? Poco a poco y comprendiendo todo lo que podía perder sus labios se fueron abriendo degustando el sabor salado de sus lágrimas.
   -Lo siento, lo siento de verdad. Estaba equivocada y ahora me maldigo cada mañana porque no estás a mi lado. Lo siento tantísimo, no se como convencerte de cuanto lo lamento, pero es verdad. Solo te pido que me des una segunda oportunidad para arreglarlo, para demostrarte que lo que digo es verdad.
Los ojos de ambos, arrasados por el llanto, se encontraron durante un medio segundo que les pareció una eternidad, tras lo cual, él solo pudo decir con aire derrotado.
   -Lo que ocurre es que después de todo este tiempo no se si las segundas oportunidades son solo para las películas...

Y como siempre la inspiración aquí:


domingo, 24 de noviembre de 2013

Por la burbuja de la que me imbuyo

Hay veces en que la escritura sale totalmente natural, que lo que quieres o necesitar expresar se plasma en negro sobre blanco con tal facilidad que hasta te sorprende, que cuando has terminado de procesarlo notas como tu cuerpo se vuelve ligero y tu mente se ha liberado de una carga como si de fruta madura al caer del árbol se tratase.
En muchas ocasiones eso resulta totalmente sencillo porque estás totalmente imbuido de ese sentimiento que querías transmitir, porque cada poro de tu piel destilaba la esencia del mana de lo que sentías en tu propio contexto personal.
Está claro que hay maneras de inundarte, de dejarte rodear aún más de todo aquello. Puede ser por medio del recuerdo de algo o alguien, de leer algo que incida en ese sentimiento o, como a mi me ocurre en la mayoría de los casos, que una canción consiga hacerte bucear en ese mar de sensaciones, en esos anhelos. Durante ese periodo de tiempo consigue devolverte la paz para cualquier otra variedad de emoción que pueda recorrer cada centímetro de tu cuerpo y multiplicar por mil la intensidad de aquello que te embarga.
Porque en un suspiro, si lo que te embarga es La Culpa, esta no solo ahoga tu garganta, es que asfixia a tu corazón y te mira desde el fondo de cada reflejo, decepcionada y habiendo perdido toda esperanza en lo que podrías haber sido. Porque de repente El Amor no es que consiga acelerar tu ritmo cardíaco, es que te ilumina por dentro notando como su calor recorre tus extremidades obligándote a sonreír porque si no podrías explotar por ese exceso de sonrisas. Porque La Rabia no es que haga que te enfades y maldigas a todos los santos del santoral, es que te devora por dentro, hace que notes tu piel ardiendo y derritiéndose en torno a tus huesos y que la única salida para todo ello sea gritar a pulmón vivo porque no puedes soportar ese sentimiento en tu interior. Porque en ese momento La Confianza no hace que te sientas orgulloso de lo que has hecho, es que te coloca al timón del barco de todas las aventuras que tendrás en el futuro con viento en popa en un mar bravío y mirando desafiante y sin pizca de temor alguno a los terrenos donde Poseidón establece su ley. Porque en un instante La Tristeza no solo hace que las lágrimas recorran tus mejillas cayendo al suelo como cada esperanza rota que tuviste una vez, es que te hinca de rodillas en el suelo, cabizbajo, causándote tanto dolor que ni siquiera te puedes plantear combatirlo para elevar la mirada. Porque La Alegría no es que te haga sonreír por la calle, es que tienes la convicción en cada molécula de tu cuerpo de que si compartes esas sonrisas puedes hacer que cualquier persona de este mundo note como se recomponen todas las esperanzas que se rompieron como sus lágrimas al caer desde sus mejillas al suelo.
Por todo ello adoro esa burbuja en la que a veces nado, en la que a veces vivo, para escribir desde mis entrañas, desde mi corazón, para poder hacerlo de forma sincera, la única que conozco para que el lector conecte conmigo y se ponga en la piel que he diseñado para él.
Así a veces, y sólo a veces, consigues ese premio que supone que te digan "has conseguido meterme de lleno en la historia" y tu te respondas para tus adentros "No, es tu historia la que ha venido para abrazarse a mi".     

domingo, 3 de febrero de 2013

El lado positivo

El día es soleado y solo algunas nubes que parecen estar hechas de algodón motean la monotonía azul del cielo. Aunque el Sol calienta con cierta agresividad, la brisa que recorre la ciudad ayuda a que la temperatura sea sumamente agradable y que la decisión de pasear por el parque sea posiblemente la más acertada en ese día.
Esa ha sido la decisión que ellos tomaron esa mañana, ya no solo porque sea un día que invita a salir de casa sino porque es un día que no es como ninguno de los anteriores y seguramente no será como ninguno de los siguientes. La pareja va caminando por un camino de arena entre los árboles al costado del río, mientras charlan animadamente, se regalan pequeñas muestras de cariño y aderezan cada momento con bromas cómplices que solo entienden ellos y quizá por eso son tan importantes.
A cada paso por el parque una nueva anécdota emerge de sus memorias para golpearles el corazón y darse cuenta de todos los grandes momentos que han tenido la suerte de compartir, como la de veces que se cruzaron siendo simples conocidos en ese mismo parque cuando ella salía a correr y él jugaba a fútbol con amigos, o como se besaron por primera vez tirados en el césped a la mañana siguiente de una fiesta en casa de amigos, o como aquella vez que una tremenda tormenta los dejó calados un día que paseaban por el parque al igual que hoy y que acabaron compartiendo ducha y sábanas para quitarse el frío y arriesgarse a decirse te quiero mutuamente.
Por todas esas cosas ese parque tenía algo especial para ellos, quizá por eso ambos tenían que despedirse de él también como si de un amigo se tratase, el futuro se cernía sobre ellos y no tenían ni idea de como afrontarlo, y menos sabiendo que seguramente tendrían que hacerlo el uno sin el otro. Era lo más sensato, lo más lógico, los dos lo sabían, cualquier otra idea era una locura, pero, ¿por qué demonios no podían volverse locos? Si conectaban a un nivel tan profundo, que hasta ellos, que solían ser tremendamente escépticos con esas supuestas "conexiones", tenían que reconocerlo. Sería a la vez tan fácil y tan difícil. Romper con todo porque era lo que les pedía el corazón en ese momento y vivir más de la ilusión que de la realidad. Desde luego, para un animal como el ser humano que vive en parte de sus sueños y esperanzas era una suculenta opción, pero con un riesgo muy alto en el que nadie en su situación querría pensar, ¿que pasaría si un día su corazón dejaba de pedirles aquello?
No, era la opción más acertada, y por mucho que les doliera ellos también lo sabían. Por esta vez había ganado la distancia entre ellos sobre la profundidad de su conexión, y por mucho que supiesen que era lo correcto, no quería decir que no les doliese. Por ello, y aunque habían prometido no hablar del tema, después de reírse de la última broma de él, ella se quedó más seria de lo normal.
-Es real, ¿verdad? Se acaba.
Ella clavaba sus grandes ojos castaños en los de él, esos ojos cálidos que le seguían sobrecogiendo cada vez que le miraban como en ese justo momento, como si pudiese leer la verdad dentro de él. Los amaba con rabiosa determinación, porque se sentía querido cuando podía verse reflejado en ellos. Se revolvió el pelo al tiempo que suspiraba, un gesto tan clásico en él que ella lo tenía grabado en sus retinas, lo conocía tan bien que sabía que a continuación levantaría la cabeza, sonreiría y le diría la dolorosa verdad, tal y como hizo.
-Si, se acaba. Por mucho que odie pensarlo, se acaba. 
Tras lo que él se giró hacia ella, y acarició la cara de su amada con dulzura, pasando a mesar su negro cabello una vez más, quizás la última, justo cuando dos grandes lágrimas descendían por el rostro de la joven.
-Y pensar que al principio pensé que me odiabas porque te derrame una cerveza encima sin querer cuando llevabas aquel vestido que tanto te gustaba.
Comentó él al tiempo que se reía.
-Y te odié mucho tiempo por ello, y ahora, en cambio, daría lo que fuera porque la semana que viene estuvieras cerca para que volvieses a ser tan torpe.
Ella ahogo un sollozo en ese momento mientras bajaba la cabeza para reprimir las lágrimas. Con delicadeza él posó un dedo en la barbilla de ella haciendo que levantase la mirada con sus ojos arrasados en lágrimas. Él la miró a esos ojos que tanto amaba y poco a poco una sonrisa se fue dibujando en el rostro del joven.
-Pero no te rías ¿Sabes lo que me duele verte sonriendo mientras yo estoy aquí llorando? Y no es ahora, es toda la semana, que parece que a ti no te duele. Dices que te duele, pero no lo parece. Casi parece que te alegras.
Él soltó una sonora carcajada ante el momentáneo berrinche de ella, lo cual más animó su ira.
-¿Lo ves? ¿Cómo puedes decir que te duele, cuando estás siempre sonriendo?
-Claro que me duele, más de lo que te puedas imaginar, pero es que es bueno que me duela.
-¿Cómo va a ser bueno pasarlo mal?
-Porque si no significaría que no es tan importante, que no ha significado tanto. Tú lo miras desde el punto de vista de que será muy difícil que volvamos a vernos. Yo lo veo desde el punto de vista de lo genial que ha sido que hemos tenido la oportunidad de estar juntos, que podía no haber ocurrido, que podíamos no habernos cruzado nunca, pero sin embargo lo hemos hecho y ha sido lo mejor que ha pasado en mi vida. 
Ella lo escuchaba perpleja mientras él seguía sonriendo aunque ahora sus ojos estaban vidriosos.
-Por eso tengo dos opciones, llorar y pasarlo mal sabiendo que no estás cerca, cosa que no hará que te tenga más cerca mío. O puedo sonreír sabiendo que te tuve cerca, que fue real, que marcaste mi vida y que aunque eso tampoco hará que te tenga más cerca mío, sí que hará que el último recuerdo que tengas mío sea a mí sonriendo por haber tenido la suerte de compartir todos estos momentos que para mi han sido increíbles contigo. Por eso creo que tengo que mirar el lado positivo de todo esto, el lado en el que tú me haces tan feliz.
Ella se quedó en silencio un segundo para a continuación decir.
-Buen discurso, pero, ¿vas a darme un beso o no tontorrón? Aunque eso no quita que me siga fastidiando que te rías.
Tras lo que él se río viendo como ella también sonreía y la atrajo hacia él, para besarla una vez más, quizá la última.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Falta de Claridad

El Sol va haciendo su lento pero inevitable descenso por el oeste. Sus rayos aún le iluminan, aún le proporcionan algo de calor, aún le muestran por donde sigue la senda. 
El sudor empapa su frente y desciende por su nariz para precipitarse al suelo a cada nueva zancada en su carrera. En su cabeza suena "Till Kingdom Come" de Coldplay y es su voluntad y la guitarra los que van moviendo sus piernas. Está cansado, no intenta ni pretende ocultarlo, ya ha pasado muchas cosas como para preocuparse de eso, sus múltiples máscaras las guarda para otras ocasiones en las que sean más necesarias. 
Su trote no es tan ligero y continuo como lo era hace unos años, se da cuenta de que se va notando la inactividad y se maldice un poco por ello, pero está decidido a recuperar esa fuerza. Su respiración al menos sigue siendo acompasada, algo que agradece, nunca ha llegado a confiar en demasía en sus pulmones, pero por ahora parece que responden y que le permiten continuar hacia delante en el camino.
Al Sol le resta muy poco que recorrer en su particular carrera diaria para cuando él alcanza el risco al que pretendía llegar. Es un momento particularmente crucial, sus muslos están ardiendo por el esfuerzo, su corazón bombea con violencia y sus ojos ya no ven con la misma claridad, "me falta oxigeno" piensa, pero en parte sabe que no es solo eso, sabe que quizá ya no mira con la misma fijación las cosas, que ahora su mirada solo se clava en ciertos detalles, como la panorámica que está disfrutando.
Observa el paisaje y le atacan el anhelo y la morriña, un par de lágrimas se atreven a asomarse a hurtadillas por sus ojos, brillando cuando atrapan los pocos rayos de luz solar que aún quedan. Inspira, cierra los ojos y expira el aire larga y acompasadamente. Una ligera sonrisa de medio lado se va abriendo paso en su rostro y sus ojos vuelven a abrirse para observar de nuevo el paisaje que se encuentra a sus pies. Ahora está en paz con todo aquello, ahora puede despedirse del risco y volver por el sendero.
Da la espalda al risco e inicia su carrera una vez más, el sendero va serpenteando introduciéndose en el bosque, donde los rayos del Sol ya casi se han desvanecido, donde el frío se había introducido en sus huesos a la ida, tal y como ocurrirá a la vuelta, donde esa falta de luz agudiza esa falta de claridad, esa poca observación en los detalles, pero tiene que recorrerlo, es el camino a casa.
Solo se oye su respiración y sus pasos pisando grava, hojas y pequeñas ramas. Está en una burbuja en la que únicamente ve el sendero que empieza a empinarse hasta que vuelve a llanear en la salida del bosque. Un poco más y estará fuera, un poco más y habrá salido de aquel paraje húmedo. Levanta su mirada y ve algo en el linde del bosque, su mirada busca y precisa esa claridad que deseaba, sus pupilas se esfuerzan en enfocar las figuras que se encuentran más adelante. Poco a poco las figuras comienzan a tomar forma y él comienza a discriminarlas pasando de ser figuras a ser trocitos de su corazón, personas con las que ha compartido experiencias, seres queridos que ha conocido en el camino.
De repente, la cuesta ya no es tan empinada. Sus músculos antes cansados pasan a recuperar su vigor y a apartar el cansancio a un lado. Su trote vuelve a ser alegre como si acabase de comenzar a correr. Su media sonrisa se torna entera y sus ojos se encienden siendo el reflejo claro de lo que ha ocurrido con su zancada, la cual a comenzado a devorar metros del sendero como el mar devora las costas con la marea alta. Su corazón ahora late con furiosa alegría, no hay cansancio, no hay frío, solo está la voz de su voluntad susurrándole que ya le queda poco para llegar al linde del bosque y abrazar a esas figuras. 
Ya no le importa el sendero, si volverá por el mismo camino o tendrá que coger otra ruta en la siguiente bifurcación, en este momento ya no le preocupa, no es importante. Lo que le importa es alcanzar a esa gente, "su" gente y abrazarlos, porque les debe tanto aunque ellos no lo sepan, solo y para empezar han conseguido facilitar su paso a través del bosque y han solucionado sus problemas de visión, porque aunque todo lo demás está borroso, a ellos los ve con perfecta claridad.